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UBICADO EN UN PUESTO O A PIE, OFERTA A LOS LECTORES LOS PERIODICOS DEL DIA
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Gracias, canillita
Empece en el suelo, recuerda doña Juana Durán Soto, canillita de la plaza San Martín, porque literalmente así vendía sus periódicos. Luego, compramos un quiosco de madera y, finalmente, este módulo de metal que adquirimos a la Municipalidad de Lima.
Ella se levantó ayer a las 04.00 horas, como siempre. Recibió la edición del día en el jirón Puno y con dicho encargo llenó su prisión voluntaria: el módulo que apenas le permite permanecer sentada, frente a una ventana.
Por esa abertura de luz, doña Juana ha visto pasar a millones de personas del Perú y del mundo. Cuelga mediante ganchos la historia escrita con tinta negra, cubre sus paredes con revistas y aunque adentro está oscuro sabe que afuera seguirá alumbrando la humanidad, mientras exista un diario en circulación y alguien que lo compre.
Empecé a trabajar en la plaza San Martín, cuando por aquí pasaba el tranvía; era muy joven entonces, rememora doña Juana.
El tiempo modificó la calzada que pisa, le arrancó árboles a la plaza y varias generaciones deambularon frente a sus ojos en esta parte de Lima, al lado del viejo hotel Bolívar.
Su vecina, Graciela Soto, conoce de memoria un letrero antiguo sobre la pared, que tiene inscritas las palabras: El Portal Pumacahua, porque es lo que su ventana le permite observar durante las 14 horas que permanece en el lugar. En este portal, situado a un costado del jirón de la Unión, vende sus diarios.
Doña Graciela dice que su mamá comenzó el negocio familiar en 1939, entonces el mundo escribía con tinta roja los sucesos de la Segunda Guerra Mundial.
De pronto, como si se tratara de una máquina del tiempo que trae a la actualidad hechos pasados, afirma: Ahora, pocos recuerdan que La Prensa, El Comercio y Ultima Hora salían dos veces al día.
La mayoría de las veces, su jornada comienza cada madrugada, a las 04.00, y termina a las 21.00 horas. Este lapso era compartido con su esposo, pero él falleció hace dos meses.
De otro lado, tres generaciones se encargaron del puesto que hoy ocupa Arturo Huaire Zavala, quien administra el negocio familiar frente a la iglesia de San Francisco. En 1918, su bisabuela, Andrea Zavala Gómez, vendió aquí el primer diario.
En aquellos años, esta parte de la capital era muy concurrida por la gente que se dirigía a la estación del ferrocarril o al Banco Agrario. Ese público se enteraba de los acontecimientos en Europa (finales de la Primera Guerra Mundial) gracias a doña Andrea.
Es probable que los hijos y familiares de estas personas hereden o ya fue así estos puestos. Mañana tendrán que levantarse a las 04.00 horas, cuando las luces de la ciudad alumbran aún las calles y el ambiente permanece inundado por el sopor de las horas de sueño.
No tienen domingos ni feriados ni vacaciones, pero sí una fecha como hoy, 5 de octubre, que les permite celebrar su día. ¡Feliz día, canillita!, ahora ya no muestras tu canilla, pero la palabra ha quedado impresa con tinta indeleble en nuestra memoria. (Jose Lizarbe Ramirez)

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