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 I N F O R M E

sábado, 4 mayo 2002 

Nuestra posición privilegiada en la geografía mundial permite la existencia de 84 techos ecológicos de los 104 con que cuenta el planeta. Esta condición nos permite albergar más
de tres mil especies de orquídeas de las 30 mil que adornan el mundo. Realmente, felices los peruanos porque todavía podamos disfrutarlas.











El paraíso de las orquídeas
Con las orquídeas sucede una de las paradojas más curiosas del mundo vegetal: su nombre deriva del griego orchis, que significa testículo, y se le conoce así porque es la primera planta descrita que posee una raíz con tuberoides. Una representación (por decir lo menos) algo sugestiva.
La Orquidaceae es la familia más numerosa de plantas con flor que vive sobre la Tierra. Se estima que hay más de 30 mil especies en el mundo, de las cuales un diez por ciento podemos disfrutarlas en el Perú.
Su secreto de supervivencia está en que son permeables a las más extrañas condiciones de habitabilidad. Algunas crecen entre piedras (litofitas); otras son orquídeas subterráneas en Australia, que sólo ven al astro rey cuando florecen (Rhizanthella gardneri); también las hay diminutas, que sólo alcanzan unos cuantos milímetros (Platystele stenostachya); o inmensas, que logran llegar a los cuatro metros de altura y que producen decenas de flores por cada planta (Sobralia dichotoma) y que se ofrecen como regalo a la vista en nuestro Parque Nacional de Machu Picchu.
Esta tremenda variedad de hermosas plantas sólo está ausente en la Antártida y en los más áridos desiertos del planeta. Hay especies que se lucen tanto en los bosques sudamericanos como en los Himalayas, las tundras, los Andes, los pantanos de Florida, Canadá y Europa, entre otras regiones.
“El Perú ganó el premio internacional 1999-2000, otorgado por la Sociedad Americana de Orquídeas luego de que examinara los mejores proyectos de conservación de orquídeas en todo el mundo. Reconocieron el trabajo que se lleva a cabo en el Parque Nacional de Machu Picchu”, refiere Alfredo Manrique, presidente del Club Peruano de Orquídeas.
Esto se debe a que en nuestro país hay una gran variabilidad de orquídeas. La gran mayoría se encuentra en la selva alta, pero también hay una variedad cuyo hábitat está pegado a los cactus. “Esa variedad sólo recibe la humedad nocturna del océano Pacífico o vive de las lluvias de madrugada, como la Zelencoa onusta de la zona de Ayabaca (Piura)”.
Esta abundante variedad es la fundamental diferencia con otras especies del reino vegetal. Además, son las de mayor evolución en toda la flora mundial, porque, aunque son las más jóvenes con 65 millones de años, han logrado una asombrosa especialización que se disfruta con sus formas y colores tan diversos.
Este grado de especialización es tan alto que ha desarrollado una manera muy peculiar para fecundarse, y necesita de ciertos insectos, muy parecidos a una abeja pequeña, para lograrlo.

Made in Peru
“La orquídea peruana se distingue del resto porque tenemos muchos microclimas, lo que determina una significativa variedad de orquídeas en el país. Por ahora, hacemos un estudio para determinar la variabilidad de tipos de orquídeas que tenemos”, añade Manrique.
Por lo pronto, Serpost y el Inrena han hecho un esfuerzo conjunto para presentar tres ejemplares de orquídeas en la próxima emisión postal. Una de ellas, típica de Lima, se encuentra en peligro de desaparición porque sus hábitat naturales son depredados o simplemente forman parte del crecimiento desordenado de la ciudad.
La orquídea Stanhopea sp se ubica en San Martín, Junín y Huánuco y se caracteriza por sus grandes flores, robustas y vistosas, de tal suerte que es conocida popularmente con el nombre de “Torito”.
La Psychopsis sp vive sobre otra planta de diferente especie, pero sin alimentarse a expensas de ella. También la denominan “la Orquídea mariposa” y ha sido descubierta en Junín, Huánuco, San Martín y Pasco.
La tercera de ellas es la conocida como “Orquídea de Lima” o Chloraea Pavonil. Esta especie habitaba en el valle limeño antes de la explosión urbanística de la metrópoli. De allí que se le considera en riesgo de extinción.
La evolución de las orquídeas peruanas ha caminado de la mano con nuestra historia. El hombre andino le conoce usos ornamentales, medicinales, alimentarios y hasta mágicos. En el antiguo Perú los pobladores le dieron nombres nacidos de su propio idioma. Al género Lycaste, por ejemplo, se le conoce con el nombre de “uritu”, al Oncidium se le denomina “Gaiwampu” y al seudobulbo lo llaman “shacashaca”, a la Sobralia se le denomina “wapagana”, al Tricocheros como “mishi wayta” y a la Masdevalia como “waganki” en la región del Cusco.
“Waganki” quiere decir llanto, y le atribuyen el nombre porque de sus pétalos chorrea una especie de líquido a manera de lágrimas. De hecho, la Masdevalia es la especie más frecuente entre la población andina.
En algunas comunidades de Junín, con ocasión del Día de los Muertos, los pobladores ofrecen mesas bien servidas en honor de los ausentes. En lugar de cubiertos colocan las flores de las orquídeas porque consideran que de esta manera los potajes son aceptados por los espíritus.
Muy cerca de Tarma crece la “Masdevalia rima rima” usada para curar a los niños con retardo en el lenguaje. Azotan la lengua del niño con esta flor con la seguridad de que hablará pronto. “Rimay” en quechua significa “hablar”.
Cuando los niños tienen retardo al caminar, les azotan las piernas con flores de epidendrum, de allí el nombre de “sharcoj tarcoj”, que significa “crece, joven”.
La Masdevalia veitchiana es una hermosa orquídea de flores rojas que inspiró una preciosa historia de amor cusqueña que ha llegado hasta nuestros días en forma de tradición oral.
“Esta variedad es una de las flores más hermosas de las Orchidaceae y ha sido honrada como merecedora de un First Class Certificate (FCC), el premio más importante del American Orchid Society”, revela Alfredo Manrique.
Desde que se generó el primer híbrido (producción en laboratorio) de orquídeas en 1856 se estima que el número de híbridos registrado se acerca a las cien mil variedades. De las tres mil especies que hay en el Perú, destacan también la Chlorea pavonni, que crece en las lomas costeras, y la espectacular Cattleya rex, oriunda de Moyobamba, y que tenemos la suerte de que sea endémica en la selva alta peruana.

Reconocimiento mundial
Cuentan los entendidos que el aprecio internacional llegó de pura casualidad en 1818. En ese entonces, Inglaterra contaba con exploradores en muchos lugares del planeta. Uno de ellos, Swainson, recolectaba musgos en Sudamérica y usaba los seudobulbos y las hojas carnosas de las plantas carnosas que crecían en la región amazónica para afianzar los empaques de musgo que enviaba al Viejo Continente.
Ya en Inglaterra, los seudobulbos dieron hermosas flores color lavanda, y el horticultor para el cual trabajaba Swainson, llamado William Cattley, aprovechó para incorporar su nombre a la historia con la variedad de la orquídea: la Cattleya.
“Sin embargo, es poco conocido que treinta años antes don Hipólito Ruiz y José Pavón, botánicos españoles encargados por el rey Carlos III de España, describieron más de 600 orquídeas en el Perú en un viaje exploratorio que tomó once años, desde 1777 hasta 1788”, advierte Manrique. 





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