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lunes, 19 agosto 2002 


TEXTILES VUELAN DE EUROPA A LOS RASCACIELOS NEOYORQUINOS












La fibra de la reina
Mientras algunos afirman que es “el oro de los incas”, otros dicen que en los tiempos andinos era “el vestido del Inca”. Lo cierto es que la tela de vicuña es uno de los mercados de prendas más caros del mundo.
Un saco de fibra de nuestro hermoso camélido cuesta entre cinco mil y seis mil dólares, depende de la cantidad de tela y el acabado que se requiera. La capa con capucha tiene un costo promedio de siete mil dólares y las chalinas fluctúan entre los 200 y 300 dólares; si es con tejido de punto o con modelo cuestan entre 300 y 400 dólares; si es tejido liso o plano, el precio baja a 200 o 150 dólares.
El costo varía de acuerdo con la finura de la prenda. Si el tejido es pesado, obviamente, el precio resulta mayor. En cuanto a las chompas, suben su precio hasta los dos mil o tres mil dólares en el mercado europeo, con lo que marcan una tremenda diferencia con nuestras chompas artesanales, que sólo llegan a los 600 dólares, básicamente, cuando los turistas las buscan.
Los costos de este noble animal son elevados, porque cada vicuña produce, después de la esquila, un vellón que pesa 280 gramos. Por ello, la producción anual no excede los tres mil 500 o cuatro mil kilogramos en el Perú.
Esta fibra es de un solo color, que gana un nombre en el ámbito de los modistas y las cartas de colores: color vicuña, que es un tono canela oscuro. En cuanto al grosor de la fibra, presenta entre 9 y 11 micras (unidad de diámetro); mientras que la lana de alpaca, entre 18 y 30 micras.
El Perú posee casi el 90 por ciento del mercado mundial de la fibra de vicuña, muy reconocida por su finura y volumen. Tales características convierten a la fibra de este camélido en una de las reinas de las prendas de vestir europeas, por lo que resulta común que la realeza exhiba prendas que representan moda y glamour.
“La fibra de vicuña tiene un especial posicionamiento. Es una fibra exótica, rara, bonita y fina. Mientras que la alpaca compite con la angora, cachemira o mohair, la vicuña no compite con ninguna otra fibra fina. Se trata de un mercado muy especial y selecto”, afirma Enrique Moya Bendezú, presidente del Consejo Nacional de Camélidos Sudamericanos (Conacs).

Cuestión de mercados
El problema de los costos hace que el mercado peruano sea bajo y que prácticamente no exista. Al ser fibras de moda, el mercado europeo es el que presenta la demanda y los modistas italianos son quienes barajan los precios.
En Italia hay una vieja relación de cultura de modas y prendas de vestir. “Alguna vez me dijeron que la única razón que amerita la crianza de carneros en el Perú es Manchester, porque en ese lugar de Inglaterra existe una fábrica de hilados de alpaca que impuso la crianza de carneros en nuestras tierras. Algo parecido sucede con la fibra de vicuña, porque se armó una trama de redes comerciales que se fortalecen y viven alrededor de esta fibra”, sostiene Moya.
Luego de que se levantara la prohibición de la esquila de vicuña en el Perú y se controlara la caza furtiva, el mercado de la fibra comenzó a imponer sus propias condiciones: abre con 900 dólares el kilogramo; luego se regula de acuerdo con la oferta y la demanda, hasta llegar a los actuales niveles en que vale 380 dólares el kilogramo.
El reciente proceso de licitación de compra de vicuña lo ganó la compañía italiana Lorofino, con la empresa peruana Incalpaca. Esta asociación obtuvo la buena pro en 2000 y concluye en el presente año.
Para esta nueva oportunidad, la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas (ATPA), aprobada recientemente por el Gobierno estadounidense, abre un mercado potencialmente rico para la confección y comercialización de fibra de vicuña.
Toda vez que diversos especialistas del mercado internacional aseguran que Estados Unidos representa el 40 por ciento del consumo de fibras en el mundo, el momento comercial de la fibra es más que auspicioso. “Aguardamos que el precio base bordee los 600 dólares, para la nueva subasta”, admite el ingeniero.
Por el lado de los productores, la ley peruana obliga que la Sociedad Nacional de la Vicuña sea la institución que acopie la fibra de las comunidades, como su representante. Esta institución es el único canal de comercialización que puede negociar con los industriales del consorcio ítalo-peruano.

Técnica y marketing
Con la finalidad de aprovechar la coyuntura del mercado, además de conseguir mejores precios para la fibra de vicuña, la idea es incrementar la oferta del artículo final. Esto es, trabajar al menudeo chales, telas, chompas, chalinas y otros.
“Debemos estudiar qué tipo de producto cuenta con mejor entrada en el mercado norteamericano. Si bien es cierto existe una cultura universal de chompas que siguen el mismo patrón, también hay peculiaridades que el consumo exige. Ese ha de ser nuestro objetivo y aquí también el Conacs tiene responsabilidad”, afirma Moya.
Es que el mercado de fibras finas ya maneja sus propios conceptos de venta. Las prendas son promocionadas como producto animal, porque son cálidas, abrigadoras y, además, generan un conjunto de virtudes. Para el invierno europeo, por ejemplo, se requiere de ropa interior muy cálida y como respuesta a esa exigencia se crearon trusas y sostenes de alpaca y de mohair, a fin de atender una mayor demanda.
Resulta lamentable que sólo el 30 por ciento del lote que exporta el Perú es de acabados de prendas de vestir, el 70 por ciento restante sigue exportándose como tops, conos e hilados. Mientras tanto, China ingresa en el mercado norteamericano chompas de alpaca a 50 nuevos soles, porque dispone de una tecnología textil de punta.
De allí que el reto que ha de afrontar el país es elevar la particularidad de la prenda y no incidir, necesariamente, en el volumen. “Pueden formarse tejedoras, gente que hace alfombras, así como chompas y calcetines, entre otros. El punto de atención tiene que ser la artesanía semiindustrial, porque se le puede otorgar un carácter particular a la producción”, recomendó el presidente del Conacs.
Por su parte, el gerente general de Incalpaca TPX, Germán Freyre, advirtió que los cálculos de su compañía muestran que la ATPA favorecerá sus ventas en un margen superior al 30 por ciento, y confía en que se logrará introducir el total de sus creaciones de fibra de vicuña en el mercado norteamericano.
Coincidió en que esta nueva coyuntura comercial generará micro y pequeñas empresas en las zonas altoandinas o capitales de provincias. “Se encargarían de confeccionar, a solicitud de las grandes compañías, partes específicas como cuellos y mangas”, manifestó el funcionario.
Para ello, ofreció el concurso de su empresa en la capacitación de comunidades sobre lo concerniente a tecnología y calidad de acabados, a fin de que se conviertan en unidades de confección que doten a las compañías que ya cuentan con un mercado establecido y en expansión.
Sugirió, asimismo, que el Gobierno promueva un programa de préstamos que favorezca a estas pequeñas empresas autogestionarias, con el propósito de que adquieran maquinarias para la confección de partes, toda vez que su precio asciende a un promedio de 800 dólares.

TITO BARREDA


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