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 I N F O R M E

viernes, 8 marzo 2002 

EN EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Para festejar la fecha como homenaje a la mujer peruana, tendríamos que cerrar los ojos. Porque disfrazada con diferentes términos siempre existe una violencia contra ella que se disimula, pero que no se resuelve.



Datos femeninos
La población femenina peruana es de 13 millones 294 mil mujeres.
Las mujeres llegan a representar el 50 por ciento de la población electoral: 7 millones 487 mil 868 ciudadanas.
El incremento de la participación en el ámbito nacional en cuanto a regidoras aumentó de 8 por ciento en 1995 a 24 por ciento en 1998. Y en el Congreso aumentó de 11 por ciento en 1995, a 18 por ciento en 2001.
El promedio de anemia es 31.6 mujeres enfermas; o sea de cada tres mujeres, una es anémica.
Según Manuela Ramos, las AQV compulsivas se seguían cometiendo en el año 2000. Casi 2,000 mujeres peruanas fallecen cada año al traer hijos al mundo.
La proporción de contagio de VIH/Sida entre hombres y mujeres se va acercando. De una relación de 11 hombres por una mujer, hemos pasado a 2.7 varones por mujer.
La Ley N° 27055 precisa que en ningún caso una víctima por violación concurrirá a la reconstrucción de los hechos. Sólo habrá confrontación si la víctima fuese mayor de 14 años.
La Defensoría del Pueblo afirma que la legislación sobre acoso sexual es insuficiente, porque entre otras razones, no considera a los servidores públicos, no imputa a los compañeros de trabajo, jefes inmediatos, etcétera, y no protege a las víctimas en los centros educativos ni instituciones militares y policiales.
Sólo existen 28 casas de refugio para víctimas de violencia en el ámbito nacional.






Mujeres: Trabajo y esperanza ante la adversidad     
Un estudio de la organización no gubernamental Rädda Barnen, encargado a Edwin Montoya, advierte que luego de una revisión en los juzgados penales de Lima y el Cono Norte, el 54 por ciento de las violaciones proviene de un pariente del menor; el 18 por ciento, el enamorado; 14 por ciento, un desconocido, 9 por ciento, algún profesor; y un 5 por ciento, vecinos o conocidos.
El debate se ha centrado en los últimos años en la protección de la libertad sexual como bien jurídico tutelado por el Estado. De tal manera que existe un paso importante con la aprobación de la Ley N° 26770, que deroga parcialmente el artículo del Código Penal que concedía beneficios al violador y los coautores, ante la eventualidad de ser eximidos de la pena, si uno de ellos se casaba con la víctima.
Pero aún falta afinar en la protección de las niñas y adolescentes; ya que cuando la violación se comete en agravio de menores de siete años la pena fluctúa entre 20 y 25 años; si tienen entre siete y diez años, la pena oscila entre 15 y 20 años; y si son menores de 14 a diez años, la pena se reduce a entre 10 y 15 años.

Culpable soy yo
El documento Derechos de las mujeres y equidad de género dice al respecto: “Esta discriminación entre las víctimas de un mismo hecho delictuoso –un ataque sexual no consentido- se sostiene en el arraigado prejuicio social que a medida que las mujeres van creciendo y dejan de ser doncellas, van igualmente perdiendo su valor de intercambio y por tanto de protección. En adelante, la justicia las convierte en sospechosas, en provocadoras e incluso en seductoras de sus propios violadores”.
Pero este dedo acusador no es nuevo. A juicio del doctor Daniel Azpilcueta, director del Instituto Peruano de Paternidad Responsable (Inppares): “Lo mismo sucede con los embarazos de adolescentes, cuya tasa en el Perú es alarmante, con el 13 por ciento de mujeres que no llegan a los 19 años y ya son madres. Muchas de ellas se practican un aborto que está penalizado para la mujer, pero ¿y el varón? Fácilmente puede negarlo y hasta desaparecer, sin que la sociedad lo incrimine.”
Aunque conseguir cifras al respecto es muy difícil porque la mayoría de abortos se realiza en la clandestinidad, un informe de The Alan Guttmacher Institute calculó que en 1994 se practicaron unos 270 mil abortos inducidos, lo que significa una proporción de cuatro abortos por cada diez nacidos vivos.

