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GÉNEROS

Por:
Diana Vela (*)

IDEOLOGÍA Y CULTURA DE MASAS
Mujer de telenovela

La presencia de lo ideológico en la llamada cultura de masas tiene en la televisión el principal canal de difusión. El presente artículo explora la construcción de estereotipos en dos telenovelas recientes y de alta sintonía entre los televidentes peruanos.

Revisaremos en este artículo las telenovelas Velo de Novia (mexicana) y Uga Uga (brasileña), la primera lleva un par de meses en el aire y la segunda acaba de finalizar. La clasificación que utilizaremos para estas producciones pertenece al libro Atrapadas sin salida, imágenes de mujer y de pareja en telenovelas y publicidad de Rosa María Alfaro y Alicia Quezada. Esta investigación nos permitirá identificar estereotipos de mujer que se pueden definir como “tradicional” y “moderna”, respectivamente.


El deber de ser bella


La mujer como producto de exhibición en una vitrina. El hombre como consumidor de dicho producto. Como todo artículo en busca de ser elegido, la mujer debe ser perfecta para el hombre. Los cuerpos femeninos se amoldan a exigencias que imponen una figura estilizada, así como un cutis de ángel enmarcado por una hermosa cabellera. En el reino de la perfección, las mujeres nunca se despeinan, las pestañas son kilométricas y el delineador nunca se corre. La dictadura de la belleza se vive en las telenovelas, siendo muy pocas las ocasiones en las cuales se resalta la inteligencia de la mujer como virtud.

Si bien en Uga Uga la mujer no está destinada a sufrir, pareciera sí estar destinada a morirse de frío: pronunciados escotes, ombligos al descubierto, pantalones ceñidos y minifaldas. La consigna parece ser: piel y más piel en vitrina. Sin embargo, esta telenovela se burla del estereotipo de la “rubia tonta”, el cual es llevado al grado extremo en el personaje de Tatiana, una niña plástica de gran corazón y escaso cerebro.

Rubia platinada, voz gangosa y cuerpo de Barbie, en una ocasión Tatiana se golpea la cabeza y despierta como si fuera otra persona. Le cambia la voz y realiza comentarios como “Esto no tiene el menor sentido antropológico, ustedes deben saber que el asunto indígena en Brasil depende del asunto agrario” y cuando vuelve a la normalidad recuerda todo lo que dijo, pero acepta no haber entendido nada. Tatiana es tan pero tan tonta, que ella misma cuestiona su falta de neuronas: “¿permanecí con él por burra?”. Se indigna al descubrir que los análisis que supuestamente mostraban que su esposo tenía cáncer, eran unos exámenes de ovario.

La mujer incompleta

La telenovela tradicional establece una serie de expectativas hacia el rol de la mujer, las cuales parecen órdenes impuestas por una fuerza superior incuestionable. Se imponen valores y normas de conducta vinculadas con el amor de pareja como necesidad y obligación, como eje central de la vida de toda mujer.

Los personajes femeninos se podrán sentir motivados por diversas aspiraciones y cosechar triunfos, pero sin el amor de un hombre sin duda sentirán que “algo” les falta. Estar para siempre junto al hombre al que aman se convierte en sinónimo de absoluta felicidad y es el móvil de los principales conflictos y penas de amor que se desarrollan durante la historia. Así pues, una mujer necesita una pareja para ser totalmente mujer, de lo contrario será vista como bicho raro, como si algo anduviese mal en ella, como si le faltara un brazo o una pierna, como una mujer incompleta.

Se instaura, de este modo, el estereotipo de mujer emparejada sinónimo de mujer realizada. No acatar este “deber ser” sugiere una situación de desequilibrio y carecer del amor de un hombre se convierte en un estigma, en una suerte de pecado, en casi un delito. En este sentido, la mujer “es” mujer en relación con el sexo opuesto y termina por asumir que su vida carece de valor si no establece una relación amorosa.
Comienza entonces la paranoia de no quedarse sola. La idea de la soltería la atormenta y la lleva a una situación persecutoria en búsqueda del soñado príncipe azul.

