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TRADICION Y COLORIDO EN EL SANTUARIO DE SANTA ROSA DE LIMA
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La Patrona estuvo de fiesta
Como cada 30 de agosto, miles de personas acudieron ayer al convento de Santa Rosa de Lima para orar en la basílica que lleva su nombre, escribir breves cartas con sus más íntimas peticiones y lanzarlas luego al pozo de los deseos, a la espera de un milagro de la Patrona de América y Filipinas.
Lapicero en mano, jóvenes mochileros sentados en las escalinatas del templo de la dulce doncella de tez carmesí plasmaron en papel, cada uno, sus aspiraciones con letra muy pequeña, para tener más espacio y pidieron a la santa el empujoncito que les permitirá realizarlas.
Personas de todas las edades, apoyando papel y muñecas en los muros de la antigua casa para afinar el trazo, hacían lo mismo. Los niños, sostenidos fuertemente por sus padres, curioseaban y trataban de calcular la profundidad del pozo en que un día, hace ya muchos años, la santa lanzó las llaves que la hubieran podido liberar de sus cadenas.
La efigie de la Patrona de América y Filipinas, esculpida en blanco, parecía inclinarse gentilmente para auxiliar a sus devotos en trance difícil.
Multitud. El dormitorio donde nació, convertido en capilla, la sala en la que curaba a los enfermos, con el Niño Jesús en un altar, a quien encomendaba a los pacientes más graves, la pequeña ermita de adobe, donde oraba con un ruiseñor y conversaba con los mosquitos, fueron los espacios más visitados por los fieles.
Afuera, las monjas del convento María Inmaculada vendían tamalitos para sostener sus obras benéficas, mientras las integrantes de la Congregación Santa Rosa de Lima exhibían pintorescas manualiades. Limeñísimas, también, las vivanderas, ubicadas en el jirón Chancay, aromaron la fiesta con picarones, anticuchos y dulces criollos.
Una delegación de brigadistas del convento de Santo Domingo, y otros de la Heroica, Centenaria y Benemérita Bomba Francia Número 3, velaron por el orden en el interior de la finca, donde el 20 de abril de 1586 nació aquella que, pese a vivir apenas 28 años, supo reconocer a Cristo en los más desvalidos y no vaciló en ayudarles.
Homenaje. También participó en esta tradicional cita la empresa Servicios Postales del Perú (Serpost), cuya representante, Mercedes Alayo, depositó en el pozo de los deseos 5 mil cartas escritos en provincias y enviados a Lima para esta ocasión.
No pudieron elegir mejor patrona, manifestó esta mañana el arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, refiriéndose a la Policía Nacional del Perú, durante la misa que en honor de la santa celebró en la Catedral de Lima.
Las procesiones con su imagen se turnaron en la iglesia de San Sebastián, mientras que en Santa Rosa de Quives, sesenta kilómetros al este de Lima, los visitantes sumaron otras varias centenas.
CYNTHIA PIMENTEL
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