Edición N° 72
8 de Noviembre, 2004
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Desborde popular, de José Matos Mar
El dedo en la llaga

Dos décadas después de la primera edición de Desborde popular y crisis del Estado, del antropólogo José Matos Mar, constatamos que continúa el divorcio entre sociedad nacional y Estado. Preocupado por este problema capital, el Fondo Editorial del Congreso acaba de reeditar esta obra con un ensayo reciente del autor y el comentario de cinco prestigiosos investigadores. Sin duda, uno de los libros más importantes para conocer la realidad peruana contemporánea.

 
 

Desborde popular y crisis del Estado enfatiza la difícil convivencia de dos mundos en nuestro país, uno criollo, oficial, centrado en Lima, y el otro andino, informal, centrado en provincias. Su autor, el antropólogo ayacuchano José Matos Mar, propone que la espinosa relación se debe a que no logramos formar una auténtica sociedad nacional.
En el proceso de urbanización iniciado en el mundo después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), como muchos países, el Perú ofrece un caso especial, pues la intensidad migratoria del campo a las ciudades, sobre todo costeñas, alteró la composición social. La aguda crisis agraria fue una de las principales causas que empujó a miles de comuneros a abandonar sus tierras en busca de empleo en las urbes.
El libro es el resultado de estudios hechos desde 1946, cuando el autor iniciaba su carrera de etnólogo en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue escrito durante cierta esperanza progresista, tras la victoria de la Izquierda Unida en las elecciones municipales de 1983, encabezada por Alfonso Barrantes Lingán, en medio del avance de Sendero Luminoso y poco antes de la ascensión del APRA al gobierno. Es significativo señalar que el investigador fue alumno y discípulo predilecto del antropólogo e historiador indigenista Luis E. Valcárcel, autor de Tempestad en los Andes (1927), y que lo sucedió en sus cátedras sanmarquinas.
Su fe en el nuevo régimen le impulsó a escribir, en 1985, en el prólogo a la segunda edición de Desborde popular y crisis del Estado, que “hoy, después de unas elecciones democráticas que culminan con la expresión abrumadora de la voluntad de esas mismas masas desbordantes, el diálogo entre el pueblo y el Estado, que demandábamos entonces, parece a punto de iniciarse”. Por no compartir ahora estas opiniones, Matos Mar suprimió este texto.
Una muestra del nuevo rostro de la capital peruana es la gran cantidad de personas que se congregara por la muerte de “El Picaflor de los Andes”, Víctor Alberto Gil, intérprete de música folclórica, en 1975: más de cien mil personas. Algo parecido sucedió en 1994: una multitud se reunió por el deceso del cantante de música chicha “Chacalón”, Lorenzo Palacios Quispe, intérprete del emblemático tema “El provinciano”. Otras formas de la nueva Lima, de la Lima de los distritos periféricos, son algunos aspectos al margen de la norma como los juicios populares, los linchamientos, las rondas vecinales, las fábricas clandestinas, la devoción a personas no canonizadas como Sarita Colonia, etcétera.
Redactado en junio de 2004 en la capital mexicana, donde reside Matos Mar, el ensayo “La nueva Lima” considera que la subversión, que asoló el país de 1980 a 1992, aumentó la migración a la ciudad, debido a que muchos huyeron de la guerra desarrollada en el campo.
Por otro lado, insiste en que los provincianos predominan en Lima Metropolitana y los provincianos no costeños, en toda la Costa peruana. En estas circunstancias, “la clase media tradicional ha ido debilitándose, perdiendo peso y protagonismo”. Es indicador, asimismo, de que “hay más población del sector socioeconómico B en Los Olivos que en San Isidro”. Es una muestra de la pujanza, del desarrollo y del surgimiento de un gran segmento medio emergente. En su prejuicio de no trabajar en el comercio informal, muchos jóvenes de viejos distritos, como Lince, Jesús María o Magdalena del Mar, han sido desplazados económicamente.
El deseo de igualar el bienestar de los pudientes motiva a que los pobladores de los sectores populares fabriquen, distribuyan y compren zapatillas, blue jeans y ropa de imitación de reconocidas marcas. Entre los factores de influencia, se encuentran la expansión de Internet, del celular, de los canales de televisión por cable, de las tarjetas de crédito y de restaurantes de comida rápida.
Ahora Matos Mar introduce la categoría “conos” para referirse al grupo de distritos periféricos ubicados en torno a tres grandes ejes de comunicación: la Panamericana Norte, y las carreteras Central y Panamericana Sur. En ellos, el dinamismo económico ha motivado el surgimiento de grandes centros comerciales. Los conos Norte, Sur y Este poseen dos millones 95 mil 25, un 336 mil 142 y un millón 573 mil 28 habitantes, respectivamente. En total, el 62.1 por ciento de la población de Lima Metropolitana.
Sin embargo, el éxito del desborde popular se encuentra contrastado por la migración de tres millones de peruanos al extranjero, quienes superan obstáculos como el visado, la persecución a los ilegales y la dura adaptación. La miseria es tan intensa en el país que llega a clasificarse en estratos E y F. Los pobres en el Perú constituyen casi la mitad de su población, más de 14 millones.
Otra forma de la crisis del Estado es la ignorancia del Perú oficial a las cinco mil comunidades indígenas, compuestas por cinco millones de habitantes, es decir, la sexta parte de la población del país.
Tenemos zonas de la Selva que viven en la prehistoria y grupos étnicos, como el aimara, que demandan reconocimiento territorial. Para acabar con estas desigualdades, es necesario derribar las barreras que separan la sociedad nacional y el Estado. Matos Mar reclama la plena participación de todos los peruanos.

Jorge Coaguila

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