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 I N F O R M E

jueves, 21 febrero 2002 

Son los primeros cuatrillizos en Latinoamérica, con aporte de la técnica de fecundación in vitro.


Hasta hace algunos años, la infertilidad sólo se trataba con éxito en clínicas particulares especializadas o en el extranjero. Sin embargo, en la actualidad, los avances científicos en el área de la medicina reproductiva ya no son ajenos a los hospitales nacionales.
Lo que beneficia aproximadamente al diez por ciento de la población masculina y femenina del Perú que tiene problemas de este tipo.








Felicidad multiplicada por cuatro
En el hospital Edgardo Rebagliati de Essalud, por ejemplo, el servicio de Reproducción Humana constituye el centro más importante del país, especializado en tratamientos de fertilidad. El nacimiento de los cuatrillizos el martes pasado confirmó la calidad profesional y técnica de esta entidad.

Asesoría reproductiva
Las mujeres aseguradas en Essalud, que por esas inexplicables cosas de la vida no pueden procrear, ven una luz de esperanza para solucionar sus problemas de fertilidad en el mencionado servicio de Reproducción Humana.
Maribel Aguirre Valderrama –la feliz madre de los cuatro bebés recién nacidos en el hospital Rebagliati– fue una de las pacientes beneficiadas con las novedosas técnicas de fertilización que promueve este centro.
De acuerdo con Cristina Zúñiga Moreno, doctora del referido servicio, el número de pacientes en espera es muy grande, mientras que las posibilidades de éxito son menores. “Es como si se participara en un juego de azar, sin saber quiénes serán los ganadores”, asegura.
La doctora Zúñiga afirma que el porcentaje de las posibilidades de embarazo mediante técnicas de reproducción asistida oscila entre 25 y 35 por ciento, siempre y cuando sean de un feto. Mientras, la “suerte” de concebir cuatro bebés, como en el caso de la enfermera Maribel Aguirre, se incluye en un escaso tres por ciento de probabilidades.

Cuatro son suficientes
Cuando Maribel Aguirre Valderrama recibió la noticia, de su embarazo el 11 de agosto del año pasado, estalló de felicidad junto con su esposo, Ricardo Valdivia. Primero agradecieron a Dios y después a la gestora de que se hiciera realidad el sueño de ser padres: la doctora Cristina Zúñiga.
Nueve meses después, esa felicidad se multiplicó por cuatro con la llegada de Ricardo Alfredo, José Miguel, Carla Maribel y Sandra Lucía. Pero este alumbramiento múltiple es el final feliz de una historia que comenzó hace cuatro años, cuando los padres de estos bebés se casaron.
Por aquella época la infertilidad tocó la puerta del joven matrimonio. Sin embargo, la pareja se resistió a aceptar la injusta realidad de no tener hijos. Después de dos años de intentos por concebir, optaron por la ciencia para superar el problema.
De esta manera, llegaron al servicio de Reproducción Humana del hospital Rebagliati. La ilusión y el deseo de procrear fueron más que suficientes para que la doctora Zúñiga los ayudara a decidirse por la técnica de fertilización in vitro.
“El procedimiento común en los casos de parejas infértiles consiste en evaluar tanto a la paciente como a su pareja. Esto fue precisamente lo que hicimos con Maribel Aguirre y su esposo, Ricardo Valdivia. En esta etapa descubrimos los factores que impiden la concepción”, dice la doctora Zúñiga.
En el caso de las mujeres, el diagnóstico, por lo general, se realiza mediante una laparoscopia, operación para determinar deficiencias ováricas.
“Una vez detectado el problema, llegamos a un acuerdo con la pareja para elegir el tratamiento. Es probable que en la mayoría de los casos sólo sea necesaria una inseminación simple, y en otros, técnicas de alta complejidad como la fecundación in vitro”, refiere.
La técnica aplicada a Maribel Aguirre motivó el primer parto múltiple en una mujer sometida al tratamiento de reproducción asistida, en Latinoamérica.
La doctora Zúñiga afirma que el procedimiento dura cerca de un año. Se inicia con una etapa previa de estimulación de los ovarios y seguimiento de la ovulación. De inmediato, se extraen los folículos, que son inseminados y pasan por la fertilización in vitro. Por último, se transfieren los embriones al útero de la paciente.
Los hospitales de Essalud del país todavía no pueden realizar la fecundación in vitro propiamente dicha, ya que requieren de laboratorios dotados con equipos de tecnología de punta, con los que aún no cuentan. Sin embargo, esta técnica ya se practica desde 1993 en clínicas particulares; y su costo asciende aproximadamente a tres mil dólares.
Toda la atención neonatal de los bebés, así como el control de la progenitora durante el embarazo, es responsabilidad de los especialistas del hospital Rebagliati, como fue el caso de Maribel Aguirre. Un equipo multidisciplinario –integrado por la doctora Zúñiga; el doctor Andrés Farro, jefe del servicio de Obstetricia de Alto Riesgo; y el doctor Guido Mayorga, jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatal– veló por la salud de la madre de quienes hoy son los engreídos de este hospital: los cuatrillizos.