Penalidad más severa
Por su parte, la representante en el Perú del Fondo de Población de las Naciones Unidas, Mirtha Carrera Halim, precisa que se necesita una reforma constitucional en cuanto a los derechos de la mujer. “Hay que modificar el Código Penal, porque se castiga a la mujer que se practica un aborto sin entender el contexto del problema”.
Pero aclara que promover la despenalización no es lo mismo que buscar la aprobación ni la condonación del aborto “Hay países como Brasil y Perú donde el embarazo de adolescentes ha ido creciendo, y desgraciadamente, muchos de estos embarazos terminan en abortos con consecuencias fatales. Muchas veces el aborto es causa de muerte porque se practica en forma clandestina.”

Jugando con la muerte
Pero no sólo el fantasma del aborto amenaza a la mujer peruana. Entre 1996 y 2000 se efectuaron 350 mil esterilizaciones quirúrgicas, de las cuales sólo el 10 por ciento correspondió a vasectomías, mientras que el 90 por ciento significó la puesta en marcha de la aplicación compulsiva del método de anticoncepción quirúrgica voluntaria, las temibles AQV.
Una parte significativa se desarrolló durante las ferias o “festivales” que organizó en provincias el gobierno fujimorista. Un dato importante lo constituyen las 172 denuncias registradas por la Defensoría del Pueblo, en que se señala que la mayor parte no contaba con el consentimiento informado.
La doctora Carrera afirma: “Las mujeres deben tener una decisión informada con respecto al número de hijos que desean tener. Hasta hoy vemos la secuela de la oferta del servicio de AQV que fue denunciada en su momento, y es lamentable porque cuando existe una forma coercitiva daña el programa, porque la gente sospecha y pierde el apoyo. La planificación familiar debe ser accesible al derecho de elección de cada persona.”
Por su parte, el documento de Manuela Ramos precisa: “La iniquidad del aspecto de salud no sólo se presenta entre las clases sociales, sino también entre el hombre y la mujer. La aplicación compulsiva AQV trajo una secuela negativa con la subsiguiente pérdida de vida de algunas mujeres, a causa de pésimos tratamientos en condiciones negativas”.
Y se muestra más contundente al afirmar que “la responsabilidad de la planificación familiar recae, casi exclusivamente en la opción de la mujer. Aunque algo se ha avanzado, el hombre no forma parte del criterio de decisiones”.
Estos son términos que se plantean desde temprana edad y dependen de ciertas condiciones socioeconómicas. “También existe el estereotipo de la niña madre, cuando la hija mayor de la casa sacrifica su infancia y adolescencia cuidando a sus hermanos menores. Se convierte en doméstica de su casa y en joven mamá. Cuando alcanza la adolescencia, solamente vuelve a repetir los patrones y tenemos otro embarazo y nuevamente se cumple el ciclo de la marginalidad y la pobreza”, dice el doctor Daniel Azpilcueta.
En el mismo sentido tenemos que otro foco de marginación es la brecha entre la fecundidad deseada y la fecundidad real. Según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar, Endes 2000, “la mujer peruana desea tener 1.8 hijos, pero al final de su vida reproductiva tiene 2.9 hijos, casi tres”.
Este promedio se agrava al desagregarlo por departamentos. En Huancavelica desean tener 3 hijos y tienen 6.1; en Huánuco desean tener 1.5 y tienen 4.3 hijos, algo similar sucede en Loreto, Apurímac, Ayacucho y Cusco.
El funcionario de Inppares explica las razones: “En muchos lugares del país la existencia de los hijos es una forma de ‘atar’ al marido para asegurarse algo de dinero para el sustento diario. El hijo es símbolo de amor y de posesión. La fecundidad es un valor en nuestro país, la infecundidad es un devalor. La mujer que no puede tener hijos, vale menos, en términos sociales populares”.

TITO BARREDA


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