TIPO DE CAMBIO AL 07/04/2005 COMPRA: S/. 3.257 VENTA: S/. 3.259
Viernes, 8/4/05
DIARIO OFICIAL
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Gerardo Barraza Soto
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editorial
Democracia y protesta En una democracia todos tenemos el derecho de discrepar y protestar; pero la justicia de un reclamo no justifica métodos ilícitos.
Frente a los acontecimientos ocurridos en días recientes en la sierra sur de nuestro país, a partir de un ya solucionado conflicto de campesinos productores de papa, consideramos importante reiterar algunas cuestiones de principio que para nosotros son fundamentales.
El Perú vive bajo un régimen democrático, lo que implica que nos hallamos regidos por un estado de derecho. Esto quiere decir que todos, gobernantes y gobernados, estamos sometidos al poder impersonal de la ley; asimismo, que todos los ciudadanos tenemos derechos que reclamar y deberes que cumplir.
Por tanto, si un grupo de trabajadores del campo considera que posee razones fundadas para protestar y reclamar, le asiste el derecho de organizarse, expresar sus puntos de vista, hacer marchas o manifestaciones públicas, acudir a los medios de comunicación para exponer sus opiniones. Además, un régimen de derecho reconoce la posibilidad, en determinadas situaciones, de paralizar las labores como medida de presión.
Por el contrario, lo que nadie debe hacer es atentar contra los derechos de personas que nada tienen que ver con los fundamentos de una protesta, es decir, no es legítimo bloquear carreteras, atacar ómnibus o camiones, armar barricadas, apedrear oficinas o incitar al saqueo. Quienes actúan de este modo no sólo cometen delitos, sino le quitan legitimidad social a su demanda, sean cuales fueren los motivos de ésta.
Aquí ingresamos al eje del problema: en un estado de derecho el fin no justifica los medios; por tanto, no es aceptable que un grupo de personas considere que, para una mayor efectividad y obtener resultados, es justificable recurrir a actos condenables desde el punto de vista moral e ilegales desde la perspectiva jurídica. Ese razonamiento elemental es difícil de entender en nuestra sociedad.
Los motivos de esta incapacidad para comprender lo que es parte esencial de la vida civilizada a estas alturas de la historia son, por un lado, nuestra tradición cultural autoritaria y, por el otro, la denominada “cultura combi”. En efecto, el autoritarismo condujo al predominio de los métodos dictatoriales y la carencia de valores creó una especie de “maquiavelismo popular” y espontáneo. Felizmente, la razón terminó imponiéndose y, a partir de allí, se solucionaron los reclamos.
Es necesario entender que los métodos ilícitos sirven únicamente para complicar las cosas; a partir de esa reflexión debemos tener claro que si no comprendemos esto peligraría no sólo la sana convivencia democrática, sino nuestra existencia como país civilizado.