El matrimonio por sobre todas las cosas

Nombre de la telenovela: Velo de novia. Imagine el universo de significados que encierra la sola figura de un velo de novia. El mensaje lo ratifica como símbolo de ilusión femenina por excelencia, pieza fundamental del atuendo del día más importante en la vida de una mujer.

En las telenovelas tradicionales, el matrimonio es presentado como objetivo de vida y fin último de la existencia femenina. La mujer que no alcance el estatus de esposa y posteriormente de madre, será estigmatizada por un discurso preponderante que mira a la mujer soltera con lástima. El matrimonio es un ritual que no puede ser ignorado y por ello debe tratarse en una ceremonia “como Dios manda”. Es pues una ceremonia mágica, donde la novia vestida de blanco que ingresa a la iglesia simboliza la pureza y la dicha absoluta. La convivencia es impensable, pues el matrimonio es entendido como requisito del encuentro sexual.

Todo lo contrario sucede en telenovelas como Uga Uga, en que se rompe el esquema tradicional del matrimonio religioso. De esta manera, el vestido puede ser de color celeste, la misma novia puede llegar manejando su auto a su propia boda e incluso puede casarse embarazada, sin que exista prejuicio alguno.

Sexualidad femenina: presencia / ausencia

La telenovela tradicional sentencia: una mujer decente no se acuesta con su novio porque podría ser considerada una cualquiera. El término “amor romántico” que Anthony Giddens establece en La transformación de la intimidad. Sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas, se aplica en este caso, donde el elemento sublime del amor predomina sobre el placer sexual. El sexo como parte de una relación amorosa no aparece ni por casualidad. Los métodos anticonceptivos y el sida brillan por su ausencia. Sólo las mujeres débiles o las villanas se entregan a encuentros apasionados sin ningún tipo de remordimiento.

Sucede lo contrario en la telenovela “moderna”, en que la mujer suele tomar la iniciativa en materia sexual sin que por ello sea juzgada, y cuando ocurren embarazos no deseados, éstos no son necesariamente producto del engaño o de una violación. A lo largo de la historia, se sugiere el encuentro sexual mediante escenas de cama antes o después del mismo.

Entre una madre sufrida y una original

La madre sufrida es una mujer sacrificada y sumisa. Cuando es viuda, madre soltera o divorciada, se ve en la necesidad de sacar adelante a sus hijos por sí sola. Para colmo de males es pobre. Se trata, de algún modo, de una mujer inválida que necesita de la presencia masculina para ser totalmente feliz. Cuando no es viuda, madre soltera o divorciada, es una señora bien casada que ha renunciado a sus sueños de juventud para dedicarse por completo a su familia. Soporta las infidelidades del marido (la amante es siempre una mujer más joven) en pro de la estabilidad de la familia.

Un nuevo tipo de madre presenta la telenovela no tradicional, un personaje como doña Pierina de Uga Uga, una mujer cuyo mal carácter es exagerado al punto de resultar muy cómico. Es la típica madre celosa y posesiva que no aprueba a las novias de sus hijos. Metiche hasta la pared del frente, anda repartiendo insultos y lapos a quien se atreve a no hacerle caso. Es una mujer fuerte y valiente, sin pelos en la lengua.

Los machos también lloran

De acuerdo con la lógica de una telenovela tradicional, la mujer es indefensa por naturaleza y necesita de la protección de un hombre. El rol del varón sigue siendo vinculado con lo racional y el de la mujer, a lo sentimental. La mujer llora frente a la adversidad, mientras que el hombre es quien brinda la calma en los momentos de angustia y es quien toma las decisiones.

Distinto es el mensaje de la otra telenovela en que los hombres también muestran su naturaleza sensible, sin que ello disminuya su hombría. Se muestran tiernos y amorosos en su rol de padre e incluso lloran al ver una película romántica. Uga Uga se burla además de las convenciones de belleza y virilidad masculina del mundo occidental cuando los indios no aceptan a Adriano, que es blanco y rubio por ser “feo y desteñido”, y Casimiro entra en estado de shock al enterarse que embarazó a siete mujeres durante su última estadía en el Pantanal, convirtiéndose en una “leyenda de fertilidad”.

