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Iniciativa peruana
En el ámbito de una entidad multilateral como la Organización de Estados Americanos (OEA) se debatirá una iniciativa peruana de convención hemisférica contra el terrorismo.
Una convención es una norma de Derecho Internacional que trata un tema de modo detallado e integral. En este caso, el objetivo es reunir a las diversas figuras delictivas ligadas a las acciones terroristas. Así será posible eliminar cualquier tipo de traba cuando se adopten políticas conjuntas para enfrentar esta grave amenaza.
Nuestro país tiene autoridad para referirse al tema; la razón la conocemos: a lo largo de casi década y media vivimos bajo el embate criminal de grupos violentistas cuyo propósito era tomar el poder mediante la lucha armada.
Las acciones terroristas son generadas por un tipo de mentalidad antidemocrática y totalitaria: el individuo no es un fin en sí mismo, tampoco existen valores morales absolutos. El bien y el mal son relativos y deben supeditarse a los objetivos políticos e ideológicos de esos sectores extremistas.
Puede ser el fundamentalismo religioso, el radicalismo nacionalista o el leninismo maoísta o guevarista, las consecuencias son las mismas: pequeños grupos organizados en forma clandestina, con rígida disciplina, sistemas de seguridad compartimentalizados y una voluntad de generar miedo para obtener beneficios políticos.
En América Latina, una vez concluida la Guerra
Fría y, con ella, la bipolaridad mundial, el carácter ideológico de izquierda radical, la base principista de la mayor parte de los grupos subversivos que practicaron el terrorismo, pasó a ser algo obsoleto. Caso similar ocurrió con los principios teóricos de la extrema derecha, emparentada con el fascismo, que sirvieron de fundamento al terrorismo de Estado de no pocas dictaduras latinoamericanas.
En nuestra región, el narcotráfico se convirtió en el gran financista de los sectores políticos que utilizan la violencia, y estos últimos pierden gradualmente sus ideales para ingresar en una especie de cinismo pragmático que los conduce a mantener el enfrentamiento armado, porque les resulta un lucrativo modo de vida.
Las mafias de la droga pueden apoyar a cualquier sector extremista que desee ingresar en el camino violento o incluso organizar a sus esbirros y amenazar la paz de un Estado, tal como ocurrió con Los Extraditables. Tampoco debemos sentirnos demasiado confiados porque los sectores ultrarradicales inspirados en concepciones religiosas no se manifiesten en nuestra región. El atentado contra la Amia nos hizo ver que estábamos errados.

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