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El Perú es un país con
numerosos atractivos turísticos que
lamentablemente están echados de menos.
Recuperarlos es una tarea urgente para las
autoridades gubernativas, así como para todo
el país. Una de esas maravillas es la red
vial utilizada durante el Imperio Incaico, que bien
valdría la pena conservar por tratarse de
una reliquia de la civilización
andina.

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Se
calcula que el sistema vial del Imperio Incaico
comprendía una planificada maraña de
más de 23,000 kilómetros, que incluía
lo que ahora conocemos como los territorios nacionales de
Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú.
Sobre uno de los terrenos más abruptos del planeta,
el hombre del Tawantinsuyo logró construir una
estructura vial, como eje de desarrollo, que lo convierte en
uno de los más brillantes esquemas de
planificación que haya concebido civilización
alguna.
El engranaje civil era casi perfecto y sobre su paso se
construían zonas de comercio (o trueque), almacenes
para tiempos de guerra y de paz y, sobre todo, un sistema de
comunicaciones, imprescindible para la pronta toma de
decisiones en el más alto nivel político.
Gracias a este sistema nada de lo que ocurría a lo
largo y ancho del Imperio le era extraño a la nobleza
y a las autoridades políticas y militares.
Pero sus virtudes no sólo se limitaban a las
posibilidades administrativas, sino que también
aportaban belleza al panorama paisajístico por las
difíciles rutas que atravesaban, pues integraba
poblados que habitualmente estaban destinados a subsistir en
la marginalidad.
Precisamente este es uno de los motivos por los que el
Instituto Nacional de Cultura y el Fondo Nacional de
Compensación y Desarrollo Social (Foncodes)
decidieron suscribir un convenio interinstitucional para
llevar adelante el Proyecto Integral Qhapaq Ñan, que
busca revalorizar los caminos andinos para lograr el
desarrollo educativo y económico de las poblaciones
localizadas en su entorno.
Otro de los objetivos básicos del proyecto es
difundir la investigación, identificación,
registro, conservación y poner en valor del
patrimonio histórico y arqueológico,
además de garantizar el uso racional del patrimonio
cultural y el conocimiento de nuestra identidad
histórica.
La puesta en valor de la ruta también presenta la
posibilidad de la ejecución de pequeñas obras
de infraestructura a lo largo de quince departamentos, en
los que aún se preservan los lugares
arqueológicos.
En este sentido, el apoyo de Foncodes con el programa A
Trabajar Rural generará más de nueve mil
empleos temporales para las personas que habitan en la zona,
que se beneficiarán además con la presencia
del factor turismo, fundamental para el desarrollo de sus
comunidades.
Para
ello, se ha puesto en marcha el programa Generación
de Empleos e Ingresos Rurales a través de la puesta
en valor del Patrimonio Arqueológico y Cultural.
Con este programa el turismo popular o social será
impulsado por el Gobierno, porque permitirá revalorar
los sitios arqueológicos descuidados por el paso del
tiempo o por la falta de recursos o interés por
conservarlos.
La construcción de infraestructura asociada a los
sitios arqueológicos buscará aumentar el
capital de los más pobres, mediante actividades
vinculadas con el turismo, lo que les permitirá
mejorar sus ingresos, al mismo tiempo que se preserva
nuestro valioso y milenario legado cultural.
Como primer paso se ejecutará la puesta en valor del
camino vial inca y los lugares aledaños a este. La
idea es descubrir y poner al servicio turístico, en
forma ordenada y planificada, un mayor número de
monumentos y paisajes culturales arqueológicos.
De esta manera, los grandes beneficiados serán los
pobladores de las comunidades integradas a este sistema
vial, así como las regiones y los países por
los que discurre.
Para ello, el Instituto Nacional de Cultura, a través
de la Cancillería peruana, ha propuesto la
declaratoria del Qhapac Ñan como Patrimonio Cultural
de la Humanidad, porque se trata de un programa
multinacional, único en su género y
formulación.
Algo parecido sucede con el Camino de Santiago, que une
Francia y España y está reconocido por la
Unesco en 1993 y 1998.
La huella
incaica. Desde
que llegaron los primeros españoles a territorio
andino, el sistema vial inca fue motivo de asombro y
comentario, e incluso el cronista Felipe Guamán Poma
intentó dibujarlo con la intención de que
quede plasmado para la posteridad.
