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Las ideologías en el tiempo
Una revisión conceptual del término ideología nos demuestra que en sus inicios se le usó en oposición a realidad.
Un segundo momento nos precisa que se opone a lo científico. Actualmente, un conjunto coherente de nociones con fines prácticos pero también ideológicos sirve para justificar un orden social determinado que se manifiesta en la cultura del individualismo, la llamada literatura de autoayuda y los diversos discursos justificatorios de grupos que reclaman reconocimiento del Estado.
El término ideología ha corrido una suerte sinuosa. El continuo uso que se le ha dado en el contexto marxista soslayó su origen francés, aunque en la génesis del término se explica mucho acerca de su significado posterior. Los ideologues del siglo XVIII propugnaban un análisis fisiológico de la percepción. El interés por el conocimiento como un fenómeno puramente subjetivo traía un consiguiente abandono de la realidad en términos epistemológicos. Marx tomó este sesgo antirrealista como una referencia y lo utilizó contra sus enemigos. Sus primeros escritos destinados a la polémica tanto contra la familia Bauer como contra Max Stirner inciden en esta característica negativa. Todos ellos, agrupados con el rótulo común de hegelianos de derecha, habían orientado el discurso a los terrenos de la teología.
Los problemas conceptuales no eran problemas reales. Tal como sostiene Ricouer, en esta etapa la contraposición central es realidad contra ideología. Los ideólogos eran autores de una impostura: presentaban como problemas auténticos lo que en verdad eran falsos problemas. La conclusión del joven Marx era que los ideólogos desarrollaban un discurso que justificaba el papel de la clase dominante. En la inversión de la impostura por la realidad se escondía un propósito. Aquí tenemos expresada una de las notas más importantes de la ideología: su carácter involuntario. Los hombres crean objetos intelectuales o estéticos y detrás de ello, de forma involuntaria, se esconden contenidos ideológicos.
Una lectura exegética muy posterior, la de Althusser específicamente, ha visto una evolución del concepto deideología en el mismo discurso marxista. El Marx de la madurez fundador de un método científico, autor de El capital, habría considerado el término ideología en contraposición del término ciencia. Esto implicaría inclusive una separación dentro de la misma obra del autor. El Marx de la juventud habría sido, según esta visión, un ideólogo. El joven Marx y su propuesta ética, sus visiones conceptuales acerca del hombre y sus ideas acerca de la alienación estaban fuera de la ciencia marxista. Esta condición premarxista de la obra de Marx aún apelaba a instancias subjetivas y a valoraciones universales. El Marx maduro, según la lectura estructuralista, se negaba a brindar definiciones universales y percibía el sistema capitalista como un juego de relaciones sistémicas.
Pero la evolución del término ideología siguió un camino independiente en la tradición marxista. Primero Frederick Engels y luego la tradición de la Tercera Internacional exorcizaron el término. La ideología abandonó sus connotaciones negativas. Era tan sólo un conjunto de presupuestos conceptuales útiles para la práctica política. Cada clase social tendría una ideología diferente. En los textos de la ortodoxia marxista se habla acerca de una ideología de la burguesía y otra del proletariado. Aquí el término ideología cobra una característica que muchos consideran esencial en sus diversos significados: la idea de totalidad. Las ideologías en este punto harían alusión a una visión generalizada de la sociedad.
Hasta aquí, sólo en la tradición marxista, se pueden notar dos de las características fundamentales de la ideología: su estatuto práctico y su visión totalizadora. Estos rasgos contribuyeron a consolidar la ortodoxia, por un lado, y posibilitar, por otro, la catástrofe totalitaria.
Pero veamos. Si la ideología es un conjunto de nociones instrumentalizables, éstas deben ser fácilmente utilizables. Con tal fin, la ideología es un discurso que se reduce por fines prácticos. Milan Kundera, en su novela La inmortalidad, nos habla acerca de la forma como las doctrinas socialistas se redujeron a un número exiguo de proposiciones. Una ideología que sirve a propósitos de poder debe ser accesible. Lo es la publicidad, cuyos contenidos ideológicos son evidentes. Un minimalismo era mucho más conveniente a la propaganda y a la difusión. La expresión más sintética y perfecta sea tal vez El libro rojo de Mao Tse tung. Un texto que contiene en forma de proposiciones dispersas la verdad.
Mas en la tradición del denominado marxismo occidental se intentó un retorno a las fuentes hegelianas y a la fundamentación de una teoría de la cultura. ¿Cómo explicar si no el intento de Georg Lucakcs por sustentar una estética? o ¿cómo comprender las lecturas que hizo la primera generación de la Escuela de Frankfurt de aquello que denominaron industria cultural?
