El voto voluntario
mario ochoa vargas Congresista de la RepÙblica-SAUI (Upp)
Hace unos días escuché al periodista César Hildebrandt preguntarse ¿por qué en una democracia, el voto, que es un derecho, tiene que ser obligatorio? La cuestión es absolutamente oportuna, pues, a todas luces resulta contradictorio que un derecho sea obligatorio y en el límite del abuso sea, además, motivo de sanciones.
Sanciones que incluyen multas, pero también arbitrariedades, tal la imposibilidad de ejercer otros derechos como, por ejemplo, impedirles a los ciudadanos el libre tránsito o el realizar una transacción comercial o financiera, como lo sustento en la iniciativa legislativa N° 11909, en la que planteo que el voto así como es personal, igual, libre y secreto debe ser, también, voluntario.
Ante un tema polémico surgen opiniones discrepantes, unas a favor y otras en contra. Justamente, de estas últimas me ha llamado la atención el argumento de que si el voto no es obligatorio se produciría un mayoritario ausentismo y las nuevas autoridades no tendrían representatividad ni legitimidad. La pregunta que uno se formularía es, ¿y qué legitimidad tiene, entonces, una autoridad elegida con ciudadanos que fueron coaccionados para votar?
Para nadie es un secreto que con obligatoriedad del sufragio o sin ella, el ausentismo persiste como una constante de las democracias modernas; por tanto, no hay asidero para afirmar, como algunos especialistas sostienen, que el carácter obligatorio del sufragio es un requisito de mayor participación.
Me parece que plantear el voto voluntario es, hoy en el Perú, una extraordinaria oportunidad para que los partidos políticos asuman en serio y con responsabilidad la tarea de implementar una masiva y sostenida campaña de educación ciudadana, no sólo en su relación con la población, sino también en la participación de los ciudadanos y ciudadanas en los comicios electorales; pero, sobre todo, porque deberían fijarse compromisos en las tareas de fiscalización de sus propios candidatos.
Finalizo esta breve reflexión con los resultados de la encuesta efectuada por la agencia Apoyo, que fuera publicada en algunos diarios, donde un mayoritario 62 por ciento está a favor del voto facultativo, libre o voluntario. Ese dato es importante, pues, la ciudadanía nos dice que defendamos sus derechos. Estoy seguro de que los congresistas escucharemos este sentir.
El desarrollo de los puertos
Jorge Cavani RÌos / Periodista
En la actualidad, se considera que los puertos no son sólo un lugar de abrigo, sino polos estratégicos de desarrollo por donde entra y sale la riqueza para una nación, al mismo tiempo que forman un punto en el que se encuentran los demás servicios de transporte empleados para el comercio. Por ello la importancia de que tanto su organización como su equipamiento sean modernizados.
Sin embargo, aun cuando el comercio mundial exige puertos que cuenten con la mayor tecnología para recibir grandes embarcaciones, existen en nuestro sistema portuario muelles de lancha casi inoperativos, por no ajustarse a los cambios que se gestan en su manejo. Un ejemplo son las terminales de lanchonaje de Eten, Pacasmayo, Chicama, Supe, Huacho y Chancay.
Esto se da porque, como se insinúa, la concepción de los puertos ha evolucionado de tal forma que ya no se tiene en cuenta tan sólo la eficiencia de los servicios que se brindan en sus instalaciones, sino los efectos que puede tener en las mercancías desde su producción hasta su consumo. Por esto, algunos especialistas proponen un documento único para el transporte de mercaderías, que elimine las trabas burocráticas.
Los puertos no son, pues, un compartimiento estanco, sino que su desarrollo se halla ligado al crecimiento de nuestra economía. Por ello, el aumento de la actividad portuaria depende de que tengamos más países con los cuales comerciar, más productos que exportar y mayor tecnología que aplicar en los servicios que podamos brindar a las naves que decidan recalar en nuestras costas.
Esta idea motivó a que la Ley del Sistema Portuario Nacional estableciera en su artículo primero, como finalidad: “Promover el desarrollo y la competitividad de los puertos, así como facilitar el transporte multimodal, la modernización de las infraestructuras portuarias y el desarrollo de la cadena logística en que participan los puertos.” Además, esa misma ley obliga a que el Plan Nacional de Desarrollo Portuario considere la modernización y sostenibilidad de los mismos.
Por último, hay que tener en cuenta que en otras naciones de América Latina se deja de lado, progresivamente, el concepto tradicional de puerto para adoptar uno nuevo que involucre todos los factores que influyen en su desarrollo, y que permite ampliar su radio de influencia integrándolo a los demás medios de comunicación, comprometiendo de esta manera a la mayor cantidad de sectores del comercio en un grupo mucho más amplio denominado comunidad portuaria.
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