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Retruécanos ecológicos
Los recientes sucesos aumentan la incertidumbre ante el panorama mundial, haciéndonos descubrir que la divulgada preocupación medioambiental en las sociedades postindustriales sólo fue un simple juego de palabras.
El hombre parece sentirse dueño del destino, pues ha alcanzado la tecnología necesaria para la destrucción del medio en que vive, pudiendo decidir su final tal vez sea más justo decir que eso está supeditado a las decisiones políticas de los dirigentes del mundo y que las decisiones políticas son gobernadas por intereses económicos.
Se habla mucho de globalización y mundialización refiriéndose a la economía y a la información, pero esta visión planetaria también es compartida por la ecología.
James Lovelock impuso la hipótesis Gaia antiguo nombre griego de la Tierra, la cual entendía a la Tierra como un sistema vivo, una estructura unitaria funcionando como unidad viviente; dentro de estos márgenes no se puede hablar de conservación sino de restauración, pues la Tierra es un organismo enfermo que ha sido dañado durante siglos y que necesita ser curado de sus profundas heridas.
Cuando todo se reduce al lenguaje se corre el riesgo de incurrir en degeneraciones groseras, como la apropiación que hace el marketing de los postulados de la ecología, en la cultura light, llevándolos hacia una moda frívola de productos biodegradables, reciclados, de biocolor y souvenirs, creando a partir de eso una nueva maquinaria comercial.
Todo esto origina confusiones, haciendo frecuente oír, entre otras cosas, protejamos la ecología ,en defensa de la ecología, frases inexactas de personas que no han comprendido que la ecología es una ciencia cuyo sustrato es el experimental, y que lo que necesita protección es la biosfera o totalidad de ecosistemas del planeta.
Por eso es necesaria una labor de desintoxicación mental de los ciudadanos a partir del lenguaje, y buscar concienciarlos con una difusión adecuada de los principios ecológicos, asumiendo la importancia del desarrollo de una conciencia medioambiental y ecológica en los habitantes de las urbes del mundo.
Mas el itinerario seguido por la humanidad hacia una conciencia ecológica es largo y cada vez más dificil: en Oriente se buscaba vivir en armonía con el universo, con la naturaleza; el panteísmo espontáneo de los pieles rojas americanos los hermanaba al río, al bisonte y a todo lo que significase vida, como lo demuestra la carta del cacique Seathl, jefe de la tribu Suwamish, al presidente de Estados Unidos en 1855; el panteísmo sistemático de Spinoza, que concebía a todo como Dios, en esa fusión de lo físico con lo metafísico, lo cual fue calificado por Schopenhauer como eufemismo de ateísmo. Todo ello muestra al hombre confrontado con la naturaleza, tratando de entender su lugar en el mundo.
La ecología, ciencia de los ecosistemas, se desarrolló en contrasentido de la tendencia de hiperespecialización de nuestra cultura, persiguiendo metas y enfoques globales. Ella no plantea una regresión ni rechaza el progreso, sino como ciencia de síntesis se sirve de avances tecnológicos para hacer su labor más efectiva. En tanto jamás será lo mismo decir pobre naturaleza, que hermano lobo, hermana Luna. Esa es su distancia del panteísmo.
Antes de 1869, los estudios de pretendido rigor científico que se hacían de la naturaleza estaban inscritos en lo que era llamado Historia natural, que agrupaba a un conjunto de saberes dispersos que luego serán sistematizados con el nombre de ecología. Ese año, el naturalista y zoólogo Ernst Haeckel introduce el neologismo ecología para denominar al estudio de las relaciones de un organismo con su ambiente inorgánico y orgánico. Mas éste todavía era un concepto impreciso que carecía de unidad de estudio, algo que conseguirá en 1935, cuando el ecólogo Tansley introduce el concepto ecosistema, término inscrito en el paradigma estructuralista.
Tras la aparición de múltiples medios de difusión, revistas como Landscape y National Geographic, y los logros de agrupaciones como Greenpeace, sumados a las tendencias naturalistas y pacifistas de la New Age, entre otras cosas, se había originado un ambiente propicio para el desarrollo de una auténtica y masiva preocupación medioambiental, oportunidad desperdiciada, pues ahora nos encontramos frente a conflictos cuyas repercusiones sociales no podemos predecir.
Dicen que la preocupación ecológica tuvo su punto de partida en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, en Estocolmo en 1972; este mismo organismo ahora le da su respaldo a Estados Unidos para que se empeñe en una guerra cuyas consecuencias serían catastróficas para el planeta, debido a la naturaleza del armamento por utilizarse: armas biológicas, químicas y nucleares.
Aquí las preocupaciones ecológicas se van esfumando mientras algunos expertos en logística recomiendan el uso de armas bacteriológicas como el recurso más eficaz para este tipo de enfrentamiento.
El planeta es de todos. Las cosas se complican mientras el temor aumenta. ¿Hasta cuándo se van a comportar estos grupos de enajenados como si el mundo les perteneciese sólo a ellos?
RAFAEL OJEDA
Periodista

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