Edgardo Rivera Martínez
Rescatando el periodismo cultural

Varias son las páginas de periódicos a las que la escritura de Edgardo Rivera Martínez ha dado vida. Muchos, los años que sus textos permitieron una mirada distinta de las cosas a los lectores. Un conjunto de artículos, sin duda representativo de lo mejor del periodismo cultural en nuestro país, nos presenta al autor de País de Jauja de paso entre la ética, la literatura y la historia.
- Angélica Serna

Estampas de ocio, buen humor y reflexión es una recopilación de su trabajo periodístico. ¿Diría que es un intento de rescatar el género del comentario periodístico en torno a la cultura?

–Sí, de alguna manera se trata de rescatar un trabajo que para mí ha sido importante y que efectué durante muchos años, especialmente en La República y en otros medios en los que se me invitó a escribir. Muchos de estos textos tienen que ver con el momento, la coyuntura, pero otros han sido de un interés que en periodismo llaman “inactual”. Esos artículos son los que me dejaron mayor satisfacción. Por ejemplo, en el Diario Uno, que duró muy poco, y en el que trabajaba mi amigo Nilo Espinoza, me dieron una página en la edición dominical para que escriba artículos evocativos sobre mi infancia andina. Esos textos fueron publicados posteriormente por Peisa, con el título A la hora de la tarde y de los juegos. Se trata de artículos en los que prevalece el buen humor, el divertimento y la reflexión. En promedio son más los textos que desarrollan un tema festivo o un ángulo irónico.


Pero sus artículos presentan también la característica de reflexionar sobre nuestro contexto, mediante experiencias que no son estrictamente actuales…

–Son inactuales, ya que no tienen que ver con el momento inmediato. Por ejemplo, hay un artículo acerca de un italiano que estudió y escribió sobre la coca a fines del siglo XIX y comienzos del XX, Angelo Mariani, incluso produjo un vino de coca que tuvo un éxito tremendo. En ese tiempo, personalidades de la literatura y del arte elogiaron al vino de coca, incluso el papa León XIII mandó también su bendición y lo ensalzó. Asimismo, hay artículos que muestran un carácter erudito, como el escrito sobre León Pinedo, el cronista, quien mencionó la existencia de un pájaro que era, a la vez, un ave del amor y de la muerte en la Amazonía. Ese dato estaba perdido, lo rescaté y me dio para el tema de un artículo. Otras veces influyó la coyuntura. Por ejemplo, en la presentación del libro menciono que Fujimori dijo que no era ningún caído del palto, entonces escribí un artículo de reivindicación del palto, porque un palto no tenía culpa de que en sus ramas se refugiaran personajes como los gallinazos o los Fujimori.

¿El libro ofrece un gran contenido personal?

–En general sí, pero he escrito también sobre coyuntura en defensa de los derechos humanos, la universidad, los profesores, San Marcos. Sin embargo, muchos de esos artículos han perdido actualidad, sólo hay uno, “Privilegio de los intelectuales”, muy mordaz, escrito a partir de lo que expresó el general Noel en Ayacucho. Él dijo: “Se acabaron los privilegios de los intelectuales.” Deben acabarse efectivamente los privilegios de los intelectuales que tienen colegio, auto, chofer y gasolina gratis. Entonces, resultó un artículo bastante sarcástico. Por ese motivo tuve unas tres o cuatro llamadas amenazantes. Sé que en La República se reunieron para ver si publicaban o no el artículo. Pero evidentemente no era un periodista político o económico, el mío era un periodismo de opinión, pero preferentemente sobre temas culturales.
Mis artículos son el producto del recuerdo de mis experiencias, de los viajes que hice. En este sentido son cómicos y quieren dar una sonrisa o una risa, o un testimonio. Mi principal vertiente es la del escritor; la segunda, la del profesor universitario; la tercera, la del periodista de opinión, pero en un estilo muchas veces lúdico. Sólo he querido juntar la erudición, la curiosidad y lo sorprendente.

¿Cómo observa el periodismo cultural actual?

–Con preocupación. En este momento el suplemento cultural más importante es Identidades, del Diario Oficial El Peruano, pues el suplemento Dominical, de El Comercio, ha dejado de ser lo que fue. Por otro lado, hay diarios en los que la cultura se reduce a una o dos páginas. En general, la cultura se valora poco y rescatarla fue una de las preocupaciones de la Comisión de la Cultura, de la cual soy también parte. Por eso propusimos la urgencia de formular una la Ley del Libro.

¿Cree que el periodismo debería nutrirse más de especialistas en las humanidades?

–El periodismo es asunto de los comunicadores sociales, pero la gente de literatura y filosofía tiene derecho a opinar. El asunto es que lo hagan de forma comunicativa y accesible al gran público, y siempre en función de la importancia de los temas. En el caso de que éstos no fueran de actualidad, deberían revisar esos aspectos del ser humano que no sólo se relacionan con las preocupaciones, indignaciones y reclamos, sino, además, con la imaginación. El periodismo tiene también, entre otras, la función de divertir. Pero esa distracción no debe hacerse con maledicencia ni con la curiosidad malsana de los diarios chicha.