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 O P I N I O N

viernes, 22 marzo 2002 














Definirse ante la violencia  
PRESENCIAMOS ayer a todas las fuerzas políticas, los representantes de la sociedad civil, gremios y al Gobierno, suscribir un documento de reafirmación democrática y de unidad frente a las amenazas del terror.
También vimos cómo el centro comercial El Polo, demostrando el temple de que están hechos quienes allí trabajan, abrió sus puertas; e incluso el Banco de Crédito –que fue directamente afectado– mostrando las huellas del atentado criminal, atendió al público. Toda una lección de entereza que debe ser puesta de relieve.
Asimismo, los gremios y organizaciones responsables decidieron suspender sus marchas, para no dar pretexto ni oportunidad para que el terrorismo los infiltrase; o evitar ser usados por quienes quieren dar una imagen de un país en caos. En ese sentido, hay que reconocer que la CGTP esta vez dio un ejemplo de madurez y patriotismo al aplazar sus protestas.
Ésos son quienes representan a aquel Perú que no se deja doblegar por el infortunio; aquel que ante los intereses superiores de la Patria depone sus legítimas discrepancias para unirse; aquel país generoso y solidario ante el dolor; aquel país que nunca pierde su capacidad de indignarse ante la barbarie; y, por último, aquel país amante de la paz.
El Terror, con mayúsculas, es el enemigo. Una amenaza ubicua de dimensión planetaria, muy difícil de controlar y que ataca por sorpresa. El atentado del 11 de setiembre es todo un ejemplo. Ayer mismo vimos cómo en Israel un hombre-bomba causaba una masacre; asistimos en España al asesinato de un concejal del Partido Socialista por ETA; etcétera. En el mundo, América Latina no es una excepción. En nuestras fronteras tenemos el caso de Colombia.
Es una de las plagas de este mundo globalizado que deben combatirse globalizadamente, mediante una estrecha cooperación internacional entre los países democráticos. De allí la importancia de la presencia de Bush en Lima, entre otras cosas, para la seguridad en la región, eso explica la reacción que produce en el terrorismo.
Pero lamentablemente también hay otro sector político: el que antepone sus intereses particulares o de grupo, uno que parece que no es capaz de tener sentido de nación, y aquel que –por sus deformaciones ideológicas– sirve de compañero de viaje al terror y a aquellos que buscan deliberadamente la desestabilización y el desquiciamiento del orden social. Parafraseando a Vallejo, podemos decir que no son muchos pero son.
Allí está la ultraizquierda violentista y maoísta Patria Roja –(a) Nueva Izquierda, (a) SUTEP, (a) Frente Patriótico de Loreto– en alianza con el viejo partido comunista de ex obediencia moscovita, que ha ratificado que saldrá a las calles a combatir al “imperialismo” y expresar su rechazo a Bush. Tratará de empañar la visita, robar cámaras de televisión y mostrar la imagen de un país en pie de guerra.
Otra cosa no se podía esperar de ellos. Pero sí del alcalde de Arequipa, Juan Manuel Guillén, uno de los responsables de las protestas que desquiciaron la Blanca Ciudad el día de ayer. Pero más grave sería, y nos resistimos a creerlo, que ésa fuese su forma de buscar votos para acceder a la presidencia de la región en noviembre.
El alcalde tendría que meditar sobre sus compañías. Especialmente de lo que se murmura en su ciudad sobre los orígenes de quien preside el Frente Amplio, Luis Saraya López. Provendría del antiguo partido comunista, el que ahora está aliado con Patria Roja. De no ser así, Saraya deberá despejar las dudas sobre su militancia.
Hay que reconocer que no fue el hidalgo pueblo de Arequipa el que salió ayer a las calles, sino reducidos grupos de personas que amedrentaron con su presencia a la población, que lo que desea es trabajar y paz. Además, si el alcalde cierra el municipio, ¿qué se puede hacer? Para saber lo que significa cuando la ciudad realmente se alza, hay que recordar 1930, 1950 o 1955.
Esperemos que reflexionen y, sin negar nuestras naturales diferencias, podamos todos darnos la mano en señal de unidad y de coincidencia en los intereses superiores de la Nación.


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