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 E D I T O R I A L

viernes, 7 diciembre 2001 
















Enclaves antidemocráticos 
Fue la transición chilena a la democracia la que acuñó el término “enclaves autoritarios” para referirse, en general, al mantenimiento de instituciones de la dictadura en pleno proceso democrático.
En el Perú de hoy tenemos no sólo la Constitución del fujimorato sino la presencia, en el aparato de Estado y los medios de comunicación, de personas ligadas a un oscuro poder cuyos tentáculos siguen funcionando gracias, entre otras cosas, al dinero mal habido.
El asunto es más preocupante de lo que las apariencias indican. Si contemplamos la historia veremos que esos enclaves pueden liquidar una democracia aún no solidificada. Ese fue el caso de Alemania durante la República de Weimar: nacida de la derrota militar, el nuevo régimen no depuró ni las fuerzas armadas ni la burocracia estatal, como tampoco el Poder Judicial, de modo que, en importantes instituciones habían personas que no creían en la democracia y añoraban la monarquía, el autoritarismo y el militarismo prusiano.
Esto permitió que se desestabilizara la democracia y que Hitler llegara al poder por la vía legal. En el Perú tuvimos nuestra débil democracia en 1945, cuando se la recuperó luego de un cuarto de siglo de autoritarismo: no sólo las cúpulas castrenses siguieron intactas, sino que los grupos empresariales y medios de comunicación que padecían de nostalgias autoritarias pudieron desestabilizar el régimen democrático con toda impunidad y cinismo.
Decimos esto porque, en el primer conflicto político del nuevo régimen (diciembre de 1945) los futuros golpistas de 1948 esgrimieron como bandera la “libertad de expresión”. Maquiavelo decía que “los hombres son tan ingenuos que quien engañe tendrá siempre quienes se dejen engañar”.
Poco tiempo antes de la toma del poder por los nazis, Goebels dijo que “si la democracia es tan estúpida como para facilitarnos nuestra labor de sabotaje, allá la democracia”. Nuestra democracia no debe ser igual a la de Weimar ni asemejarse a nuestra experiencia de 1945; debe defenderse y fortalecerse desalojando de sus posiciones de poder a los enemigos, no de este gobierno, sino del sistema democrático.
Este asunto debe quedar claro, como también lo es que resulta absurdo acusar de enemigos de las libertades a quienes lucharon por ellas y que es realismo mágico que sean los que ayer se sometieron a la mafia los que hoy tengan en sus labios tales acusaciones.


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