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Hablar de santuarios milenarios para la
generación de Internet y la
globalización puede sonar muy distante y
extraño. Por eso, el esfuerzo de la Primera
Dama, Eliane Karp, por acercar a esta misteriosa
ciudadela a la colectividad y al turismo es un paso
muy importante para aprender a valorar nuestro
pasado. Un éxito que corona el trabajo con
objetivos fijos: lucha contra la pobreza.

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Los
vestigios indican que los pobladores de Choquequirao
tuvieron que abandonar la ciudadela súbitamente.
Aunque todavía no se cuenta con información
cabal, las hipótesis de trabajo sostienen que su
fundación se remonta hasta la segunda mitad del siglo
XV y las primeras décadas del XVI.
Hasta allá llegó una misión francesa,
como parte de la estrategia de una comisión
multisectorial, liderada por la Primera Dama de la
Nación, Eliane Karp de Toledo, para implementar un
nuevo diseño de desarrollo de circuitos
turísticos y beneficiar a las poblaciones
aledañas.
Con el objetivo fundamental de lucha contra la
pobreza, estos circuitos turísticos buscan capacitar
a la población local en los aspectos de
atención al turista, implementación de
albergues ecológicos y preparación de comidas
nativas, afirmó la Primera Dama.
La expedición francesa, integrada por Jean-Francois
Bouchard, arqueólogo y director del Centro Nacional
de Investigación Científica de Francia (CNRS);
Pierre Usselman, geomorfólogo y director de la Maison
Géographics del Centro Nacional de
Investigación Científica de Montpellier; y
Francois Megard, geólogo y director de
investigaciones del CNRS.
Esta misión tiene el objetivo de evaluar la
posibilidad de un trabajo de investigación
científica y de excavaciones en el sitio
arqueológico de Choquequirao y presentar el proyecto
a la Comisión de Excavaciones del Ministerio de
Asuntos Exteriores de Francia, para determinar si la
cooperación del país galo se
materializará a partir del próximo
año.
Para este año el CNRS escogió a
Choquequirao como tema de investigación, y la
delegación ha venido por especial encargo del
presidente Jacques Chirac, porque en siglos pasados un gran
número de exploradores franceses aportó en su
descubrimiento. Ojalá Francia pueda colaborar en la
recuperación de la ciudadela que todavía se
encuentra cubierta en un 80 por ciento por abundante
vegetación, advirtió Eliane Karp.
Paralelamente explicó la Primera Dama se
elabora un Proyecto de la Comisión Multisectorial,
conformada por su despacho, el Ministerio de Industria y
Turismo, Ministerio de Transportes y Comunicaciones,
Instituto Nacional de Cultura (INC), Foncodes y el Plan
Copesco (Comisión Especial para Coordinar y
Supervigilar el Plan Turístico y Cultural
Perú-Unesco), para presentarlo a la Mesa de Donantes
de Madrid.
La idea es que Choquequirao sea una gran zona
intangible que preserve la biodiversidad. Hay que planificar
todo con mucho cuidado, para no repetir la experiencia de
Machu Picchu y Aguas Calientes, y lograr que el Perú
desarrolle su atractivo turístico, aprovechando sus
ventajas comparativas.
Último
refugio
De acuerdo con Luis Guillermo Lumbreras, los pobladores
ribereños del río Apurímac afirman que
Choquequirao fue el lugar donde se refugiaron los
últimos incas que salieron del Cusco después
de la derrota de Manco Inca y resistieron durante 40
años a la invasión española. Al menos
eso fue lo que le relataron al sabio italiano Antonio
Raimondi, durante su recorrido por el territorio nacional a
mediados del siglo XIX.
Algo parecido sucedió con el conde francés De
Sartiges cuando llegó a Choquequirao en 1834.
En mis proyectos para hacer excavaciones y levantar
planos, no había contado con una de las consecuencias
forzosas del abandono del terreno durante siglos: la
vegetación que invade todo. No sólo las
calles, sino las casas y las mismas paredes estaban
cubiertas de plantas trepadoras. Imposible dibujar el
conjunto de la ciudad. Hicimos despejar la plaza y los
edificios y mientras me ocupaba en dibujar las viejas casas
de Choquequirao, mis asociados excavaban en la tierra por
donde creían reconocer huellas de algún
entierro. Cavaron a través de una de las falsas
puertas de la gran muralla triunfal, detrás se
hallaba la roca viva.
Crónicas de la posconquista comparten,
también, la idea de que esta inmensa ciudadela fue
constituida como un centro ceremonial religioso dedicado al
culto de Pachacútec, que formó parte de un
conjunto de santuarios con Machu Picchu y Pisac.
Después del francés De Sartiges, fue Hiram
Bingham quien llegó a esta ciudadela, igualmente a
instancia de los pobladores del Apurímac. El
propósito de Bingham fue encontrar la ciudad
perdida de los incas, idea que lo llevó a
descubrir Machu Picchu en 1911.
