Para la ciudadanía es fundamental contar con una eficiente Defensa Nacional capaz de garantizar la seguridad.
Constituye un consenso que el Estado peruano reclama una reforma profunda, debido a que en él superviven graves defectos como el burocratismo, la morosidad, la carencia de iniciativa (dado principalmente a que se tiende a castigar la creatividad y propiciar la rutina) y, en no pocas instancias, la propensión a la corrupción. La determinación del titular de Defensa, Allan Wagner Tizón, de iniciar una reestructuración del ministerio a su cargo, ya que existen serios problemas de tipo administrativo y moral ayudados por la “cultura del secreto”, es a todas luces positiva. La tradicional propensión a ocultar información, a partir de la presunta necesidad del secreto –común a todas las burocracias– se acentúa notablemente en todos los países, cuando vemos el caso de los asuntos militares y de defensa. Aquí, la necesidad del secreto adquiere más importancia porque están en juego cuestiones de tanta relevancia como la seguridad de un país y la defensa de sus ciudadanos frente a cualquier posibilidad de agresión.
Sin embargo, los avances tecnológicos y el proceso de globalización conducen a que cuestiones que tradicionalmente eran consideradas reservadas –como las adquisiciones de armas y el material militar de cada país– aparezcan hoy en publicaciones periódicas editadas en Suecia o Gran Bretaña. En consecuencia, la composición de las Fuerzas Armadas de cada nación hoy se encuentra a disposición de cualquier persona que tenga esas impresiones o acceda a ellas vía Internet. Por tanto, la confidencialidad debe subsistir en aquello que es lógico y necesario, pero no en asuntos como las compras de armas, que en los países más avanzados son debatidos de manera pública porque se trata de decisiones políticas, y que por ser tales deben merecer el interés del público, dado que la defensa tiene que preocupar a la ciudadanía, que –en momentos de emergencia– está obligada a arriesgar su vida en defensa de la Patria. |