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Fujimori
La presencia en Perú del prófugo ex mandatario Alberto Fujimori Fujimori se hace, cada día, más necesaria y prioritaria para que se ponga a derecho. Esto es: a disposición de la justicia con la finalidad de que rinda cuentas por los presuntos delitos de corrupción y de lesa humanidad que se le imputan. Las declaraciones que formule en su instructiva servirán para despejar muchas incógnitas y aclarar situaciones y responsabilidades de muchos ilícitos penales cometidos durante su administración.
En efecto, desde su ex asesor Vladimiro Montesinos Torres y todos los demás inculpados miembros de la mafia fujimontesinista, buscan exculparse cargando todas las responsabilidades en el ex dictador. De ahí que resulte indispensable su presencia, no obstante su condición de reo contumaz, situación procesal que él auspició para juzgar en ausencia al ex presidente Alan García Pérez, y que nunca se le pudo aplicar en estricto derecho por la característica de irretroactividad de las leyes.
Lo que los peruanos debemos tener claro y nunca olvidar es que el fujimorato fue nefasto para el país en todos los órdenes. Hubo violación a los derechos humanos, a las libertades, a los derechos laborales y se intensificaron los despidos masivos. Hubo hambre, miseria, mafia y corrupción por doquier. Envilecimiento del pueblo hurtándole su dignidad y autoestima. Manejo de la opinión pública mediante programas psicosociales populacheros en los canales de televisión y compra de los propietarios de los medios de comunicación, controlando sutilmente la libertad de expresión y el derecho a la información que tienen todos los ciudadanos.
Asimismo, no debemos olvidar que de los bienes públicos privatizados se obtuvo alrededor de 10 mil millones de dólares, los cuales fueron dilapidados, hurtados y desaparecidos en pequeñas obras improductivas, deficientes e interesadamente populistas. Hoy día, el Estado es más pobre que hace 12 años y la población sufre de más necesidades insatisfechas. No sólo hemos retrocedido económicamente, sino también en lo moral, al sustituir muchos valores y principios éticos por un pragmatismo inhumano que caracterizó al régimen de marras.
De ahí que el presidente constitucional y democrático Alejandro Toledo Manrique, al recibir las cartas credenciales del nuevo embajador de Japón, Yubun Narita, le solicitara la cooperación del Gobierno japonés para que facilite la entrega del ex mandatario peruano, al margen de su origen nipón que le sirvió para obtener la carta de ciudadanía de ese gran país, con el claro propósito de burlar a la justicia peruana. Esto, sin ninguna duda, constituye una afrenta a la Nación.
El pedido formulado por el Mandatario se sustenta en la importancia que su gobierno le otorga a la dignidad del pueblo, a su implacable lucha contra la corrupción, total protección a los derechos humanos, y absoluto respeto a la Constitución y a las leyes, así como a la democracia.

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