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sábado, 4 mayo 2002 

María Isabel Ferrand
está a punto
de establecer un nuevo primado nacional










El gran salto   
Tres centímetros. Lo que mide un clavo, la mitad del dedo meñique o la cuarta parte de un lapicero. Esa pequeñísima distancia le falta superar a María Isabel Ferrand para igualar 1.73 metros, récord nacional femenino de salto alto que tiene una vigencia de casi 25 años.
Después de un cuarto de siglo en el que se careció de saltadoras que marquen la diferencia, apareció esta joven deportista que no sólo sobrepasó la barrera de los 1.70 metros y está a muy poco de imponer un nuevo primado, sino que también conquistó el campeonato nacional y se adjudicó la medalla de bronce en el Torneo Internacional Orlando Guaita de Chile, prestigioso certamen al que asisten los mejores atletas de Sudamérica.
“Maisa” –como la llaman– se encuentra en su mejor momento y ya olvidó la dura etapa que vivió el año pasado cuando resolvió retirarse del deporte debido a una inyección mal puesta, que le lesionó el glúteo derecho y una “crisis de baja autoestima”.
“En marzo de 2001 decidí retirarme porque no avanzaba. La verdad era que en el fondo no me sentía preparada ni capaz de saltar más. Creía que mis entrenamientos eran inadecuados, no por falla del técnico sino porque yo ya no confiaba en mí misma. Eso me hizo caer en el derrotismo, y tenía ganas de dejarlo todo.”
“Todo fue en vano porque intenté llenar ese hueco que me quedó con otras cosas. Sin el deporte, mi vida era un desastre, me sentía mal y cada vez que pasaba por el frontis de la Videna era un mar de lágrimas. Me di cuenta de que estaba huyendo y que no era lo correcto, entonces regresé.”
El retorno de María Isabel a las pistas fue marcada por una compañía especial. “Decidí comenzar de cero, como si nada hubiera pasado. Como por obra y gracia del Espíritu Santo me encontré con Adbel de la Torre (hijo del entrenador del saltador cubano Javier Sotomayor), que ahora es mi técnico. Él me devolvió la confianza en mí misma y sabe un montón. Es reconocido en varios países, tanto así que cuando fui al Orlando Guaita un chileno me dijo que ‘en el Perú no saben el tigre que tienen como instructor’.”
María Isabel reconoce que ha sufrido “un cambio de mentalidad” y que hoy por hoy se siente “mucho más fuerte”.
“Antes, cuando estaba frente a los 1.70 metros tenía miedo, me decía que no era capaz de saltar tanto, pero ahora tengo otra perspectiva. Esa altura me parecía una meta fácil de alcanzar.”
“Definitivamente, hay algo psicológico en todo esto. Cuando fui a Chile para competir en el Guaita, que dicho sea de paso es la primera competencia internacional a la que asisto, era la atleta que tenía las marcas más bajas, y creía que las demás me iban a sacar la mugre. Sin embargo, salté tranquila, hice 1.70, gané la medalla de bronce y estuve a punto de pasar los 1.75 metros, pero me llevé la varilla con los talones.”
María Isabel Ferrand, de 20 años y 1.75 metros de estatura, sostiene que “no tengo apuro ni estoy ansiosa por batir el récord nacional, y eso es bueno, porque si no me frustraría. Sin embargo, sé que lo haré pronto; es una meta que tengo en el corto plazo, no pretendo que demore más.” 








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