TITULARES

Editorial

Política

Actualidad

Derecho

Cultural

Tribuna Libre

Informe

Economía

Miscelánea

Espectáculos

Deportes

Ultima Página

ARCHIVO
ENLACES


EL PERUANO
Diario Oficial
Fundado en 1825
por el Libertador Simón Bolivar

Director:
Manuel Jesús Orbegozo

Empresa Peruana
de Servicios
Editoriales S. A.
Av. Alfonso
Ugarte 873
Lima 1

Teléfono: (51-1)
315 0400
Fax:
424 5023




 C U L T U R A L

miércoles, 7 noviembre 2001 

ENTREVISTA EXCLUSIVA A JORGE EDUARDO EIELSON, DESDE MILÁN

El maestro de los versos exactos y refulgentes, de la mirada crítica, las soberbias imágenes y las tiernas comparaciones, Jorge Eduardo Eielson (Lima, 1921) conversó para El Peruano desde la tierra de los buenos vinos y el bel canto. Italia lo ampara desde hace varias décadas, ahí su obra in crescendo Poesía escrita se aviva con otros libros que nos revelan, siempre, la frescura expresiva y el hondo sentimiento de uno de los poetas más dotados de la lírica contemporánea en lengua española.












La imbatible soledad del poeta 
El homenaje a Jorge Eduardo Eielson, el artista y poeta peruano, estaba previsto para las seis de la tarde en la húmeda Milán. Estaban todos: el director del Instituto Cervantes, Iñaki Abad; el cónsul del Perú, Luis Mendívil; dos profesores universitarios, quienes resumirían y analizarían su obra: Martha Canfield, de la Universidad de Venecia, y el maestro Bellini, de la Universidad de Milán.
Hablé por teléfono un día antes con él y le propuse, sin ser una experta en arte ni en su obra, entrevistarlo centrado en su persona, a lo que Eielson me respondió que no se podía separar las dos facetas.
Aquello aumentó aún más mi deseo de encontrarle, pues en pocas palabras –pero justas– me hizo sentir inadecuada a la situación. Tenía una gran curiosidad por conocerlo, había leído algo de él, no mucho. Sabía de su recorrido artístico, pero no lograba definirlo como personaje.
Inicio de la ceremonia: un hombre diminuto entra perfectamente armónico, vestido de negro y con una expresión afable, aunque con cierto aire de misterio y distancia.
Todos se prodigaron en halagos, en descripciones de su obra y considero que nada fue exagerado. La profesora Canfield, por ejemplo, analizó sus características, tratando con esto de comprenderlo a profundidad.
Ella reflexionó en alta voz y dijo que era necesario hacerle algunas preguntas, pues tenía dudas. El profesor Bellini, por su parte más pragmático, expuso claramente su opinión positiva de la obra de Eielson.
Deseábamos conocerlo más, puesto que sabíamos que sus ideas son profundas y serias, propias de una persona que concibe la existencia como una vivencia, sintiéndola y anotando las sensaciones, profundizando el sentido de cada detalle en una búsqueda natural.
El público le formuló preguntas y sus respuestas fueron tan sencillas que creó cierto desconcierto, aunque también gran simpatía por su actitud afable.
Constatamos luego que sus palabras no fueron tan simples, pues llevaban consigo una humilde profundidad.
Nos leyó algunos poemas (“con cariño lo hago”) de su obra Sin título, libro en cuya carátula aparece el diseño de un “nudo” o “laberinto”.
Aquí dos poemas: “Hay gente que no ama la gente porque es diferente, / porque se viste de flores y tiene los ojos brillantes, / o porque adora un cocodrilo en lugar de una nevera, / o porque todavía alaba el sol cuando se eleva y se arrodilla cuando baja, / gente llena de amor a la gente parecida a toda la gente, / cuando en el firmamento no había una nevera sino tan solo un cocodrilo”.
Y también: “Todo lo es París para mí y Roma es también Nueva York o Lima, / en todas partes respiro, me pongo un pantalón y sonrío, / en todas partes me acuesto mirando las estrellas aunque no haya ninguna de ellas, / mi nombre es Jorge y soy el mismo mozalbete que leía Rimbaud y Mallarmé, / llorando como un niño, todos mis sueños, mis heces son las mismas en París, Roma, Nueva York o Lima”.

