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Puno tiene quien le escriba
La narrativa femenina de Puno se presenta aún como un espacio poco concurrido. Desde 1936, fecha en la que apareció la novela Madre mía, de Carmela Chevarría Farfán, la nómina de escritoras del altiplano peruano permaneció inalterable. Sin embargo, en los últimos años hemos visto emerger un nombre: Zelideth Chávez Cuentas.
Antropóloga, feminista y fundadora del taller literario Anillo de Moebius, Chávez es una de las más relevantes y consolidadas voces que tiene la literatura andina.
En sus libros Mujeres de pies descalzos (1996), El día que me quieran (1999) y Anatañani (2001), se afirma el uso de un estilo y lenguaje renovados. Sin embargo, la autora es consciente de que existe un mercado que margina y posterga la narrativa andina.
Hay gente que afirma que lo andino no vende. Eso francamente me irrita y por eso insisto en escribir sobre personajes andinos. No podemos olvidar toda la riqueza cultural e histórica de la serranía, afirma Chávez.
Esa perseverancia distingue a la autora. Su mundo auténtico, original y cautivante, difícilmente sea comprendido por quienes pretenden sublimar lo banal y efímero. Ella sabe bien lo que quiere. Apuesta por una literatura que denuncie y ofrezca un espacio donde los hombres y mujeres de América puedan encontrar su propia voz.
Recrea mitos, paisajes y costumbres autóctonos. Incluso replantea factores que determinaron la formación de una conciencia social acerca del indio y reivindica la imagen de la mujer andina, tan caricaturizada por los mass media capitalinos.
Autora y personajes comulgan en un equilibrio justo del drama, una propuesta desarrollada anteriormente por narradoras mexicanas como Elena Poniatowska y Carmen Boulloso.
Chávez no recurre al feminismo coprolálico ni a situaciones límites en donde el impulso hormonal determina desencuentros. Ella sugiere la defensa de la mujer desde la esencia misma del conflicto, desde una perspectiva testimonial donde el discurso de cada personaje se integra al contexto, permitiéndonos así, individualizarlos a través de planos enunciativos organizados dentro del drama.
La suya es una literatura de compromiso que se impone por su verosimilitud, porque, como bien lo afirmó José Carlos Mariátegui en El proceso de la literatura, las únicas obras que sobrevivirán a esta crisis serán las que constituyan una confesión y un testimonio.
MARÍA VILLA DE CASTRO

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