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 ECOLOGIA

viernes, 19 octubre 2001 

“GRACIAS A ESTA NUEVA TECNOLOGÍA ES POSIBLE FABRICAR ALIMENTOS ENRIQUECIDOS Y PROTEGIDOS CONTRA EL ATAQUE DE LAS PLAGAS.”


Diversas instituciones ven la posibilidad de una “segunda Revolución Verde”










OGM   ¿La solución para la hambruna mundial? 
Cerca del gran río Níger, en el continente africano, unos hombres esperan con ansiedad a que llueva para poder sembrar, cosechar, alimentarse y volver a llenar sus graneros.
Al mismo tiempo, en laboratorios japoneses, chinos, filipinos, europeos y estadounidenses, los investigadores siguen buscando descifrar la secuencia de los 12 cromosomas y 50 mil genes que componen el arroz: padre de todos los cereales y alimento cotidiano de tres mil millones de personas.
En un plazo de cinco a diez años, esperan saber lo suficiente sobre este genoma como para intervenir no sólo en la “intimidad genética” del arroz, sino también en la del maíz, el mijo, el sorgo, la mandioca o la caña de azúcar.
El objetivo: hacerlos “naturalmente” resistentes a la sequía, los suelos salinos, los virus o las enfermedades. En pocas palabras, crear Organismos Genéticamente Modificados (OGM) para aliviar la hambruna que se padece en numerosas zonas del planeta.
Pero surge la pregunta, ¿los OGM asegurarán la alimentación de los 826 millones de seres humanos que actualmente la solicitan?

La polémica recién comienza. En su informe de este año, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se unió a los partidarios del “sí”, destacando “el potencial” de los OGM.
Según estudios de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en 50 años, la Tierra tendrá nueve mil millones de habitantes. Es decir, tres mil millones más de los que tiene ahora.
La alerta roja ya se encendió en Africa subsahariana, donde, al contrario de la India y China, el aumento de la población malnutrida siguen siendo explosivo.
Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo con la creación y desarrollo de los organismos genéticamente modificados.
Algunos afirman que el mundo sí cuenta con los recursos necesarios para alimentar a toda su población y que tan sólo faltan reformar las condiciones de explotación de los suelos, dándole a los pobres acceso al crédito y a los mercados locales.
Kanayo Nwuanzé –doctor en agronomía y director de la Asociación para el Desarrollo de la Ricicultura en Africa Occidental (ADRAO)– es uno de los expertos que analiza las potencialidades de esta nueva tecnología.
El asegura que si se negocia con las multinacionales –propietarias de las patentes de los “nuevos alimentos”–, se logrará que los OGM realmente respondan a las necesidades de los pequeños cultivadores, de lo contrario se tratará de un negocio más.

Nueva revolución verde. Para las instituciones internacionales que apoyan el desarrollo de los OGM, con un buen manejo, éstos mejorarían la vida de cientos de miles de pequeños campesinos de Africa Occidental, así como reducirían bastante sus importaciones de arroz.
Ellas se apoyan en la existencia de una incipiente legislación –en varios países africanos, asiáticos y sudamericanos– que regula su producción.
Sin embargo, los opositores a su generación sugieren que, antes de embarcarse en un proyecto de proyección mundial, es primordial responder primero a las siguientes preguntas: ¿Qué laboratorios y con qué financiación se controlaría los efectos nocivos que podrían desprenderse de la manipulación genética de organismos?
Así como, ¿cuáles serían las instituciones que supervisarían el desarrollo correcto de los OGM, evitando la diseminación de polen enriquecido, capaz de comunicar a las malas hierbas sus medios de defensa contra insectos y virus?
Algunos investigadores señalan que sería un error detenerse en la primera generación de OGM, forzosamente imperfecta.
“Pronto aparecerán los de la segunda, tercera y cuarta generaciones, que responderán cada vez mejor a las necesidades del Tercer Mundo”, afirma Jean Claude Prot.
Prot, que labora en el Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD) –organismo público francés afiliado al International Rice Genome Sequence Project (IRGSP)–, es uno de los numerosos especialistas que estudia el cromosoma 12 del arroz.
Según este especialista, gracias a los OGM podría fabricarse un arroz de rápido crecimiento, plátanos o papas portadoras de vacunas, entre otros.
Para muchas instituciones filantrópicas, como la Fundación Rockefeller, vislumbran en esta novedosa tecnología la “segunda Revolución Verde”, un nuevo modo de enmendar los errores y tragedias de la primera.
En la década de 1960, la primerra Revolución Verde permitió –mediante la creación de variedades de trigo y arroz de alto rendimiento– duplicar la producción de alimentos. Mas esto sucedió cuando la población mundial también empezaba a duplicarse.

Largo camino por recorrer. El International Rice Research Institute (IRRI), con sede en Filipinas, proyecta que recién en cinco o diez años se repartirá semillas gratis a los agricultores, cuyos ingresos no excedan los diez mil dólares por año, como se acordó con la industria agroquímica involucrada en el desarrollo de OGM.
Para las ONG de defensa del medio ambiente y la biodiversidad, como la red RAFI (Rural Advancement Foundation International), esta “gigantesca operación de relaciones públicas confirma una vez más el dominio de la propiedad intelectual sobre los pobres”.
Según algunos voceros de estas organizaciones, con el crecimiento de organismos modificados genéticamente “se podría herir de muerte a otras soluciones más eficaces, como la reintroducción de frutas y verduras, más ricas en vitaminas, que antes estaban disponibles a bajo precio”.
Para finalizar, Kanayo Nwanzé asegura que las OGM aún no son una prioridad para el mundo.
“Primero hay que mejorar las condiciones de la producción agrícola y la gestión de los suelos, evitar que se endurezcan después del barbecho y disminuir la importación de arroz en los países pobres del mundo, como sucede en Africa Occidental”, dice.
Sostiene que esto sí es una prioridad, la cual puede conseguirse sin los OGM, cuyos efectos aún se desconocen y que al parecer, además de la esperada bonanza alimenticia, traerían consigo el empobrecimiento de la biodiversidad de nuestro sufrido planeta.


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