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Una visita histórica
Dentro de muy poco, George W. Bush pisará tierra peruana. Existe un consenso en que se trata de un acontecimiento histórico: es la primera vez que un presidente de Estados Unidos en ejercicio llega a nuestro país.
Que el liderazgo de la única superpotencia del planeta se interese por el Perú es un suceso que merece reflexión. A partir de aquí se puede generar un conjunto de consecuencias positivas.
En primer lugar, los inversionistas privados aprecian la actitud de Bush como un aval al Gobierno peruano, lo cual, si bien no genera cambios inmediatos, sí tiende a propiciar un clima más favorable en nuestro país. De este modo, existe un beneficio de tipo mediato.
Si el gesto del presidente de Estados Unidos ayuda a que el Congreso apruebe la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas, el Perú obtendría un apoyo económico tangible que impulsaría la reactivación y aceleraría su ritmo.
A esto debemos añadir que en el campo de la lucha antidrogas, un punto importante en la agenda política de Washington, puede conducir a que las perspectivas nacionales sean tomadas en cuenta y nos ayuden a reactivar nuestro agro. Para nosotros, las posibilidades de incrementar nuestras exportaciones constituyen el más importante apoyo.
Subsiste, sin embargo, la tradicional actitud cuestionadora antiestadounidense en sectores de la izquierda radical. Para estos grupos, el vecino del norte encarna la más negra y oscurantista reacción. El problema de estos críticos es que no comprenden los cambios ocurridos en el mundo luego de 1991.
En efecto, el fin de la Guerra Fría eliminó la mayor parte de los aspectos negativos vividos en la compleja relación interamericana. De otro lado, los críticos progresistas ignoran la simpatía hacia el país del norte mostrada por Carlos Marx y Federico Engels, así como el papel progresista de Estados Unidos frente al militarismo del imperio alemán y el fascismo durante las dos guerras mundiales.
Lo increíble es que gente de mentalidad avanzada haya terminado defendiendo, expresa o tácitamente, a regímenes represivos y oscurantistas como los de Saddam Hussein, Milosevic o el Talibán.
Es criticable, asimismo, que se pretenda utilizar la llegada al Perú de una personalidad mundial para mezquinas cuestiones y reclamos sectoriales. Si tuvieran éxito en dar la imagen de un país caótico, los perjudicados seremos todos.

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