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Torre Tagle:recuerdos y esperanzas
El jueves de esta semana, el Jefe del Estado presidió una ceremonia que marcó un hito en nuestra Cancillería: la plena reivindicación de los 117 diplomáticos injusta e ilegalmente expulsados en diciembre de 1992. En aquel momento el Perú vivía bajo el oprobio de un autoritarismo que aún no se había cubierto con la piel de cordero de una Constitución; en consecuencia, tampoco existía el andamiaje seudodemocrático que se construiría en los siguientes meses.
Se trataba, entonces, de una dictadura abierta o gobierno de facto típico, donde el Poder Legislativo había sido disuelto, el Judicial y el Ministerio Publico intervenidos. El estado de derecho estaba totalmente fuera de la realidad del Perú en aquel momento. En este contexto, el régimen dictatorial decidió atentar contra una de las más respetables instituciones de la República.
En efecto, Torre Tagle ha dado a nuestro país ilustres profesionales y ha sido por largas décadas una institución dedicada a defender los intereses permanentes de la Patria. No se trata sólo de que, en asuntos fronterizos, sea la Cancillería nuestra primera línea de defensa, sino también en cuestiones diversas que van desde el comercio internacional hasta las acciones multilaterales, ámbitos en los que se encuentra a la vanguardia de la defensa del interés nacional.
Estos hechos objetivos fueron reconocidos por los diversos gobiernos del Perú, autoritarios y democráticos, conservadores y progresistas, a lo largo de casi cinco décadas. El régimen autoritario nacido en 1948, llamado la dictadura del ochenio, fue el único en casi medio siglo que intervino directamente en Torre Tagle para expulsar funcionarios; el fujimorato no sólo lo imitó, sino lo superó largamente.
La democracia plenamente restablecida no podía hacer otra cosa que reivindicar a las víctimas de ese atropello y tratar de elevar el nivel de nuestra Cancillería. No sólo aquellos que fueron expulsados sienten hoy que han recuperado su honor y prestigio, sino todos los funcionarios que contemplaron con sorda indignación el atropello y vieron resentidos sus espíritus, ven que hoy no sólo los vejados sino la institución misma han sido reivindicados.
Democracia implica respeto al estado de derecho y a las instituciones; el país ha sido notificado de que hoy existe la voluntad política de terminar para siempre con el estilo arbitrario de gobernar. Aquí se encuentra la solidez que da fuerza a las democracias.

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