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Tres nuevas comisarIAs pertenecen a la promoción Honorables, de la Escuela de Oficiales de la PNP
Tres cosas en común comparten las tres mujeres comisarias que tiene el país: un optimismo sin fronteras, haber sido las más aplicadas en la Escuela de Oficiales de la Policía Nacional y tener la certeza de que, cuando se habla de maltrato familiar, ninguna historia
es igual.
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Tres mujeres, una sola misión
Para ellas, el cargo que tienen es todo un reto, una responsabilidad que no sólo las llena de orgullo, sino las compromete con sus congéneres, porque aseguran somos un ejemplo para las mujeres que ingresan en el servicio policial.
Edith Aponte Mariño, Betty Calderón Castañeda y Clara García Ruiz están, desde hace poco, al mando de las comisarías de mujeres de Villa El Salvador, el Callao y Lima, respectivamente, lo que constituye un cambio de política institucional para dar oportunidades al sexo femenino.
Estas dependencias policiales asisten a adultos y niños en situaciones de violencia física o psicológica y luego, dependiendo de la gravedad de las denuncias, las derivan a las fiscalías o juzgados de familia.
Las capitanas cuentan que cuando acuden a las reuniones de comando, ellas son una especie de lunar en la sala, pues la mayoría de los asistentes son oficiales varones. Sin embargo, confían en que el género femenino ampliará muy pronto sus fronteras.
"Hasta cierto punto a los hombres les gusta que nosotras seamos comisarias", dice Clara García Ruiz, al mencionar que nunca tuvo un gesto de desobediencia de sus subordinados de la Comisaría de Mujeres de Lima.
Las historias que llegan hasta sus despachos pueden sonar repetitivas, pero algunas como el recién nacido abandonado en la calle, la madre ebria que se queja de la indiferencia de sus hijos y de la menor ultrajada que no quiere tomar en brazos a su pequeño no dejan de sorprenderlas.
"Hay gente que necesita un trabajo de contención porque su autoestima está tan baja, tan disminuida. Pero hay casos en los que la gente también exagera, por eso la atención que le damos no es rápida, sino tratamos de compenetrarnos con su problema", dice Clara García.
Y en este lío de frases hirientes, manos atrevidas y torturas psicológicas no sólo se involucran mujeres y niños. Los hombres también, aunque no en un porcentaje importante. "Ya no aguanto más, yo trabajo duro, pero cuando llego a la casa los niños están descuidados y ella encima me pega." (Testimonio de uno de los agredidos.)
Se espera que en los próximos meses no sólo sean tres las comisarias mujeres, sino cinco. Las dos nuevas autoridades se encargarían de las dependencias de los distritos de San Juan de Lurigancho e Independencia.
Aficionada a la lectura y el deporte
Clara García Ruiz es natural de Ferreñafe (Lambayeque) y el 5 de marzo pasado asumió la conducción de la Comisaría de Mujeres de Lima, considerada la matriz por ser la más antigua y la que concentra el mayor número de denuncias: 16 a 18 por día.
Cuarto puesto en rendimiento académico cuando estudió en la Escuela de Oficiales de la PNP, la capitán se declara aficionada a la lectura (en estos días lee libros de derechos humanos y defensa de la mujer) y al deporte.
Al terminar sus estudios, trabajó en la central de emergencia 105, en la Unidad de Control de Tránsito, en la Dirección Nacional de Seguridad Vial y luego de especializarse en grafotecnia, ingresó en la Dirección de Criminalística.
Está casada, por cosas de la vida, también con un policía. "Para mí ha sido un orgullo encargarme de esta comisaría. Agradezco a mi esposo y a mi familia por haberme apoyado", manifiesta.
Para la capitán García, es muy importante brindar una atención personalizada a la persona agredida. "Ellos necesitan que alguien los escuche y muchas veces, cuando se enteran de que el comisario es mujer, piden hablar con ella."
