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AÑO DEL ESTADO DE DERECHO Y DE LA GOBERNABILIDAD DEMOCRÁTICA

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Redactor
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El suplemento no comparte necesariamente la opinión de sus colaboradores
  ENTREVISTA

Por:
Fátima Carrasco (*)

Ana María Matute
Ana María Matute nació en Barcelona a mediados de la década de 1920. Obtuvo los premios Nacional de Literatura de España, Miguel de Cervantes y Nadal, entre otros. Fue la primera mujer en ser elegida como miembro de la Real Academia de la Lengua Española.

Usted viajó al Perú hace algunos años. ¿Cuál fue su impresión del país?

–Me gustó muchísimo. Lástima que cayese enferma y me pasara la mayor parte del tiempo en la habitación del hotel, ya que tuve un problema con las vértebras de mi espalda (estaban hundidas). Mi hijo sí salió y conoció algo más, pero lo poco que vi me gustó mucho y espero poder ir otra vez.

¿Con cuál de sus libros se identifica más?

–Es difícil decirlo. Depende del momento, del estado anímico en que me encuentre. Es un tópico responder que me identifico más con la obra que escribo en este momento. Pero no sólo me pasa con los libros que escribo, sino también con los que leo, incluso con los de mis autores favoritos. Hay momentos en que una se siente más cercana a determinados libros, eso es algo variable. Pero quizá podría decir que Olvidado rey gudú
es especial para mí en cierto sentido.

¿Cree que es su obra maestra?

–No lo sé. No soy la indicada para asegurarlo. Sé que algunos consideran que sí lo es.

¿Cuáles son sus hábitos de escritura?

–Ninguno, sólo escribir. Escribo a máquina, en una máquina electrónica. Corrijo hasta que me parece suficiente, entonces entrego el texto para que sea pasado a limpio.

¿Corrige mucho?

–Bastante, pero no lo suficiente. A veces no todo lo que quisiera, porque me meten prisa. Me gusta corregir usando lápices de distintos colores.

¿Qué cualidad prefiere en una mujer?

–En una mujer en sí no sé, quizá la misma que en un hombre: la lealtad. Ésta es muy importante.

¿Cuál es su objetivo más elevado en el arte?

–No tengo idea. Ni siquiera sé si la literatura podría ser considerada un arte. Dicho esto, el objetivo más alto o más importante quizá sea llegar a hacer las cosas, lo que a uno le guste, lo que uno crea, lo mejor posible, esforzarse en hacerlo con honestidad.

¿Cree que por escribir lo que piensan o sienten muchos autores pagan un precio alto?

–A veces sí, en general, es el caso de muchos autores. Yo lo he pagado muy caro. Tuve la desgracia de desarrollar mi trabajo, mi vocación literaria, en plena dictadura franquista, una época terrible. Mis libros estaban prohibidos, perseguidos. Fueron tiempos muy duros para mí.

Pese a ello, cuando empezó a escribir tuvo apoyo moral de su entorno…

–Sí, en realidad, de joven era muy reservada, muy callada, no hablaba de mis cosas. De mayor, me volví habladora. Era una chica muy introvertida. En mi casa sabían que escribía, pero no hasta qué punto era algo serio. Un día dije de pronto: “Van a editar mi libro.” Se sorprendieron, estaban asombrados, pero lo aceptaron, les gustó, reaccionaron bien. En mi familia no había artistas ni escritores. Y era un tiempo en que las niñas no eran escritoras, me entiende, supongo que lo mismo le pasaría a usted en el Perú.

Cierto, las niñas escribían poemas, pero novelas no.

–Así es. Poemas y tocaban piano, pero por entretenimiento o habilidad social, no de forma profesional.

¿Qué le diría a una joven escritora?

Que escriba, que no arroje la toalla nunca, que no se rinda pese a las dificultades y obstáculos, que son muchos. Como le dije antes, tuve que luchar contra muchas dificultades cuando fui joven. Me refiero al ambiente social y político en concreto, pero no al mundo literario. Felizmente, nunca tuve que hacer ese peregrinaje de una editorial a otra con un manuscrito bajo el brazo que era rechazado siempre. No, en ese aspecto tuve la suerte de publicar mi primer libro sin problemas. Bueno, no sé tampoco si llamarlo suerte, quizá me lo merecía, al fin y al cabo.


Usted ocupa el sillón de la Real Academia de la Lengua Española correspondiente a la letra “k”. Es una letra difícil o rara…

–Las letras no tienen nada que ver con el sillón. Simplemente, según fallecen los académicos dejan un sillón vacante. Pero la letra, cualquiera que fuera, no influye para nada en el sillón que una ocupe. A mí me tocó la “k” mayúscula. Hay sillones correspondientes a letras mayúsculas y minúsculas, cosa que tampoco influye. De todos modos, la letra “k” es escasa, de poco uso. En cambio, en el idioma euskera (vasco) tiene más importancia.

¿Cuál es su heroína o héroe de ficción favorito?

–Heroína, no sé. Héroe, el rey Arturo; no sólo él sino todo su ciclo. Ginebra, en cambio, nunca fue santa de mi devoción; pero sí los caballeros y Merlín. Me gustan también Tristán e Isolda. En general, siento pasión por la Edad Media. No porque la considere mejor ni peor que otras épocas o corrientes literarias, no. Es simplemente cuestión de afinidad, desde mi infancia llevo la Edad Media muy incrustada en mi sensibilidad.

¿Qué libro está leyendo actualmente?

–Ninguno, nunca leo libros cuando escribo, porque no quiero que interfieran en mi trabajo. Tengo para leer La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón, que me recomendaron mucho. Está pendiente.

¿Sobre qué escribe ahora?

–Una novela. Estoy empezando, sólo tengo algunos folios. Pero no quiero hablar más de esto, nunca lo hago, trae mala suerte. Es como si algo invisible se perdiese. Hablar de lo que uno escribe es como destapar el frasco de un perfume precioso, el aroma se evapora. Hay que mantenerlo cerrado y escribir, es lo mejor.

(*) Escritora peruana. Reside en España.

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