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Reactivar el agro
En esta semana el presidente Toledo comunicó medidas reactivadoras para el agro del Perú. Entre ellas destaca: apoyar la importación de bienes de capital a niveles arancelarios muy bajos e, incluso, el Jefe del Estado mencionó la posibilidad de un arancel cero. A ello se sumó el anuncio del próximo inicio de las funciones de Agrobanco, entidad financiera destinada a dar apoyo crediticio a los productores de nuestro campo y la decisión que atañe a las Fuerzas Armadas y al Ministerio de Promoción de la Mujer y del Desarrollo Humano, en el sentido de que adquieran preferentemente artículos producidos en el país.
En algunos sectores se ha visto con sentido muy crítico este tipo de medidas, por considerar que se trata de una expresión de intervencionismo que atenta contra el libre mercado imperante hoy en el mundo. Al respecto, es necesario precisar que en la realidad funciona de modo diferente a lo que suponen las personas ideologizadas que miran el acontecer económico a partir de lo teórico y libresco y no de los acontecimientos. Pese a la retórica ultraliberal que muchos manejan, a la hora de tomar decisiones políticas, la mayor parte de los gobiernos de países avanzados de economía de mercado aplica un conjunto de moderadas medidas proteccionistas arancelarias o paraarancelarias y, al mismo tiempo, utilizan al Estado como ente promotor de la actividad privada.
Si ésta es la realidad de los países avanzados, ¿por qué aquello que otros practican debe ser tabú en estas latitudes? La historia del desarrollo económico durante los dos últimos siglos revela que el pragmatismo condujo a la creación de Estados capaces de impulsar, mediante estímulos, al sector privado y así avanzar hacia el progreso.
El Perú inicia una reactivación económica y, en este contexto, es indispensable que el agro sea parte de este proceso, pues constituye 12 por ciento del PBI y emplea 32 por ciento de la fuerza laboral. A esto debemos añadir que buena parte de los peruanos que viven en extrema pobreza se encuentra en las zonas rurales.
El Estado no debía permanecer cruzado de brazos dejando que todo lo hiciera la mágica mano invisible del mercado. Era fundamental actuar, no para reemplazar la actividad privada, sino para incentivarla creando las condiciones necesarias para que los agricultores produzcan más.

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