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TRIBUNA PARLAMENTARIA
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¿Alto a la descentralización del Perú? Marchas y contramarchas
Una de las principales causas que explica el subdesarrollo del Perú es el hipercentralismo económico, político y administrativo en la capital de la República. Nuestros antepasados dependieron de instrucciones de la metrópoli española y, a inicios de la época republicana, se consolidó el poder de Lima sobre el resto del país. Más adelante, el modelo de sustitución de industrialización (ISI) incentivó a que las empresas se instalen en la capital política para realizar lobbies en perjuicio de la agricultura. En la actualidad, en el eje Lima-Callao, que ocupa apenas 2.6% del territorio nacional, se concentra el 55% del PBI industrial, 82.4% de las colocaciones bancarias y el 75% de las primeras 1,000 empresas, entre otros indicadores de concentración.
Diferentes serían las condiciones de las provincias con infraestructura que permita accesos expeditos a los centros de abastecimiento y consumo, con puertos eficientes, ferrocarriles modernos, con fuerza laboral capacitada, sin trámites burocráticos que obligan a recurrir a la capital, con mejores prestaciones de educación y salud y con ciudadanos decidiendo por sí mismos el destino de los recursos públicos que les corresponda.
Por eso, la promesa del presidente Alejandro Toledo de iniciar la descentralización, dentro del proceso de reforma del Estado, en el más breve plazo generó grandes expectativas en la población. Se creó el Consejo Nacional de Descentralización y la Secretaría Técnica de la Descentralización para formular propuestas de desarrollo descentralizado.
Sin embargo, tras la renuncia de alcalde Juan Manuel Guillén y la muerte de Pedro Planas, la descentralización dejó de ser el tema central en la agenda del Gobierno central.
Al parecer, existen fuerzas dentro del Ejecutivo que no estarían de acuerdo con iniciar el proceso de descentralización y que no están interesados en perder atribuciones en beneficio de otras instancias, con responsabilidades regionales y locales. Así, por ejemplo, de un lado, un ministro de Estado ya declaró que existe la posibilidad de que no se lleven a cabo las elecciones regionales durante el presente año y, de otro lado, algunos tecnócratas vinculados al MEF manifiestan que no es aconsejable descentralizar, pues existe el riesgo de seguir el ejemplo de las provincias argentinas, donde se perdió el manejo disciplinado de la política macrofiscal.
Sobre esto último, la lamentable experiencia de los gobiernos federales de la República Argentina, en materia de déficit fiscal, no tiene por qué repetirse en el Perú. Existen numerosas formas de evitar desequilibrios fiscales, como, por ejemplo, con la promulgación de una Ley de Prudencia y Transparencia Fiscal de los Gobiernos Regionales, que regule el manejo de las finanzas públicas regionales.
Descentralizar no significa impulsar políticas populistas para las regiones. Significa llevar adelante una de las reformas estructurales más importantes que requiere el país, que permita a los pueblos del interior una mejor asignación de sus recursos para alcanzar el ansiado desarrollo económico sostenible y competitivo.
Rafael Valencia-Dongo Cárdenas
Congresista de la República

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