Tras las huellas de Paiján

w La noche del 25 de octubre de 1950, una noticia revolucionó el apacible pueblo trujillano de Paiján: Marina Mendoza, esposa de Julio Tapia, dio a luz cuatro hermosas niñas a las que bautizó con los nombres de María Rosa, María Julia, María Elena y María Margarita.
Nacieron de parto normal y, como se decía en la época, “de puro macho”, sin cesárea, pero con la atención de una reconocida partera de la zona: doña Asunción Grados. Marina tenía 25 años y, al igual que toda muchacha provinciana de entonces, dedicaba sus cuidados a su esposo y su pequeño rancho.
Nunca pensó que tras la primera criatura saldría otra... y otra... y otra. “Me cogía el vientre para ver si había algún bebé más; luego de la cuarta, me desmayé”, recuerda medio siglo después.
Como no podía ser de otra manera, se armó gran jarana en el pueblo al igual que si fuera la fiesta patronal. Pronto, la noticia llegó a Lima y los directivos de un canal de televisión las trajeron a la capital para redondear la información. Hasta el cómico Tulio Loza se prestó para apadrinarlas en público.
Julio Tapia encontró trabajo como cartero en Lima y se quedaron para probar suerte. Lamentablemente, al poco tiempo moriría atropellado dejando a Marina sola y a cargo de las cuatro pequeñas. Pese a todo, se abrió paso como lavandera y hoy en día se engríe con sus nietos y bisnietos, quienes alegran su vida.

Otros casos

Igual conmoción sucedió en Washington, Estados Unidos, con el nacimiento de septillizos en julio del año pasado; emulando a los septillizos de Iowa en 1997 o los de Arabia Saudita, que nacieron el año siguiente.
En nuestros lares, la práctica de trillizos casi es una costumbre. El 9 de noviembre pasado, el hospital Almenara vio nacer a los trillizos de Paola Leiva Gálvez; y después a los de Adelaida Tejada, el navideño 25 de diciembre.
El hospital Rebagliati tendría lo suyo también el 9 de febrero de 2001, con los trillizos de Patricia Goycochea; y se despuntaría este año con los cuatrillizos de Maribel Aguirre, quienes fueron noticia hace sólo unos días.
Sin embargo, las mujeres de provincias no podían quedarse atrás. Juana Campoverde Montalván cabalgó 30 kilómetros hasta llegar al centro médico de San Ignacio, en Jaén, para escribir la epopeya de sus trillizas, el 29 de octubre de 2001.
En Chulucanas, Piura, Martha Valdez vería nacer a sus trillizas el 9 de octubre del mismo año; y algunos kilómetros más cerca, Isabel Checa pasaría por la misma emoción en el Hospital Regional de Trujillo, el pasado 9 de febrero.
Y como no podía ser de otra manera, la mujer chalaca también se hizo presente en el cuadro “medallero” con Ana Ávalos Borja, quien trajo al mundo a sus trillizas el 6 de marzo del año pasado.


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