Director: HUGO COYA HONORES

AÑO DE LOS DERECHOS DE LA PERSONA CON DISCAPACIDAD Y DEL CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE JORGE BASADRE GROHMANN

De colección
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Lilian Oropeza. De la exposición de esculturas "Lecciones de vuelo"  
EDITORA PERU

Av. Alfonso Ugarte 873
Lima
Teléfono (51-1)3150400
  Editor
Enrique Cortez
Redactor
Jorge Coaguila
Editor gráfico
Alejandro Kanashiro
Diseño y diagramación de edición impresa
Julio Rivadeneyra Usurín
 







 
EDICION NUMERO 47
A LOS LECTORES
La presencia de intelectuales en el devenir peruano todavía define sus rumbos. El primero que nos implica directamente es Manuel Gonzales Prada. En el “Discurso del Politeama” (1888), denunció como causa del momento crítico que atravesaba el Perú, después de la Guerra del Pacífico, no el conflicto bélico, sino la desorganización y corrupción en que las clases dirigentes habían sumido al país. La derrota ante Chile, en este contexto, no fue más que el producto de un Estado excluyente, de mentalidad colonial, y en donde la población indígena no tenía ningún lugar.
El discurso indigenista que Gonzales Prada esboza en el Politeama y que desarrolla posteriormente en otros textos, como “Nuestros indios”, marca toda una línea de reflexión que en el siglo XX fue retomado de distintos modos en los proyectos nacionales que imaginaron los intelectuales de entonces. Desde posiciones francamente hostiles hacia la condición indígena hasta propuestas políticas como las de Uriel García o Luis Valcárcel que retoman formas de la organización social andina, o algunas más eclécticas como las de José Carlos Maríategui, que suma socialismo y marxismo a su indigenismo, la cuestión racial y cultural ha dominado la reflexión sobre lo peruano.
La conciencia de la importancia de una nación de ancha base, incluyente, es algo que debemos a Gonzales Prada. La búsqueda de lo propio –el otro tema que aún forma parte de nuestras agendas, aunque matizado por los efectos de la globalización–, no sólo como país sino como continente, tomó fuerza gracias a las propuestas de una positividad espiritual latinoamericana presente en Ariel de José Enrique Rodó y, en el Perú, en los ensayos de Francisco García Calderón.
Nuestra edición es conciente de la crisis que afronta la figura del intelectual en nuestra época. Pero esa situación no nos impide reconocer que muchos problemas discutidos en el debate público actual ya fueron afrontados por la rica tradición de intelectuales peruanos. Desde la Generación del Novecientos hasta ensayistas como Mario Vargas Llosa o Antonio Cornejo Polar, el Perú es un problema, pero también –como diría Basadre– una posibilidad.
EL EDITOR
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