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Buscando soluciones
La semana pasada, la comisión técnica multisectorial que evaluó el conflicto entre nativos y colonos en Flor de la Frontera entregó su informe. Este hecho constituye una muestra de celeridad encomiable, si tomamos en cuenta la tradición de un aparato estatal caracterizado por su morosidad.
Pero no se trata sólo de rapidez este aspecto, con ser importante, no es el realmente decisivo, lo que le da un carácter especial a la situación es su trasfondo: la forma en que las comunidades nativas son apreciadas. A ello debemos añadir que al diagnóstico de lo ocurrido se suman propuestas con proyectos de corto y mediano plazos.
Nuestro país vivió casi toda su historia de espaldas al mundo andino y amazónico. Pues, pese a que durante el siglo XIX se tuvo una visión dulzona y romántica de nuestro pasado indígena, al indio contemporáneo se le continúa viendo con desprecio apenas disimulado.
La situación es más grave con las mujeres y hombres de las comunidades amazónicas. La Selva fue considerada desde los momentos aurorales de la República una tierra ignota, desconocida y poblada por salvajes, a quienes se les miraba con una mezcla de temor y desprecio.
Esta actitud se ve reflejada en el derecho, no sólo porque la actitud de jueces y magistrados es generalmente de incomprensión frente a una cultura basada en valores y actitudes muy diferentes a la perspectiva occidental. A esto se suma que en muy pocas ocasiones se legisle considerando a los habitantes nativos de nuestra región amazónica.
De estas visiones, deriva otra percepción errónea: la región amazónica como un territorio vacío que debe ser poblado por personas dispuestas a colonizar una zona potencialmente muy rica.
La tragedia vivida en Flor de la Frontera es una cruel y dramática consecuencia de este conjunto de visiones equivocadas que, en tiempos más recientes, ecólogos y antropólogos cuestionaron a partir de una perspectiva más realista y fundamentada científicamente.
La raíz del problema está en que la perspectiva más moderna y equilibrada, defendida por los conocedores del tema, no tiene impacto en la clase política ni en las instituciones que influyen en los asuntos amazónicos.
El que una comisión nombrada por autoridades gubernamentales haya planteado un enfoque que va al fondo del problema, nos permite extraer una conclusión optimista: el Perú oficial empieza a buscar cercanía con los sectores tradicionalmente marginados.

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