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Redactor
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El suplemento no comparte necesariamente la opinión de sus colaboradores
  ENTREVISTA

Por:
Arnold Medina y
Rafael Pastor (*)

PORKA VIDA Y LAS POSIBILIDADES DEL FORMATO DIGITAL
Cine y tecnología
Porka vida, de Juan Carlos Torrico, tiene la peculiaridad de introducir por primera vez en nuestro circuito de exhibición comercial el soporte DVD, y de alguna manera lo legitima como una alternativa económica y viable para el cine peruano. Conversamos con el director acerca de la película y las posibilidades que se abren para nuestros realizadores.

Uno de los puntos destacables de Porka vida es la frescura de las actuaciones, ¿cómo fue el trabajo de dirección de actores?

–Quería gente nueva, rostros distintos a los que se había visto antes en películas peruanas. En general, la idea era plantear una distinta concepción y forma de hacer las cosas. Para ello se realizó un casting largo y muy exhaustivo, hasta encontrar a los cuatro chicos que finalmente quedaron. Ellos juntos son dinamita pura, lo cual hizo que en cierto sentido el rodaje fuera peor que la película.

De acuerdo con mi planteamiento, el trabajo con los actores no fue nada convencional. Una vez que aceptaron participar del proyecto, les pasé el guión para que se lo aprendieran y a grabar. No hubo ensayos. Hubo, claro, una prueba de vestuario y conversaciones, pero no necesariamente sobre sus personajes. Los personajes fueron saliendo en el rodaje. La película se fue descubriendo sola. El reto que asumí como director era que mi presencia activara la energía necesaria para descubrir sus personajes, y creó que encontré mi manera de dirigir.

¿Cómo se hizo la planificación de la puesta en escena en relación con el uso del formato digital y sus posibilidades?

–La planificación es perfectamente académica. He sido riguroso. No tengo una visualización de la película, plano por plano, sino que en la misma locación voy decidiendo las tomas. El digital permite filmar lo necesario. El editor está feliz porque tiene todo. Obviamente, es necesario filmar bien, no a la mala. Hay que controlar el movimiento, el ritmo y estilo de acuerdo con la acción dentro del encuadre, de acuerdo con lo que pasa.

El sonido es otro de los puntos altos de la película. Los diálogos, en particular, se escuchan con gran nitidez...

–Se registró el sonido directo, pero no alcanzó nuestras expectativas, así que decidimos doblar toda la película, excepto algunos textos irreproducibles. Se empleó el sistema de edición de sonido Pro Tools, y ese trabajo hay que agradecérselo a Iván Tito.

¿Qué otras peculiaridades tuvo esta experiencia con el video digital?

–El formato digital abre un nuevo panorama que tenemos que conocer mejor. Todavía no lo sabemos hacer de la mejor manera para conseguir los mejores resultados. Una enseñanza que podemos obtener de este trabajo es la necesidad de hacer una buena fotografía para que el resultado se vea bien en la pantalla grande. Para lograr una respuesta de la cámara necesitamos primero una buena señal, y ésta se consigue con una adecuada iluminación. Algunas secuencias que se ven muy oscuras u opacas habrían quedado mejor si se hubiese iluminado bien el escenario y luego se cerraba el iris. No es lo mismo cuando la cámara capta imágenes al borde de lo visible. En estos casos, el material difícilmente sirve para la proyección. Entonces, para hacer cine tiene que haber capacidad de equipamiento de iluminación. No es lo mismo que grabar un matrimonio o un quinceañero.

¿Esto ocurriría igual con un formato digital de mayor jerarquía?

–Trabajar con la DVCam DSR 100 fue una decisión intencional. Necesitaba una cámara ligera. Trabajando con una cámara broadcast no habría obtenido el mismo resultado. Además, tenía que ser una cámara profesional, pero accesible en costos.

¿El formato representa alguna limitación para las posibilidades de distribución internacional de la película?

–En festivales como el de Cannes y Chicago se admitieron e incluso se premiaron cintas registradas en digital. Algunos lo restringen sólo al formato Betacam Digital, otros no. Eso es lo que se viene a escala mundial, y es una lástima que en el Encuentro de la Universidad Católica no se aceptara, como sucedió con la película de Armando Robles Godoy: Imposible amor.

¿En el quemado de los discos para la exhibición en los cines se tuvo algún cuidado o consideración especial?

–Primero, encargamos el trabajo a una prestigiosa empresa local, pero nos entregaron un producto de un nivel muy institucional. Decidimos hacerlo nosotros mismos con lo que teníamos. El único cuidado especial es hacer el quemado en tiempo real porque hay sistemas que hacen el masterizado en 15 minutos y en ellos hay pérdida de calidad.

¿Cómo fue el trabajo con tus estudiantes de la Escuela de Cine de Lima?

–Las cabezas técnicas eran profesionales. Los alumnos asumieron las asistencias. Ellos se metieron en la realidad del cine, a otro ritmo y otra forma de trabajo, y en esa medida se lograron importantes objetivos que nos habíamos planteado en la escuela. Algunos confirmaron su vocación y hoy trabajan en el medio.

¿Qué dirías si alguien objetara el contenido de tu película como formadora de antivalores para la juventud?

–Que lo peor es taparse los ojos o decir esto es bueno y esto es malo. Además, entre nosotros, aquellos que deberían dar las pautas de civilización son los que casualmente caen en situaciones de corrupción, situaciones delictivas… y que defraudan a la gente. La película simboliza a un sector de jóvenes que viven confundidos. Su mundo se reduce al cuerpo. Es su única propiedad. Lo único que tienen. Por eso se dedican a drogarse y a experimentar con su cuerpo como un ejercicio de libertad. Eso no quiere decir que yo promueva el consumo de drogas. No creo que nadie pueda ver en la cinta una apología de las drogas.

(*) Arnold Medina es productor y Rafael Pastor prepara su primer largometraje en formato digital.

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