Imagen de artista. Un hombre procedente del Perú pasa de París a Roma por vacaciones con su amigo el poeta Javier Sologuren, y toma la tajante decisión de quedarse en Italia. Le pide a su amigo que le envíe sus libros, pues él no quiere siquiera dejar Italia para mudar sus pertenencias.
Con 50 años de vida en Europa, abrazó el budismo zen. El manifiesta: “Si el budismo influye en mi obra lo deben ver los críticos de arte. Mi experiencia fue siempre positiva y ya no es más para mí una disciplina, sino simplemente un modo de vivir”.
Desde hace años dedica su tiempo a la lectura de libros científicos. Después de firmar muchos autógrafos, pregunto:
¿Qué es el “encuentro” para usted, me refiero a su texto “La escalera infinita”, donde se refiere al encuentro de culturas?
–Hubo grandes encuentros, no diría uno sino muchos, todos son importantes. Desde los de la vida cotidiana hasta los grandes. Por ejemplo, el último para mí fue hace 15 años con la ciencia contemporánea, pues leo sólo libros científicos. No tengo tiempo, hay demasiadas cosas por aprender. Lo hago naturalmente no para volverme un hombre de ciencias, eso jamás en la vida, sino para profundizar muchas cosas que se toman ligeramente. Incluso los escritores contemporáneos dejan superficialmente de lado estas cosas y no creo que sea bueno para su salud.
Usted critica a la sociedad de consumo y considera que el arte propone modelos. ¿Hay necesidad de más artistas para mejorar la sociedad y darle una guía?
–Creo que faltan artistas auténticos, y, como usted debe saber, el arte está muy manipulado como todo el mundo, comprendiendo a los artistas incluso a los buenos, quienes se rinden ante el “Dios” mercado. Esa es una cosa muy crítica por mi parte y pienso que es incontrovertible. Por años hice muchos trabajos anónimos, completamente anónimos y viví en Roma por casi 20 años alejado de todo: viendo, observando y con amigos artistas muy importantes hoy en día. He vivido siempre por mi cuenta. Yo les decía que escribía, que no era artista visual; y con el otro grupo les decía lo contrario, para estar fuera de todo eso, y eso se paga, naturalmente, pero soy feliz de esto.
Usted es una persona libre que no quiere ser encuadrada. Con toda su capacidad y por los años que tiene en Italia, debió haber sido ya un profesor...
–Profesor no. Eso no me interesa, no tengo ninguna capacidad para enseñar a nadie. Pero si el trabajo que hago sirve sinceramente para que alguien aprenda algo, ese es mi papel, nada más. No me siento profesor de nada ni de nadie.
¿Es como una misión?
–No lo sé, la misión tiene un aspecto casi religioso, soy muy laico, un budista... Me parece que hay una dimensión sagrada en todo lo que hacemos y hay que respetarla, sea en las pequeñas cosas, en las grandes e importantes. En realidad, son todas iguales.
¿Cuál es su relación con el Perú? ¿Cuándo se sintió más peruano?
–Me he sentido siempre peruano. Cuando estaba en el Perú no, porque era muy joven, pero después siempre y también ahora. Eso no ha cambiado nada... No me siento italiano, estoy bien en Italia, pero critico mucho a este país. Toda la Italia actual sinceramente no me gusta, aunque el Perú de hoy tampoco es una gran cosa. Ahora me “refugio” (utilizo un eufemismo que no me gusta), pero el pasado para mí es importante. El pasado del Perú es extraordinario, no el incaico sino el preincaico. Aquí, en Italia, el pasado es también importante, el Mediterráneo es extraordinario. Tenemos raíces por ambos lados. No las tengo de la Sierra peruana porque soy de la Costa, pero eso no cambia nada, nuestras raíces americanas están ahí y las latinas también, son dos vertientes de la misma cosa. Tengo un poco de sangre escandinava, no se ve, pero ahí está, y eso cambia seguramente algo mi relación con el mundo y con los demás. He tenido un poco de dificultad con los peruanos, a lo mejor soy demasiado disciplinado, y el peruano es bochinchero.
¿Puede ser porque usted es un creativo y la soledad es muy importante?
–Estoy más acompañado cuando estoy solo... Nunca estoy solo.
¿Es la reflexión, la meditación, vital para su obra?
–La meditación, sí.
¿Su obra es producto de esa condición?
–No es un producto directo porque eso no tendría sentido, en cierta manera surge este aspecto en el objeto o en lo que tengo que hacer.

No hay más tiempo, el poeta se va dejándome con muchas preguntas. Con casi 80 años de edad, su paso es ligero y su carácter, más fuerte que nunca.

ISABEL RECAVARREN


TITULARES






Formato PDF