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LAS ASTUCIAS DEL
DOCTOR HAMPE
Propiedad intelectual
La Serie Clásicos Sanmarquinos nos entrega otra obra
capital para el pensamiento peruano. Se trata de una antología
de textos de Francisco García Calderón. Sin
embargo, esta entrega, que debería ser motivo de elogio,
palidece por las turbias artes de su compilador.
La
ignominia rodea el reciente intento del Fondo Editorial de
la Universidad de San Marcos por poner en nuestras manos la
obra ensayística de Francisco García Calderón.
Hasta donde he comprobado, más del 70 por ciento del
estudio introductorio de Teodoro Hampe Martínez jamás
fue escrito por él. Son apropiaciones que
el compilador de la antología América Latina
y el Perú del novecientos (Lima, Fondo Editorial de
la UNMSM) toma de por lo menos dos trabajos que el historiador
Augusto Ruiz Zevallos y el sociólogo Osmar Gonzales
presentaron el 4 de julio de 2001 en un coloquio organizado
por el Congreso de la República.
Es
lamentable que un suceso como éste ensombrezca la pulcra
edición preparada por el Fondo Editorial de la Decana
de América. Una obra madura y lúcida, como la
que escribió García Calderón desde la
distancia y sus angustias, no merece un compilador tan poco
sensible a su mensaje. De hecho, queda por discutir si la
selección de textos es la más representativa
de su autor, aunque de ese riesgo se salva bien el compilador
si explicita claramente sus criterios (algo que, por cierto,
Hampe no hace).
Antes
que nada, una precisión: no es obligación del
Fondo Editorial hacer de perito académico, sino ofrecer
condiciones económicas para que los investigadores
publiquen sus trabajos. En este sentido, la responsabilidad
de los contenidos de un texto corresponde al editor o al autor
de turno. Esto, que parece una lavada de manos,
no lo es tanto. Un gran nivel de confianza distingue el trabajo
intelectual de otros. La honestidad, es decir, la conciencia
de que el conocimiento avanza de a pocos y es necesario reconocer
sus fuentes, guía toda investigación académica.
Y si bien existen lamentables excepciones (como la que mostraremos
escuetamente en adelante), es necesario denunciar, como un
acto de protesta, las astucias que envenenan cualquier
posible diálogo de ideas.
Tras una breve presentación, el texto preparado por
Hampe Martínez, Francisco García Calderón,
el arielista: un pensador de talla continental, transcribe
literalmente varios párrafos que dan inicio al trabajo
de Ruiz Zevallos, titulado Francisco García Calderón:
las ideas y el contexto.
Dice
el último: [García Calderón sostuvo]
inspirándose en Eliseo Reclus, que la falta de
cohesión constituye un grave peligro y que ésta
fue una de las razones que aseguró, en el conflicto,
la victoria de las fuerzas chilenas más unidas
por el sentido de nacionalidad. Fue García Calderón
el padre de la idea de que la derrota frente a Chile se había
definido décadas atrás.
Hampe dice: Inspirándose en Eliseo Reclus (1830-1905),
sostenía García Calderón que la falta
de cohesión constituía un grave peligro y que
esta fue una de las razones que aseguró, en el conflicto,
la victoria de las fuerzas chilenas, más unidas
por el sentido de nacionalidad. Fue nuestro personaje
el padre de la idea de que la derrota frente a Chile se había
definido varios lustros atrás (pág. 16
de América latina y el Perú del novecientos).
Como
se observa, Hampe añade al texto original la fecha
de nacimiento y muerte de Eliseo Reclus, un cambio en la aparición
del sujeto García Calderón en la
primera oración y una frase pronominal nuestro
personaje. La interpretación histórica
no se ve afectada para nada. Por el contrario, se copia toda
la redacción realizada antes por Ruiz Zevallos.
No
obstante, este es el primer ejemplo de las siguientes cuatro
páginas de la introducción que están
redactadas en los términos anteriores, es decir, de
acuerdo con el modelo que maneja Hampe (lo cual nos permite
pensar que tiene experiencia en estas artes) al introducir
pequeñas modificaciones en la sintaxis, alterando el
orden de la oración; en lo gramatical, alterando las
relaciones de género o número; en lo semántico,
haciendo uso de sinónimos. Veamos.
Dice
Ruiz Zevallos: Es obvio que la idea de raza de Francisco
García Calderón no se inspira en las teorías
que tratan de justificar la explotación de los blancos
y mistis sobre los indígenas [
] Pero no podríamos
negar que en ciertos casos su idea de raza tiene expresiones
coincidentes con los ideólogos del racismo y en otros
sirve para fines políticamente jeraquizantes y por
ello mismo es conservadora. Por
ejemplo cuando propone la necesidad de la tutela transitoria
de la raza indígena, para así evitar que sigan
bajo la explotación del cura y del cacique (aunque
su fin último sea la forja de individuos).
Por su parte, Hampe dice: Es obvio que la idea de raza
de Francisco García Calderón no repite simplemente
las declaraciones que trataban de justificar la explotación
de los blancos y mestizos sobre los indígenas; pero
no podríamos negar que en ciertos casos su concepción
sirve para fines políticamente jeraquizantes y por
ello mismo deviene conservadora del statu quo. Por ejemplo,
cuando expone la necesidad de la tutela transitoria de los
moradores aborígenes, para evitar que sigan bajo la
explotación del cura y del cacique (aunque su fin último
sea la forja de individuos) (pág. 30).
En
adelante, tanto el texto del primero como el de Osmar Gonzales,
Francisco García Calderón: un modelo de
intelectual, aparecerán intercaladamente en la
introdución de Hampe, desarrollando la
relación intelectual de García Calderón
con Alfonso Reyes, José de la Riva-Agüero y José
Enrique Rodó, aspectos que Gonzales expone con solvencia
o el tema del socialismo liberal y el problema de la raza
en el caso de Ruiz Zevallos. Cambiemos, entonces, de tema
y autor consultado.
ice
Gonzales: La rapidez con que García Calderón
adquirió un vuelo propio y conquistó un lugar
de privilegio en las letras hispanoamericanas es asombrosa.
Y esa trayectoria se manifiesta en toda su magnitud al conocer
la relación que García Calderón sostuvo
con su maestro, el gran profesor del idealismo,
José Enrique Rodó.
Hampe
dice: La rapidez con que García Calderón
adquirió un vuelo propio y conquistó un lugar
de privilegio en las letras hispanoamericanas es asombrosa.
Y esta trayectoria se manifiesta en toda su magnitud conociendo
la relación que nuestro personaje sostuvo con su maestro
a la distancia, el gran profesor del idealismo,
José Enrique Rodó (pág. 19).
Por
razones de espacio no podemos dar cuenta de todos los pasajes
en los que el compilador de la antología de García
Calderón olvida poner el nombre de otros
y no el suyo. Como un intento de encubrir su acto, Hampe cita
(de modo general) a los trabajos arriba indicados y dice que
sus autores hacen aportes. Jamás señala que
casi todo su estudio es una suma de cortes y maquillajes
de esos textos. Sin duda, estamos lejos de la metáfora
de Borges sobre Pierre Menard, autor del Quijote;
lejos de los experimentos de la vanguardia. Por tal razón,
invitamos al lector interesado a revisar la revista Acta
herediana, donde apareció el texto de Osmar Gonzales
o a estar atentos a las próximas ediciones de identidades,
en que se publicará el texto de Ruiz Zevallos. La confrontación
de estos textos con el Frankenstein de Hampe no
dejará dudas de la paternidad textual del nuevo monstruo.
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