Malvadas del mismo apellido

Martín Barbero señaló que las telenovelas presentan una visión maniqueísta del mundo donde los personajes son seres polarizados, carentes de ambigüedad: la protagonista es buena hasta el cansancio y la villana, mala hasta decir basta. Las malvadas llevan el mismo apellido porque todas sin excepción son mujeres frías y calculadoras, capaces de utilizar los más sucios artificios para lograr sus objetivos. A diferencia de la protagonista de origen humilde, la villana es siempre rica y poderosa. El mensaje queda claro: en el caso de las mujeres, pobreza es a bondad como riqueza es a maldad.

Las malvadas llevan el mismo apellido también en el sentido literal de la frase, pues la villana de Velo de novia se llama Raquela Villaseñor, lo cual nos remite a María Joaquina Villaseñor, niñita millonaria y despiadada del Carrusel de finales de la década de 1980. La repetición de rasgos distintivos de los villanos ingresa además al terreno de lo físico, pues a otra de las malvadas le falta un ojo, al igual que a la villana de la también ochentera Cuna de lobos.

Al final de cuento

Aunque suene a trabalenguas, el tan esperado final del cuento es un final que es de esperarse. Sucede en las telenovelas tradicionales donde la heroína dócil y bondadosa y el galán guapo y millonario superarán, gracias a la fuerza del amor, los conflictos más inverosímiles, sellando su unión en un matrimonio religioso.
En el reino mágico de la telenovela tradicional, los buenos son recompensados y los malos, castigados. El galán y la heroína vivirán juntos y felices para siempre, mientras que el final de los villanos quedará sujeto a un reducido número de opciones: o mueren o quedan desfigurados o van a la cárcel. El final del cuento es siempre un final feliz, incluso en el caso de Uga Uga, historia que si bien rompió un buen número de estereotipos de la telenovela tradicional, terminó por reencontrar a las parejas para no separarlas nunca.

Frente a lo anterior, debemos enfrentar algunas interrogantes: la felicidad que nos presenta la telenovela tradicional ¿es el tipo de felicidad que las mujeres buscamos? ¿Hay lugar a otra opción que no sea casarse de blanco y por la iglesia? En la trama, evidentemente no, pero en la vida real sí y por suerte. Si en el mundo actual la mujer ingresa a nuevos espacios y desempeña roles antes considerados masculinos, ¿por qué la mayoría de telenovelas insiste en ofrecernos el mismo cuento? ¿Por qué reina el estereotipo de mujer-buena-bella-pobre que se enamora de hombre-guapo-millonario? ¿Por qué las madres se resignan a ser mártires? ¿Por qué en historias situadas en pleno siglo veintiuno el sexo antes del matrimonio es sinónimo de escándalo?

El nuevo mensaje, la nueva imagen de mujer que presentan las telenovelas ajenas al esquema tradicional, reciben gran aceptación del público. Lo curioso es que, pese a ello, las viejas propuestas siguen contando con muchos seguidores y actualmente, en la televisión peruana de señal abierta, superan en cantidad a las nuevas propuestas. Si el público que ve telenovelas es principalmente femenino, ¿significa que las mujeres nos creemos verdaderamente el cuento? ¿Significa que somos capaces de soportar frases tan inverosímiles como “este hijo tuyo que llevo en mis entrañas”? La reflexión queda abierta, a ver si dejamos de tolerar la misma historia de siempre y hacemos algo al respecto.

(*) Licenciada en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima.

Bibliografía

1. ALFARO, Rosa María y QUEZADA, Alicia: Atrapadas sin salida, imágenes de mujer y de pareja en telenovelas y publicidad. Veeduría Ciudadana de la Comunicación Social con el auspicio de la World Association for Christian Communication (WACC) Lima, 2003.

2. GIDDENS, Anthony: La transformación de la intimidad. Sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas. Ediciones Cátedra. Madrid, 2000.

3. BARBERO, Martín: Televisión y melodrama. Tercer Mundo Editores. Colombia, 1992.

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