Tal hallazgo hizo que el explorador estadounidense deseche
la probabilidad de que la misteriosa ciudad perdida fuera
Choquequirao. Así, esta gran ciudadela
continuó inmersa en el olvido.
Recuperación
histórica
Recién
a partir del decenio de 1960 se iniciaron los primeros
trabajos de limpieza de la zona, y el gran impulso lo
realizaron desde 1993 los expertos del Plan Copesco. Estas
obras permitieron la recuperarción de este inmenso
complejo de piedra con cientos de andenes, murallas,
habitaciones y sistemas de riego.
La ciudadela se encuentra a más de tres mil m.s.n.m.,
en el distrito de Santa Teresa, provincia de La
Convención, en Cusco (límite con
Apurímac), y ocupa mil 810 hectáreas. Al igual
que Machu Picchu, este complejo fue concebido en los
pliegues de una meseta andina, lo que facilita una
extraordinaria vista hacia la vertiente del río
Blanco, el cañón del Apurímac y el
nevado Salcantay.
La concepción urbano arquitectónica comprende
templos al sol, a la tierra, una residencia real,
depósitos, residencia para una población
permanente de agricultores y productores de bienes y
servicios, canales de riego, y fuentes rituales. Los
trabajos de recuperación detectaron casi 30 grupos
arqueológicos y restos del camino inca.
En
1986, el INC aprobó el proyecto de
restauración que permitió la
recuperación, consolidación y
restauración de varios monumentos. Estos trabajos se
ejecutaron desde mayo de 1993 hasta abril de este
año.
De esta manera, se rescataron la plaza superior (Hanan), los
depósitos (Qolqa), la plaza principal (Huaqaypata),
la plaza inferior (Hurin), el sistema de andenes de cultivo
inmediatos a la plaza principal (Chaqra Anden), la
plataforma ceremonial (Ushno) y la vivienda de los
sacerdotes en la parte baja de la colina.
En cada uno de estos monumentos se llevó adelante
trabajos de consolidación, recomposición y
restitución de muros y estructuras, previa la
eliminación de maleza, arbustos y árboles que
habían afectado sus elementos líticos.
Choquequirao es un asentamiento disperso, y aparte de
unos pocos recintos de piedra que aparecen en uno y otro
lado de las laderas que rodean al sitio, nada impide pensar
que en medio del bosque se escondan los cimientos o las
simples huellas de viviendas donde habitaran gentes del
común, en condiciones de campamento o como eventuales
visitantes. En varios puntos hay obras de ingeniería
hidráulica muy cuidadosa, expresada en una red de
acequias y una extensa red de terrazas agrícolas
dispersas en las laderas hasta casi llegar al lecho del
río Apurímac, refiere Luis Guillermo
Lumbreras.
No cabe duda, entonces, que Choquequirao resulte ser obra de
los incas y que, a diferencia de Machu Picchu, no fue
edificado por Pachacútec, sino que fue obra
atribuible a su sucesor, Túpac Inca Yupanqui. Y tal
vez, incluso, pudiera ser posterior, de los tiempos de
Huayna Cápac, que ya es el siglo XVI.
Para el historiador, esta ciudadela es un complejo incaico
diferente de Pisac, Machu Picchu u Ollantaytambo. Si bien es
cierto que cumplían funciones diferentes, es un hecho
que responden a arquitectos distintos. Los gustos y las
técnicas así lo demuestran.
Finalmente advierte Lumbreras debe mencionarse
que Choquequirao da la sensación de haber sido un
centro urbano inconcluso, parte de un gran proyecto que
quedó inconcluso.
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Maravillosa
naturaleza
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La vida natural de
Choquequirao se inicia a los cuatro mil m.s.n.m., y
es una impresionante mezcla de colores, aullidos y
sombras que pululan en las noches.
El valle es angosto y profundo. Oscila entre el
clima cálido y húmedo del valle
interandino, y el frío seco de la alta
cordillera.
La geografía de la zona, conformada por
nevados y quebradas, con presencia de ríos
torrentosos, cuenta con varios pisos
ecológicos, como los pajonales altoandinos,
los bosques enanos de altura, y la selva alta o
yunga. Esta enorme variedad posibilita la presencia
de numerosas especies de flora y fauna, que
convierten al entorno en un gran centro de
interés para la comunidad científica
internacional.
Las cumbres de las montañas de Choquequirao
son el territorio del cóndor andino, del
atoj (un zorro con apariencia de perro, con cola
chata y gorda), del zorrino, de las vizcachas, y
del puma o león de la sierra.

El ichu es el rey vegetal que domina la zona,
además de los helechos gigantes y las
orquídeas, cuya especie presenta una amplia
variedad de más de un centenar , como la
wakanki, que significa llorarás,
y la wiñay wayna, que quiere decir
siempre joven.
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HALLAZGOS
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Los vestigios
indican que la ciudadela era un centro
político, administrativo y religioso.
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