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FUNERAL FESTIVO EN LA ZONA COMERCIAL MAS GRANDE DE LIMA
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GAMARRA ENTERRO A DON PESIMO
Alguien o algo murió en el jirón Gamarra, distrito de La Victoria. Sus deudos lo condujeron dentro de un ataúd plateado colocado sobre el capote de una carroza fúnebre. Su viuda lo lloró desconsoladamente con lágrimas de mentira, desmayos programados y frases lastimeras como ¿Por qué te fuiste?, que a cualquiera le formaría un nudo en la garganta de no ser porque todo era una representación.
Los transeúntes que pasaban por el lugar se detenían a ver qué sucedía, se preguntaban desde cuándo la muerte podía caminar en zancos y reventar los globos negros que arrojaban desde los techos los comerciantes de las galerías colindantes.
De trecho en trecho, una voz aguardentosa elevada decenas de decibelios anunciaba a través de un parlante lo siguiente: La Comisión Nacional para la Promoción de la Pequeña y Micro Empresa (Prompyme) invita al público a la inhumación de los restos mortales de Don Pésimo Pesimista, el cual será enterrado con todos sus temores.
Drama. No es la muerte de alguien sino de una idea: el pesimismo, que atrasa, que detiene iniciativas, que impide la inversión, dijo el ministro de Trabajo, Fernando Villarán, quien llegó a este emporio comercial con el fin de participar en la puesta en escena de este drama realizado por el grupo teatral Yuyachkani.
Elogió la iniciativa de los comerciantes de Gamarra por teatralizar este divorcio con el desánimo. Destacó el aporte al país de los pequeños empresarios de la zona, quienes dan trabajo a 70 mil personas en 15 mil empresas, algo único en Latinoamérica.
La música del conocido cantante Tongo se confundió con los lamentos de la viuda, mientras el tío del muerto daba vueltas, desesperado, alrededor del cortejo porque su pariente le había dejado deudas, estoy perdido, tendré que invertir.
¡Que llore la viuda!, gritaron los dirigentes de los comerciantes que cargaron a Don Pésimo. Ellos recibieron el apoyo del propio ministro, quien ponía el hombro junto a Juan Infante, director ejecutivo de Prompyme.
En el parque Indoamericano lucían tumbas dibujadas con yeso en polvo, cruces negras y un enorme hueco donde fue depositado el ataúd. ¡Muere mediocre!, gritó encolerizado uno de los personajes de la representación teatral.
Luego del entierro de rigor y, tras un minuto de silencio con risas de por medio, pues no pudieron evitarse, se puso fin a la oscuridad. De inmediato la viuda abandonó el luto, la muerte desapareció y payasos coloridos como papagayos salieron a bailar. Fueron la muerte y el entierro más alegres que jamás haya presenciado el público.

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