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Las depredaciones en el Perú
La historia del Perú en verdad se debe llamar la historia de las depredaciones, en razón a los abusos y excesos que con los recursos naturales se hicieron durante la etapa republicana.
Se comenzó por el guano, que fue en forma inicial acertadamente administrado por el presidente Domingo Elías; siguió el salitre, que nos arrebató el vecino del sur; continuó con el algodón, que fue magníficamente injertado por ese eminente puertorriqueño Fermín Tangüis, de quien Basadre dice que nos dejó la mayor riqueza del país; continuó el proceso depredador con el petróleo, recuperado a la soberanía nacional por Juan Velasco.
También forma parte de esta cadena el azúcar, técnicamente explotado por ese modelo de gerencia germano-peruana cuya mejor expresión fue Casagrande, de la empresa Gildemeister; a continuación vino la pesca, sector hábilmente dirigido por Luis Banchero, actividad que si no agotó el recurso marino fue porque poseemos uno de los mares más ricos del mundo.
En materia ambiental depredamos diez millones de hectáreas de la Amazonía y grandes áreas verdes en la Costa, especialmente de algarrobos, lo que tal vez nos coloca a la cabeza en materia de depredación. La siguiente actividad de riesgo ambiental será, sin duda, el gas de Camisea, de próxima explotación.
Lo que ocurre, realmente, es que no tenemos hasta ahora una política científica de la explotación de los recursos naturales, y en esto la universidad peruana hasta ahora no contribuye con aportar el ansiado proyecto nacional, sobre el cual se debe hacer campaña para lograr metas de bienestar nacional.
En materia ambiental debemos y tenemos que seguir los lineamientos de la ley alemana que es modelo en el mundo, cuyas líneas maestras fueron magistralmente incorporadas en la Cumbre de Río de 1992 por Helmut Kohl, canciller alemán de ese entonces.
El Perú es uno de los países más megadiversos, y por lo mismo que tenemos casi todos los climas del mundo, también poseemos la mayoría de líneas productivas. Lo que se debe hacer en materia de defensa ambiental frente a todos los casos de depredaciones es, ante todo, formar una conciencia nacional que nos permita explotar racionalmente dichos recursos. Al respecto, debe seguirse, en el caso del petróleo, la política de Estados Unidos, que prefiere comprar petróleo en el extranjero antes de agotar sus propios recursos, dado que el oro negro es una de las fuentes de energía más primorosas que hay en el planeta.
Enrique Maticorena Estrada
Periodista
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