Ica, tierra de encantos naturales

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El 17 de junio, la ciudad de Ica celebra su 439° aniversario de fundación española con una serie de actividades protocolares que atrae, como antaño, a un importante número de turistas.
A comienzos del siglo XXI, algunas cosas no han cambiado, como esta porción de Patria que aún guarda tesoros arqueológicos, naturales y de propia cosecha, dignos de ser admirados por más de un visitante.


Iglesia de Cachiche
Símbolo de sus nuevos aires

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Los historiadores afirman que hace más de ocho siglos, en los predios de Santo Domingo de Paracas, se establecieron los primeros vecinos que tuvo la tierra del vino, la cachina y las mujeres guapas.
Reconocido por sus mantos Paracas y las líneas de Nasca, que dieron la vuelta al mundo cautivando a muchos arqueólogos, este departamento, donde se inicia el Sur del país, constituye una auténtica fuente de peruanidad.
Sin embargo, la historia de este departamento, fundado el 17 de junio de 1563 por el español Luis Jerónimo de Cabrera con el nombre de Villa de Valverde de Ica, no se restringe a su pasado precolombino, pues sus tierras atestiguaron el primer amago y bramido libertario dado en 1820, unos meses antes de que don José de San Martín y sus soldados de la Corriente Libertadora del Sur, desembarcaran en el puerto de Pisco.
Sí, la generosa tierra del aguardiente es más que la fiesta de la vendimia y un lugar para escapar del clima de las grandes urbes. Ubicada a sólo cuatro horas de Lima, a la altura del kilómetro 303 de la carretera Panamericana Sur, son muchos los atractivos que convierten a Ica en un lugar ideal para entrar en contacto con nuestra historia, la naturaleza y comprobar su fama de fortín vitivinícola peruano.
Para realizar un recorrido por los diferentes sitios turísticos que ofrece este departamento, el visitante tiene que trasladarse hasta la plaza de armas y recurrir a una de las agencias de viaje que ofrecen diversas alternativas de precios, de acuerdo con las exigencias de cada cliente.
Son tres los principales paquetes turísticos establecidos para apreciar los encantos de este departamento. El primero integra la laguna de la Huacachina, las campiñas y bodegas vitivinícolas, y una exploración a los enigmáticos poderes sobrenaturales en Cachiche, y ofrece, además, una visita al Museo Regional y a la hermosa iglesia del Señor de Luren.
El otro tour contempla una visita a las islas Ballestas, que incluye un paseo en deslizador durante el cual se puede divisar El Candelabro y la caprichosa formación rocosa conocida como La Catedral, bajo la cual descansan los lobos marinos. Además, el turista puede acceder a las instalaciones del museo Julio C. Tello.
La ruta arqueológica, por último, la integran museo María Reiche, el mirador de las líneas de Nasca, el acueducto de Cantalloc (que irriga parte de las tierras agrícolas de Ica), la Casa de Cerámica, el museo Antonini y el cementerio Chauchilla.
Los paquetes citadinos y el arqueológico tienen un valor de 25 soles por persona. En el caso de la travesía a las islas Ballestas el precio se eleva a 50, tarifa que incluye el traslado desde y hasta su hotel. La estadía en los hospedajes, distribuidos en diferentes puntos de la ciudad, varía entre los 30 soles y los 40 dólares por noche, de acuerdo con las estrellas que ostente el establecimiento.
Laguna de la Huacachina. Sin duda, aparte de los restos precolombinos, uno de los puntos donde coincide el turista es en “El Oasis de América”, como los iqueños llaman desde hace algunos años a este impecable espejo del desierto.
Ubicada a sólo cinco kilómetros del centro de la ciudad, este milagro de la naturaleza es un verdadero ecosistema, pues esta laguna de aguas sulfurosas, matiz verdusco y, según los lugareños, de poderes curativos, junto a una menuda pero tupida vegetación (conformada por palmeras, eucaliptos y el representativo huarango), sirven de refugio y descanso para las aves migratorias.
En ese edén, que cuenta con la vigilancia de la Policía Nacional para garantizar la seguridad de los visitantes, el turista puede pernoctar al aire libre, en las módicas estancias como la casa Rocha o, si la economía del viajero lo permite, en uno de los hoteles tradicionales allí asentados.
Un paseo en bote con remos o a pedal y la inigualable experiencia de surcar las dunas en pequeñas tablas (sunboard), son, junto al solaz y la quietud del lugar, uno de los principales atributos del inmortal estanque.

De brujas y otras especies. Cachiche, palabra que se desprende de la expresión quechua aillpa cachani (tierra salada), es otro de los puntos obligados de visita.
Este nombre que, en épocas pasadas, fue sinónimo de hechicería para muchos peruanos, albergó a un sinnúmero de mujeres, que de acuerdo con los iqueños, poseían poderes sobrenaturales utilizados –decían– para extirpar los males del cuerpo y preparar brebajes que garantizaban el amor de la pareja, entre otras santerías.
De aquella etapa pagana, sólo queda un puñado de casas de adobe y la escultura de una esbelta bruja cincelada en metal, que cuelga de un árbol en la entrada de Cachiche. Debajo de ella un epitafio advierte al visitante que se está ingresando a los dominios de las nigromantes, a la villa donde se trae de regreso al ser amado en menos de 24 horas.
Si usted se anima a viajar a la apacible ciudad de Ica le recomendamos, aparte de la experiencia turística convencional, visitar los predios que alguna vez hicieron que el nombre de este lugar cruzara las fronteras de nuestro continente. Además, por supuesto, le invitamos a degustar el indiscutible sabor de su pisco sour y, cómo no, sus tradicionales dulces de chocolate.


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La vida en BALLESTAS

 

 

 

 

 

IGLESIA DEL SEÑOR DE LUREN


 

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