Estos enfoques obedecían a las tentativas iniciales de Marx por leer en cualquier objeto creado por el hombre la impronta del poder y de la desigualdad, el discurso justificatorio o ideológico al que tanto se hizo referencia.
Estas lecturas radicales e inteligentes olvidaron un punto de legitimación. Aquí es pertinente mencionar la llamada paradoja de Mannheim. Karl Mannheim es uno de los primeros investigadores que abordó el tema de la ideología. Si todo es ideología sostenía Mannheim, entonces también son ideológicos los discursos que la denuncian.
Críticas como las formuladas en La dialéctica del iluminismo sólo son posibles desde un punto de vista radical que no se sostiene. Sin embargo, esta lectura de sospecha que goza de una profundidad indiscutible.
No se discute su legitimidad, sino su exclusividad. No se discute que no sean posibles o que carezcan de argumentos e incluso de estupendos resultados, como los análisis que Lucakcs hace del realismo o el discurso de Benjamín acerca de Baudelaire. Es indispensable reconocer que una sociología de la literatura, por ejemplo, empleará estos elementos de manera inevitable. Tan sólo se discute su exclusividad. Si éste fuese el caso, continuarían siendo ideológicos en un sentido negativo, es decir, como una pretendida visión totalizadora acerca del mundo.
Las nuevas ideologías
Hemos especificado la suerte del término ideología en una tradición de pensamiento. La ideología es de manera general una visión con fines prácticos, totalizadora, justificadora del poder. Su asunción entre las personas es inconsciente.
¿Cuál es la situación de las ideologías en el mundo actual? El llamado fin de las ideologías anunciado hace más de una década parecía más un triunfalismo sobre el fin del socialismo, pues se intentaba resaltar el triunfo del pragmatismo. Sin embargo, el lado oscuro se asomó cuando Estados Unidos vio afectado uno de los aspectos sociales más importantes, el de la producción.
Aquí tenemos la primera forma ideológica en los últimos tiempos. Es casi una convención sociológica la tesis weberiana, según la cual la prosperidad capitalista se explica gracias al estímulo de la ética protestante. Otros teóricos intentaron enfocar la asombrosa prosperidad japonesa gracias a una potenciación provocada por el budismo Zen. Estas ideas, acariciadas por intelectuales de importancia como Umberto Eco, parecen tener muchos fundamentos.
La secularización creciente en el mundo trajo, entre otras consecuencias, la pérdida de un estímulo espiritual que hiciera posible una mayor prosperidad. Hace algunas décadas, las obras de autores como Og Mandino, en las cuales se realza el individualismo y la adaptación pacífica a las condiciones sociales, precedieron con mucha fuerza a otras posturas que llevaron estas nociones hasta consecuencias muy intensas.
Éstas son visiones ideológicas: un conjunto coherente de nociones con fines prácticos que sirven para justificar un orden social determinado. La llamada literatura de autoayuda contiene además el perfil de una síntesis somera y elemental: contiene los ingredientes de la persuasión. Está redactada de forma elemental y alude a significados muy reconocibles. El estilo diáfano de los textos sirve para ser leído por cualquiera y sus sentencias se resumen en un conjunto de presupuestos practicables por todos. Esta línea se orienta a la empresa, al esfuerzo por constituir ciudadanos felices dentro de la producción y el consumo. Aquí se puede leer la intención de mantener seres sanos en una sociedad destinada al consumo. Desde Og Mandino hasta Paulo Coelho se nos sugieren fórmulas simples para ser felices. Hablo de contenidos, no de virtudes narrativas, ni siquiera de cualidades y talento literario.
La segunda forma ideológica de nuestros tiempos es la aparición de ideologías particulares. Con ello nos referimos a los diversos discursos justificatorios de grupos que reclaman reconocimiento del Estado. En esta diversidad existen desde asociaciones de género hasta grupos que defienden los derechos humanos. Éstas son las nuevas ideologías: han perdido sus pretensiones universales, pero siguen correspondiendo con unas prácticas determinadas; son producto de una dispersión social.
La idea según la cual las ideologías han muerto para dar paso a un criterio práctico, a través del cual se quieren solucionar los problemas sociales, es falsa. Inclusive, aquellos que acusan a las ideologías poseen bases ideológicas fuertes. Hablamos de los epígonos del pensamiento neoliberal, los que suscriben nociones de una pretensión universal como la propiedad o la libertad individual.
No es deseable aún un mundo sin ideologías. Tampoco es deseable un mundo sin utopías. Aún podemos formular una idea deseable acerca del futuro. Aún los hombres movidos por una práctica ideológica pueden crear un mundo en el que haya lugar para todos.
(*) Estudió filosofía en la Facultad de Teología y Filosofía Civil de Lima. Se dedica a la docencia universitaria. |