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Ancestral ceremonia
El juramento simbólico del Presidente de la República, Alejandro Toledo, en uno de los escenarios históricos más emblemáticos del Perú, tiene un significado de afirmación cultural, antropológico, que recuerda los orígenes y tradiciones del Perú profundo; pero a la vez evidencia su aspiración de hacer del turismo uno de los motores de su próxima gestión gubernamental.
En efecto, sin caer en posiciones de revanchismo étnico-cultural, inexistentes en el temperamento presidencial, el Jefe del Estado quiso cumplir en la ceremonia andina de Machu Picchu no sólo una promesa electoral, sino ratificar la identidad del Perú en uno de sus escenarios culturales más característicos.
Los ritos ancestrales realizados en el monumento inca (ofrendas como el hatun haywa, invocaciones y juramentación) han sido, por tanto, una expresión del pueblo peruano, heredero y descendiente de aquel imperio precolombino, que su nuevo Presidente no gobernará de espaldas a las inquietudes y sentimientos de su gente. Una manera de fusionar el compromiso político del ahora Mandatario con las tradiciones del pueblo que lo eligió para dicha gestión.
Pero si el presidente Toledo estuvo en Machu Picchu con una cantidad muy limitada de invitados, impresionante fue el encuentro con los miles de asistentes que acudieron a las ruinas de Sacsayhuamán, ceremonia popular en la que el pueblo aclamó a quien ahora personifica a la Nación. Música, animada por instrumentos precolombinos y danzas autóctonas (coreografía de escolares cusqueños), que llenó de emotividad tan inusual pero sugestivo espectáculo.
Si estos actos tienen una dimensión simbólica de afirmación de tradiciones y valores ancestrales, al mismo tiempo demuestran la convicción del Primer Mandatario de hacer del turismo uno de los soportes para crear puestos de trabajo dignos.
En su mensaje de anteayer mencionó el desafío que significa hacer del turismo en el Perú una de las actividades económicas de mayor proyección. En ese sentido, las ceremonias representadas en los monumentos cusqueños ratifican la decisión de convertir a nuestro país en una potencia turística de primer orden, cuyos numerosos lugares de interés no pueden continuar en la penumbra del desconocimiento mundial.
El optimismo de estas celebraciones no permitirá perder de vista que la tarea del presidente Toledo y del pueblo peruano es monumental. A la fuerza de los apus y la pachamama, hay que sumar la energía de todos los peruanos.
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