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La ciudad de lava
Arequipa en quechua quiere decir sí, ¡quédate!. Y quién no va a querer quedarse en sus bellísimos 2,350 m.s.n.m. Arequipa envuelve y embruja a sus visitantes y los obliga casi con dulzura a permanecer más tiempo en ella del que tenían previsto. El color de Arequipa es el blanco porque la mayoría de sus construcciones luce en su estructura una lava blanca porosa, denominada científicamente traquita y andecita, comúnmente conocida como piedra de sillar. Es la Pompeya peruana.
El río Chili hace un tajo y parte en dos a Arequipa. Cervantes, en La Galatea, decía que Arequipa es la ciudad de la eterna primavera. Es que su clima no puede ser mejor. Es prácticamente perfecto. Temperatura moderada, el Sol brilla casi todo el año, las lluvias son suaves, el aire es seco y fresco, y su cielo es de un azul puro. En las noches se ven las estrellas. Lo único malo de Arequipa son sus terremotos. Sin embargo, eso ha templado el carácter de sus pobladores, y les otorga el coraje de reconstruir sobre lo derruido.
Una leyenda inca cuenta cómo nació Arequipa. El cuarto emperador quechua estuvo por esas comarcas en 1140, más o menos. Durante su permanencia en la región de los collahuas se le informó que por tierras arequipeñas había grandes atractivos. Cuando Mayta Cápac vio la maravilla de los paisajes y la magnitud de las montañas, se quedó prendado, y prolongó su estadía. Entonces, para coronar ese lugar y sellar una alianza con los lugareños, celebró allí sus nupcias con la hija del curaca Llachi, que conoció en Coparaque, región de los rebeldes collas.
Su fundación hispana se efectuó el 15 de agosto de 1540. Sin embargo, Arequipa fue poblada desde la época preincaica. Así lo demuestran los petroglifos de Toro Muerto (900 d. C.), famosos por sus viejísimas cruces precolombinas. Los huaris también habitaron esa zona. Al igual que los collahuas. La verdad es que Arequipa es la cenicienta de la arqueología peruana. Falta investigar mucho allí.
Lo más resaltante que el mundo conoce de Arequipa es la momia Juanita. En realidad se encontraron tres momias en la cumbre del nevado Ampato (6,310 m) en octubre de 1995. Su antigüedad data de 500 años y forman parte de un santuario en el que los incas habrían realizado sacrificios humanos. El descubridor fue el arqueólogo estadounidense Johan Reinhard, jefe del proyecto nacional Santuario de Altura. Las momias iban acompañadas de ídolos de oro, keros, vasijas, cerámicas, tejidos, sandalias, sogas y pequeños ataditos de ichu. Este santuario es considerado el más alto del mundo.
La momia principal es Juanita, rescatada de la cumbre cuando estaba a punto de caer al abismo. Fue sacrificada a los 12 años, edad similar a la calculada a las otras dos momias exhumadas. No obstante, este ritual parece ser una costumbre difundida, pues al norte de Chile también se encontró la momia de un niño sacrificado en la cumbre del cerro El Plomo.
Entre las iglesias más célebres está la catedral, hoy con serios daños por el último terremoto ocurrido en junio. Asimismo, las iglesias de la Compañía, La Merced, San Francisco, La Recoleta, San Agustín, Santo Domingo, Santa Teresa, Santa Rosa y, por supuesto, el Monasterio de Santa Catalina (fundado en 1580).
Otras casonas dignas de nombrarse son la Casa del Moral (del siglo XVIII), la Casa Irriberry (actual sede de la Universidad de San Agustín de Arequipa), Ricketts o Ugarteche, Moneda y Goyeneche.
En cuanto a los museos, figura el Municipal, que contiene material histórico relacionado con poetas y héroes locales, el Museo de la Universidad de San Agustín, el de la Universidad de Santa María, que alberga una colección de piezas líticas, armas de piedra y objetos textiles.
En los alrededores de la ciudad están los poblados de Yanahuara, Cayma, Sabandía Yura, Socosani, Huasacache y la Mansión del Fundador Jesús, aguas termales muy conocidas.
No podíamos finalizar sin mencionar tres emblemas de Arequipa: la Virgen de Chapi, el Misti y el valle del Colca. El primero se encuentra en el Convento de San Francisco, de donde sale en sus andas, en procesión, el 1 de mayo. Esta fiesta de religiosidad popular se celebra a lo grande con chicha y té piteado, aparte de su cuy chactado y rocotos rellenos, entre otras comidas típicas más.
El Misti (5,822 m.s.n.m.) es un volcán nevado que se encuentra junto al Pichu Pichu (5,425 m.s.n.m.) y al Chachani (6,075 m.s.n.m.). El Misti es el más cautivante de los tres. Los arequipeños lo llaman el Sinaí peruano, pues, se afirma, en sus faldas se dictaron leyes de libertad y de justicia.
De otro lado, el único adjetivo que se le puede dar al Valle del Colca es el de terriblemente impresionante. Por algo, una parte del mismo recibe el nombre de Valle de las Maravillas. De allí que atraiga a tanto turista. En el Valle del Colca hay de todo. Es que colca significa almacén en quechua. Vemos andenes y nevados. Grandes erosiones de piedra, vicuñas y cóndores. Petroglifos misteriosos, mesetas, géiseres de vapores sulfurosos, ichus y yaretas (plantas usadas como combustible). Vestigios arqueológicos construidos por los antiguos collahuas.
De igual forma, los poblados de la zona parecen congelados en el tiempo, con las mismas costumbres, ropas y calles. Por ejemplo, en Chivay. En esa misma línea, el cañón de Cotahuasi posee las cataratas de Sipia, aguas termales y vista privilegiada de los nevados de Coropuna y Solimana y las fallas geológicas del cañón. Es un lugar propicio para la práctica del canotaje, trekking, fotografía y ciclismo de montaña. Nadie es el mismo después de conocer Arequipa, sus alrededores y sus vericuetos.
BEATRIZ ONTANEDA PORTAL
Periodista

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