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Mentiras verdaderas
EL lunes, desde San José de Costa Rica, nos llegó una tajante afirmación de Alfredo Bryce Echenique, realizada en el Festival Internacional de las Artes. El escritor fue rotundo al hablar de las encuestas en el Perú: A Toledo lo veo cada vez más débil y más frágil, y ya su popularidad se vino abajo.
Pero al escritor le va a ser difícil tratar de encontrar una justificación a sus palabras a la luz de los resultados de Apoyo. Además, puso su propia credibilidad en tela de juicio, al sostener enfáticamente el desplome absoluto de la popularidad presidencial, cuando ya se conocía la encuesta de CPI que reflejaba un crecimiento de 4 puntos.
La conducta de Bryce es emblemática respecto de lo que hacen muchos de nuestros analistas: precaria información y repetición de artículos de fe convertidos en lugares comunes. En el caso de la imagen de Toledo, daban ya por un hecho que estaba, como dice el tango de Gardel, cuesta abajo en su rodada, como un paria que destino se empeñó en deshacer.
Sin embargo, más complicado aún le va a ser a las propias encuestadoras explicar resultados disímiles y contradictorios, pues existen variaciones radicales entre los sondeos de una y de otra. También hay explicaciones para los 8 puntos de Apoyo, que dejó mudos a los profetas del apocalipsis, para todos los gustos. Estos análisis se podrían resumir, parafraseando a Cantinflas, en un sí, pero no, a lo mejor tal vez, quién sabe.
La respuesta es mucho más simple y directa: los sondeos de opinión, en el mejor de los casos, son reflejos de un instante, porque están condicionados por una multitud de factores. Las encuestas no son la ciencia exacta que algunos quisieran; se aproximan más bien como el título de la película a unas mentiras verdaderas. En eso el Gobierno ha sido muy prudente: no ha caído en la tentación de la encuestocracia ni aún cuando, como en este momento, los vientos de los sondeos soplan ampliamente a favor, para desconcierto de quienes pretendían arrinconarlo en un supuesto declive irreversible.
Afirma Giovanni Sartori, el famoso politólogo italiano, que las opiniones recogidas en las encuestas son:
1. Débiles (no expresa opiniones intensas, es decir, sentidas profundamente).
2. Volátiles (puede cambiar en pocos días).
3. Inventadas en ese momento para decir algo (si se responde no sé se puede quedar mal ante los demás).
4. Producen un efecto de reflejo, en otras palabras, un rebote de lo que sostienen los medios de comunicación.
Hay otro aspecto más preocupante. Estas interpretaciones tienen una repercusión muy seria. Lo que dice Bryce, un escritor reputado, con tanta ligereza en un tema bastante relativo como el de las encuestas, rebota en las agencias de noticias y en los medios internacionales, lo cual proyecta una visión negativa del país que tiene efectos económicos. Allí está ese informe exagerado de Newsweek de hace unas semanas.
Por supuesto que el repunte en las encuestas del presidente Toledo no es acogido con el mismo entusiasmo ni despliegue por aquellos que proclaman incertidumbres. No se trata de negar el derecho a la crítica, sino reclamar que los medios de comunicación y quienes son líderes de opinión lo hagan con seriedad y responsabilidad, al saber que la imagen internacional de un país también se nutre del periodismo local. Ésta es una de las principales fuentes de información de la prensa extranjera, que convierte muchas veces las visiones sesgadas y el subjetivismo en categorías objetivas, que dan la vuelta al mundo convertidas en verdades.
Los políticos generalmente suelen andar en otro juego y eso se sabe, por eso su credibilidad es pasada por un tamiz. La situación es distinta con quienes, por su prestigio intelectual o por tener una responsabilidad con la sociedad, tienen la obligación de ponderar los hechos sin que esto signifique renunciar a un punto de vista crítico.

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