Hace 500 años, el Imperio Incaico utilizaba este gran
sistema vial como uno de los mayores logros de la
América indígena. Se estima que su
extensión abarcaba una trama de por lo menos 23 mil
kilómetros, que unía los territorios de cinco
países actuales.
El Qhapaq Ñan se extendía por el sur hasta el
noroeste de Argentina y centro de Chile y por el norte hasta
los actuales límites de Ecuador y Colombia, cruzando
gran parte de los actuales territorios de Bolivia y
Perú. Se trataba de una red vial planificada, que
integraba poblaciones existentes a través del trazo
de vías, unidas longitudinal y transversalmente.
Los entendidos estiman que el sistema vial tenía dos
ejes fundamentales, además de caminos secundarios que
unían pueblos, a través de valles, llanos,
pampas, quebradas transversales y laterales con el camino
principal.
Uno de los principales ejes de desarrollo del Imperio
Incaico era el tramo que unía Cusco y Quito,
mencionado en los documentos históricos como camino
del Chinchaysuyo, que recorre la parte central de los Andes.
Con esto se cumplía la integración con los
otros tres suyos: Contisuyo, Antisuyo y Collasuyo.
La red se vinculaba, además, con una serie de
estancias y asentamientos, de diferente grado de
complejidad, que ofrecían servicio a funcionarios,
viajeros, mercaderes y población usuaria,
como los chasquis, que llevaban información
estatal.
Una de las estancias de mayor relieve situadas a lo largo de
los caminos eran los tambos, lugares de alojamiento y
almacenaje localizados a la vera de los caminos. Su
importancia era tan gravitante para el uso y manejo efectivo
del camino, que algunos historiadores calculan que pudieron
haber existido alrededor de mil.
Qhapaq Ñan, el Gran Camino Inca, fue uno de los
elementos que contribuyeron con el fortalecimiento del
Estado más importante de la historia
prehispánica americana. El dominio político y
territorial alcanzado por los Incas sobre los Andes tuvo
como uno de sus pilares este sistema vial, que sirvió
para el transporte, las comunicaciones y la
administración.
La tecnología y planificación empleada en esta
red vial es uno de los logros más perdurables y
evidentes de los pobladores prehispánicos, que
constituye hasta nuestros días un recordatorio
histórico de los Andes y de sus posibilidades de
manejo territorial.
Sin embargo, la red vial incaica no es únicamente un
gran logro tecnológico. Lo más importante es
que unía poblaciones, separadas por zonas
ecológicamente distintas y distribuidas en una de las
geografías más variadas del planeta.
Hay que señalar que la red vial inca reactivó,
mejoró y usó sistemas de caminos previos,
construidos por diferentes pueblos de diversa época y
región, como Wari o Moche, lo que significó no
sólo un acierto práctico de aprovechamiento de
recursos, sino también de eficaz uso de la
experiencia colectiva de los pueblos andinos a través
de su historia, por lo que se constituyó en un
ejemplo de manejo de patrimonio histórico.
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EL
PROYECTO PASO A PASO
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El Proyecto
Integral Qhapac Ñan, que ha motivado la
suscripción de un convenio
interinstitucional entre el Instituto Nacional de
Cultura y el Fondo Nacional de Compensación
y Desarrollo Social, busca alcanzar varios
objetivos:
Investigación, identificación
complementaria, catastro y catalogación de
los tramos existentes y los sitios, asentamientos y
lugares asociados al proyecto.
Coordinar la participación de las
autoridades y las poblaciones locales, a
través de programas conjuntos para la
promoción y protección de los sitios,
con el propósito de desarrollar gestiones
sostenibles.
Puesta en valor de los sitios arqueológicos
comprendidos en el sistema vial para lograr que se
adecuen a los requerimientos técnicos, para
convertirlos en medios culturales.
Difusión de los documentos de trabajo y sus
resultados para incentivar el turismo receptivo e
interno hacia las zonas implicadas en el
programa.
La
idea del proyecto es generar un trabajo coordinado
de largo aliento para ser desarrollado en forma
permanente. La primera fase plantea un plazo de
cuatro años y tiene como misión la
elaboración del inventario del Qhapac
Ñan, tareas de conservación
preventiva y la ejecución de proyectos que
diversifiquen la oferta cultural del
país.
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