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Ad honórem
Hay quienes protestan porque algunos integrantes de la Comisión de la Verdad y de la Reconciliación reciben un sueldo. El argumento principal parte de considerar que el hecho de recibir un estipendio le quitaría independencia a los comisionados.
La lógica de la objeción resulta cuestionable: si el recibir sueldo del Estado anula la independencia, no existirían jueces ni fiscales autónomos, y lo mismo ocurriría con los miembros del Tribunal Constitucional y, por cierto, con los propios congresistas.
La propuesta acerca de que los integrantes de la comisión trabajen ad honórem parece ser un intento más de arrojar sombras sobre una entidad que debe merecer el respeto de la ciudadanía, por la importante labor que está comenzando a realizar.
Como en los días del fujimorato, se busca hacer escándalo con la cuestión de los sueldos, sin querer comprender que las cosas son al revés de como se plantean. El sueldo no es signo de privilegio ni riqueza, por el contrario, constituye una muestra de apertura hacia las personas no pudientes.
La razón es sencilla: si el encargo fuera ad honórem, sólo los ricos o los privilegiados que disponen de una licencia laboral con goce de haber podrían integrar la comisión. Las personas carentes de rentas y que deben trabajar para vivir simplemente no podrían hacerlo.
En el Perú, muchas veces se hizo demagogia con los sueldos, al ver el árbol pero no el bosque: en el decenio de 1960 se criticó duramente los sueldos de los técnicos del recientemente creado Instituto de Planificación, sin querer entender que sin buenos sueldos no se podría contratar funcionarios capaces; y en el decenio de 1990, Fujimori hizo demagogia con los sueldos de los parlamentarios, al ofrecer salario mínimo en el Legislativo, para terminar pagando en el Congreso Constituyente Democrático (CCD) más que en el disuelto Congreso, en el que supuestamente se ganaba demasiado.
Entonces no es sano jugar con exigencias poco razonables (como plantear que gente que trabaja por el país viva del aire). Tampoco seamos mezquinos con una comisión que merece nuestro respeto y cuyo trabajo tendrá que ser evaluado una vez que concluya. Tratemos de ser serios; comprendamos que se trata de una comisión integrada por personas de solvencia intelectual y moral. No seamos prejuiciosos; si existiera alguna objeción contra alguien, hagámosla con fundamentos racionales.

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