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 I N F O R M E

miércoles, 10 abril 2002 


Personal de tropa del Ejército se capacita en su centro técnico laboral


Durante la difícil década de los ochenta, las “levas” fueron quizá uno de los peores enemigos de la juventud peruana. Una medida extrema como respuesta a la violencia interna que vivía el país, que truncó sueños y proyectos. Hoy la realidad es otra, menos dramática y mucho más esperanzadora. El servicio militar ha cambiado: ha enterrado en el pasado su imagen autoritaria para dar paso a una alternativa, en la que no sólo se ofrece instrucción castrense, sino también técnica y laboral.








Preparados para defenderse con otras armas
Carlos Anco creció mirando el volcán Misti con una pregunta que siempre perturbó su mente: ¿qué habrá más allá de estas tierras? Cuando por fin salió de su natal Caylloma para despejar la duda, cayó en la vorágine capitalina. Aquí se estrelló con una realidad que no esperaba, por lo que decidió seguir el llamado del servicio militar. Grande fue su sorpresa cuando descubrió que tenía dotes para la carpintería.
Este joven arequipeño, que ahora lleva 21 abriles encima, es uno de los miles de soldados beneficiarios del Centro de Capacitación Técnico Laboral del Ejército (Cecatel). El programa fue incorporado a la currícula impartida al personal de tropa del servicio militar en 1994.
En la actualidad, todas las unidades de las regiones militares aplican este sistema, que consiste en la preparación ocupacional en doce especialidades: computación e informática, industria del calzado, del vestido, instalaciones eléctricas y sanitarias, albañilería, encofrado, mecánica de producción y automotriz, rectificación de motores, serigrafía, así como carpintería.
Vientos de cambio
El mayor Ricardo Camino Antúnez de Mayolo, director del Cecatel correspondiente a la Primera División de Fuerzas Especiales, asegura que el propósito del programa, dirigido sólo al personal que realiza servicio militar voluntario en el Ejército, es la muestra más evidente de la modernización de esta institución.
“El propósito del Cecatel es capacitar a los jóvenes para su desempeño en la vida civil cuando concluyan el servicio militar. Antes, el soldado que servía a la patria sólo recibía formación militar, y al salir no tenía trabajo, o en el peor de los casos se dedicaba a la seguridad. Gracias a esta innovación, ahora cuentan con una oportunidad laboral distinta”.
Desde 1999, de acuerdo a ley, el servicio militar es voluntario. Además de instrucción castrense, los soldados reciben beneficios como alimentación, atención médica gratuita, remuneración básica mensual, facilidades para continuar estudios de primaria, secundaria o superiores, descuento del cincuenta por ciento en la inscripción de ingreso a la Escuela Militar de Chorrillos, la Escuela Técnica del Ejército, otros institutos armados, así como a universidades e institutos superiores estatales.
A decir del mayor Camino, el 95 por ciento del personal de tropa que cumple servicio militar proviene del interior del país o de zonas extremas de Lima. De todos ellos, sólo la cuarta parte tiene secundaria completa. Sin embargo, gracias a convenios con centros educativos, los soldados con estudios inconclusos tienen la opción de terminarlos en el turno de noche.
El servicio comprende cuatro etapas. La primera consiste en la adaptación de la vida civil a la militar y dura dos meses, tiempo en el cual los soldados permanecen dentro de los cuarteles, sin ningún contacto con el exterior.
Después de este período, durante seis meses se desarrolla la fase de ampliación. En este tiempo empiezan las salidas los fines de semana. La tercera etapa es de especialización y dura medio año más. Hasta aquí la instrucción es exclusivamente castrense.
“Los primeros 18 meses, el énfasis está puesto en las técnicas de manejo de armas y en las tácticas de combate bélico. El soldado es preparado para defender la patria en caso de conflicto. Y el último semestre se dedica a la capacitación en Cecatel”.
La totalidad de los efectivos que realizan el servicio militar se especializa en los cursos técnicos. En principio, reciben clases teóricas durante dos semanas, para luego realizar las prácticas en módulos acondicionados con equipos de tecnología de punta. Éste es el caso de la especialidad de mecánica automotriz, que cuenta con un automóvil de entrenamiento, así como con un taller de rectificación de motores y cigüeñales.
Convenios de práctica. Todo el personal de tropa tiene opción de elegir el curso que más se acomoda a sus perspectivas laborales en la vida civil, y en el mejor de los casos es posible escoger dos asignaturas. Los soldados que culminan su preparación en Cecatel reciben un certificado a nombre de la Nación que los deja expeditos para competir en el mundo laboral. Asimismo, es posible revalidar estos cursos en cualquier instituto superior tecnológico del país.
“En Cecatel no sólo se ofrece capacitación, sino también se facilitan prácticas a través de convenios con diversas instituciones. Por ejemplo, algunos soldados del curso de mecánica automotriz practican en Senati; y los de otras asignaturas, en fábricas y pequeñas empresas, con la posibilidad de que sean contratados”.
De otro lado, las prendas que se elaboran en las clases de industria del vestido, como buzos o polos, son utilizadas por el propio personal del Ejército, al igual que los muebles producidos en carpintería.
“Al finalizar el servicio militar, los soldados que deseen continuar en la institución, pueden “reengancharse”, es decir, se mantienen como personal de tropa, aunque con otro tratamiento. Ellos pueden salir todos los días, tienen otras bonificaciones y firman contratos voluntarios por dos años. Al cabo de un tiempo, dan un examen de clasificación que les permite ascender a suboficiales de reserva, y posteriormente postular a una escuela de formación militar superior”.
La defensa de la patria está más que garantizada. Pero mientras los soldados del servicio militar no sean requeridos para defender la soberanía nacional, tienen la alternativa de enfrentar el mundo con otras armas, fundamentales para triunfar en la vida civil: la habilidad técnica y la imaginación.

Paola Pinedo García


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