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¿Balcanización política?
En un Estado unitario y en una democracia representativa como la nuestra las políticas públicas las fija únicamente el Poder Ejecutivo y el Legislativo fiscaliza además de dar las leyes. Sin embargo, hay quienes pretenden transferir este ordenamiento a seudopoderes locales no democráticos.
Eso es lo que proponen los que sostienen la línea violentista y comunizante en que parecen embarcados algunos frentes regionales. Aceptar esto, también significaría admitir la fragmentación y balcanización del Perú. Suplantar el poder central por un conjunto de sóviets o asambleas regionales deliberantes y con poder de decisión. Un ejemplo muy claro es lo que está sucediendo en el sur.
Esto no es en el fondo sino reflejo de una concepción marxista a la que responden sus principales dirigentes que rechaza la democracia representativa por burguesa. Es decir, aquel sistema, como el peruano, en el que el pueblo gobierna, a través de representantes que son elegidos periódicamente.
Lo contrario es la democracia directa, en la que todo el pueblo, reunido en asambleas, participa permanente de las cuestiones y de las decisiones políticas. Esto es un imposible por razones materiales, ya que no se puede tener a un país sólo dedicado a la política.
Como indica el politólogo Norberto Bobbio, la democracia directa posee tres características básicas, que se reproducen en el accionar y la demanda de los denominados frentes regionales: el gobierno del pueblo mediante delegados investidos de mandato imperativo y, por tanto, revocables; el gobierno de asamblea, no sólo sin representantes irrevocables y fiduciarios, sino también sin delegados; y, finalmente, el referéndum como la gran panacea.
Cuando el marxismo apeló a este sistema, el resultado fue que una cúpula terminó asumiendo en nombre de la asamblea el verdadero poder, en otras palabras, se acabó con la democracia y se instauró una dictadura.
Marx creyó ver algunos chispazos de esta democracia directa en la experiencia de la dirección política de la Comuna de París, entre marzo y abril de 1871. Lenin retomó con fuerza este tema en El Estado y la Revolución de 1917.
En consecuencia, no estamos ante una protesta regional aunque puedan existir elementos y reclamos sinceros en ese sentido, sino ante un claro proyecto político, impulsado por las cúpulas extremistas, como Patria Roja, para subvertir el sistema democrático del Perú y establecer un poder regional alternativo.
Dentro de esta estrategia, camuflados como frentes amplios, el principal objetivo es la captura en noviembre de los gobiernos regionales. Esto abre preocupaciones muy serias sobre las posibilidades reales del proceso de regionalización, así como la urgencia de una descentralización efectiva pero que no suponga riesgos de desintegración del país.
No hay duda de que este auténtico asalto al Estado, cuyo laboratorio es el sur, se ve facilitado por la debilidad de implantación de los partidos nacionales. Ese vacío político está siendo llenado por estos grupos extremistas que apelan a la violencia considerada partera de la historia, aunque el instrumento no sean las masas revolucionarias sino el pandillaje, lumpen o las barras bravas.
Por eso, es necesario que en este momento los partidos fortalezcan las instituciones nacionales y el sistema político, porque lo que está en juego es la viabilidad del mismo sistema democrático.

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