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PAIS ASIATICO RECIBE A 21 JEFES DE ESTADO DEL MUNDO
Líderes de los países del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), incluido el presidente peruano, Alejandro Toledo, se reúnen a partir de hoy en la ciudad de Shanghai para discutir acerca del futuro comercial de la región y la necesidad de luchar contra el terrorismo internacional. Es la primera reunión internacional importante tras los atentados del 11 de setiembre en Washington y Nueva York, en la que se espera discutir los efectos de la inseguridad mundial en la economía. La siguiente nota es acerca de la China que recibe a los líderes mundiales.
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El despertar económico de China
P ARA que el visitante no tenga duda de los grandes cambios en China, un enorme cartel de Arnold Schwarzenegger recibe a los visitantes en la entrada del aeropuerto de Beijing. La primera impresión del camino del aeropuerto al corazón al centro urbano es que la ciudad no tiene nada que envidiar a las grandes urbes de Estados Unidos.
En el centro de la ciudad, los 40 kilómetros de la avenida principal, La Paz Externa, nos revela la personalidad de una nueva China. Por los carriles centrales, autos modernos circulan sin grandes congestiones. La ciudad cuenta con una diversidad del parque automotor moderno que ya envidiaría la propia Lima. Divididos por carteles de McDonalds y largas hileras de árboles para combatir la contaminación ambiental, transita un ejército de bicicletas. Aunque cada vez son menos, a estos tradicionales vehículos de dos ruedas se les considera el principal medio de transporte. Se calcula que hay 80 millones de bicicletas en todo el país. Los policías caminan en las calles sin varas de goma ni armas de fuego, sólo su porte marcial genera respeto en la población.
Este paisaje revela el tránsito de la sociedad china. Un cambio de una sociedad tradicional a una moderna. Acepta la economía de libre mercado, pero al mismo tiempo se niega a quitarle el papel rector al Estado. A este híbrido, los gobernantes chinos le denominan economía de mercado socialista.
Las transformaciones. Al igual que las más grandes ciudades chinas, la figura de Mao Zedong se encuentra presente en gran parte de la población. Su retrato cuelga en las paredes de colegios, entidades públicas y hospitales. Pero, más que un guía político, Mao es ahora el símbolo de la dignidad del pueblo chino ante la prepotencia de los países occidentales.
Basta recorrer las librerías, inclusive las estatales, para darse cuenta de que los libros de econometría, marketing, publicidad y relaciones humanas reemplazaron a la vasta cantidad de obras dedicadas a resaltar la filosofía maoísta. Los famosos libros rojos, que llegaron a tener un tiraje de más de 100 millones de ejemplares, sólo se pueden encontrar en el mercado de pulgas, donde se venden como souvenirs a los turistas occidentales.
Los acelerados cambios de la economía china surgen con la ola de reformas de 1978. Antes de esta fecha, el Estado tenía el 99 por ciento de las empresas que operaban en el continente. Ahora, 37 por ciento de las empresas no es estatal.
Al mismo tiempo, las empresas estatales chinas sufrieron una gran transformación interna. La palabra beneficio o rentabilidad dejó de ser un vocablo vedado por los socialistas. Existe una conciencia nacional de la necesidad de la eficiencia de estas empresas. Pero, no sólo se busca satisfacer las necesidades del gran mercado chino, sino que existe una política sistemática para convertir a China en una potencia exportadora de bienes de consumo, como son la industria electrónica, los textiles, los zapatos y la juguetería.
Las principales armas con que cuenta China para enfrentar este reto son los bajos salarios, que promedian 65 dólares mensuales, la disciplinada mano de obra, la paz y el orden social en gran medida como producto de la ética del confucionismo.
A la caza de tecnología. Si bien es cierto que cuenta con todas estas armas, todavía las empresas chinas necesitan mayores reformas e importar nueva tecnología para aumentar aún más su competitividad en el mercado internacional.
Para tal efecto, el Partido Comunista de China acordó en el decimoquinto congreso, en setiembre de 1999, impulsar el proceso de reforma y modernización de las empresas estatales, mejorar la gestión empresarial y acelerar el proceso tecnológico.
La estrategia adecuada para optimar la capacidad tecnológica de las empresas chinas es la captación de las más grandes compañías transnacionales a escala mundial. Un mercado de más de mil 200 millones de habitantes es una apetecible carnada para cualquier empresa transnacional. Al ingresar firmas en la forma de joint ventures, la parte china puede absorber la tecnología y el conocimiento de las grandes trasnacionales.
Bu Boa Hua, jefe de protocolo de la Municipalidad de Beijing, nos explica la experiencia del Area de Desarrollo de esta ciudad, convertida en una zona franca en búsqueda de inversiones extranjeras.
Después de siete años que estas zonas industriales se encuentran bajo la autoridad municipal, 244 empresas transnacionales establecieron sus raíces. Compañías como IBM, Coca-Cola, ITT, Santoya, Panasonic, Nokia y Bayer se hallan en la zona de alta tecnología, a las cuales el Gobierno les proporciona una amplia red de servicios tecnológicos.
Estas empresas no sólo trajeron sus instalaciones, sino también sus investigaciones a territorio chino. Programas de estudio del genoma humano a cargo de científicos de 60 países, experimentos con la televisión digital y la nanotecnología son algunos ejemplos de la capacidad de atracción de las áreas de desarrollo chino.
El impulso económico de China le permitirá establecer una dinámica política exportadora en los países de la región. Empresas chinas de electrodomésticos ya comenzaron a instalarse en el Sudeste Asiático y en Vietnam. Sus bajos precios de producción y su creciente calidad les permiten conquistar nuevos mercados.
Pronto, el poder comercial de China llegará a todo el mundo, cuando se incorpore plenamente a la Organización Mundial de Comercio (OMC).
El Dragón Mayor cambia rápidamente de cara. Actualmente, de tres chinos, dos viven en el campo y uno en la ciudad, pero se espera que con los determinantes cambios se revierta esta proporción y se transforme en un país industrial.
TEXTOS Y FOTOS:
FABIAN VALLAS T.

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