Una vez comenta llegó de noche una señora ebria, que hacía escándalo en la calle y cuando el serenazgo la trajo, nos pusimos a conversar y grande fue mi sorpresa que al llamar por teléfono a su casa, su hijo me dijo: "Y ahora qué ha hecho mi mamá".
Por supuesto continúa, no le dije a la señora lo que nos contestó su hijo, aunque después de conversar tanto, ella se sintió muy tranquila, estaba sonriendo; la llevamos a su casa y ahora de cuando en cuando me visita. A mí me sorprendió volver a verla, pero sana, sin alcohol.
Siempre estuve abriendo brechas
Betty Calderón Castañeda dirige desde el 6 de marzo la Comisaría de Mujeres del Callao, en la avenida Sáenz Peña, donde afirma el personal femenino y masculino consiguió integrarse y ahora forma un equipo de trabajo.
Ella ocupó el segundo puesto entre 218 alfereces hombres y mujeres que egresaron de la Escuela de Oficiales con la promoción Honorables. Asimismo, es bachiller en educación secundaria.
Tras egresar como alférez, trabajó como instructora en la Escuela de Oficiales, en el campo de la telemática, luego en la Dinincri del Callao y posteriormente en la Dirección de Tránsito.
"A donde voy, gracias a Dios, me han enviado a importantes misiones: fui jefe de patrullaje, jefe de guardia de prevención, en tránsito igualmente, siempre estuve abriendo brecha y como que mi familia está ya acostumbrada", manifiesta con modestia.
Siempre sonriente, Betty se resiste a hablar de su pareja, un civil, con quien pronto contraerá matrimonio. "Enséñales el anillo", le animan sus compañeras cuando, gracias a la entrevista, se reencontraron después de mucho tiempo en el local de la comisaría de Lima.
La capitán Calderón también es aficionada al deporte. Suele salir a correr por las mañanas en el distrito de La Punta y frecuentemente monta bicicleta, juega fútbol o voleibol con el personal de su comisaría.
Para ella, la función del personal policial hacia las parejas o familias en conflicto debe ser conciliadora. "Nuestro afán es que las relaciones entre personas lleguen a un buen término, aunque a veces hay reincidencia", afirma.
Voy a donde el viento me lleve
La capitán Edith Aponte fue la primera comisaria que designó el comando institucional. Ocupó el segundo lugar en la categoría damas de la Escuela de Oficiales de la Policía y es bachiller en Derecho. Ahora está próxima a casarse, también con un policía.
Debido a su impecable trayectoria y a los méritos que obtuvo en su carrera policial, el comando le entregó una condecoración en el grado de caballero, que ella recuerda con mucho orgullo.
Aponte afirma que la vida policial le ha dado numerosas satisfacciones y que si bien tiene sueños propios de un mortal, ella "va donde el viento le lleva".
Antes de ser nombrada comisaria, hizo labor social con los niños abandonados o de escasos recursos económicos de Villa El Salvador, ocupación que enfatiza le produjo gran satisfacción.
"Una vez llevé a los niños a la piscina de un club y no sabes lo que hicieron, prácticamente vaciaron el agua de la piscina. Las otras personas estaban incómodas y yo tuve que ofrecer disculpas, pero la alegría de los pequeños me produjo un sentimiento de felicidad", afirma.
Hasta el momento, su comisaría ha recibido 406 casos de maltrato familiar, de los cuales 184 han sido de tipo físico, 62 psicológico y 57 mixtos (físico y psicológico). Del total mencionado, 18 son denuncias presentadas por varones.
Para Aponte, con el nombramiento de mujeres policías se rompen los esquemas que antes primaban en la sociedad peruana, en que sólo los oficiales de sexo masculino podían acceder a importantes cargos.
"Estoy muy agradecida al comando por elegirme en este puesto, que lo asumo con mucha responsabilidad", afirma. Luego manifiesta que en su comisaría no rechazan ninguna denuncia, aunque luego deban pasarla a otra dependencia.
Rocío Rojas
Fotos: Julissa Bartra/Ricardo Choy-Kifox

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