Mono choro
de cola amarilla
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Lo descubrieron
hace 200 años
Huésped
emblemático del Parque Nacional Río Abiseo, enclavado en
el corazón de San Martín.
De ágiles movimientos y un tanto exhibicionista (cuando está
seguro de no correr peligro entre los humanos), el mono choro
de cola amarilla (Lagothrix flavicauda) es una especie más peruana
que el mismísimo cóndor, que vuela también en otras
alturas.
Su casi metro de altura y el vistoso mechón al final de 90 centímetros
de cola que le da el nombre no pueden ser observados más que en
nuestro territorio nacional, donde fue descubierto hace 200 años
por el humanista alemán Alexander von Humboldt.
Descrito recién en 1812, de acuerdo con la bióloga Mariella
Leo Luna, presidenta de la Asociación Peruana para la Conservación
de la Naturaleza (Apeco), esta especie (que en su momento echó
por tierra la idea de que en América no existían grandes
primates como los chimpancés) permaneció por largo tiempo
desconocida para la comunidad científica, hasta que en 1974 fue
redescubierta por el estadounidense Rusell Mittermeier y el peruano Hernando
de Macedo.
En
la actualidad es posible verlo correr, jugar y esconderse, así
como asustar a los más desprevenidos en el Parque Nacional Río
Abiseo (PNRA), lugar donde su chillido se ha unido al lamento de muchos
otros animales, de gran importancia y tremendamente vulnerables, que como
él aún le piden una tregua a la extinción.
Muchas razones para su protección
El PNRA es un pequeño gran parque (274 mil 520
hectáreas) si lo comparamos con otros, sostiene Leo Luna.
Pero es importante porque es una muestra representativa de las vertientes
orientales del norte del Perú (puna, bosques montanos y de neblina),
además de combinar increíblemente la parte biológica
con la parte cultural, agrega, mientras hace referencia al Gran
Pajatén, que se encuentra en el parque.
Conscientes
de su gran valor, expertos de la Apeco iniciaron hace algunos años
diversos proyectos en las zonas aledañas al gran parque (enclavado
en el corazón mismo del departamento de San Martín) con
el fin de aminorar el impacto que generan las poblaciones cercanas, principales
responsables del canto triste de muchos animales en el Abiseo.
Así, trabajan de manera directa con el comité de pequeños
ganaderos de la provincia de Pataz (La Libertad), para lograr reducir
el ingreso de sus animales al área reservada, los que además
de arrasar con los pastos propician la contaminación
del área, pues introducen especies foráneas en sus pezuñas,
que rompen el equilibrio natural de ese ecosistema.
Se cree que en la década de 1960, cuando hubo una gran epidemia
de aftosa en la zona, las tarucas (grandes venados que pueblan el parque
y que se encuentran también en riesgo de desaparecer) fueron diezmadas
por esta enfermedad propia de las vacas.
Frágil como la situación en que se encuentra la mayoría
de sus habitantes, el Parque Nacional Río Abiseo demanda una atención
especial, que involucre el trabajo coordinado con las comunidades cercanas,
haciendo énfasis en la generación de una conciencia ambiental,
ya que sin ella la existencia saludable del parque sería imposible.
Conscientes de esta realidad, biólogos como Mariella Leo Luna trabajan
actualmente en esta idea, con organizaciones de base (club de madres y
otras) y un gran número de docentes, a quienes se les relaciona
con el concepto de agricultura orgánica, que luego es aplicado
como herramienta pedagógica o forma de desarrollo productivo.
En la actualidad, la Apeco, que ha cumplido recientemente 20 años
de trabajo en favor de la conservación natural, colabora en el
desarrollo del Plan Maestro para el Parque Nacional Río Abiseo,
del cual se desprenderá el plan de uso público del área.
Sin duda, un importante documento que se espera esté listo a fin
de año, y con el cual podría iniciarse una nueva etapa para
el parque, en la que se brinden mayores y mejores oportunidades de vida
para sus emblemáticos huéspedes, como el peruanísimo
mono choro de cola amarilla.