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Si usted sabía
que la inaguya es una palmera
y que los nativos aprovechan
el nervio de
su hoja para preparar la saeta que debidamente envenenada
con el curare
se dispara con la pucuna, no necesita leer este libro.
Caso contrario, resulta una lectura obligada.
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Aunque
en la Selva nunca hay un silencio completo, si en un momento repentino
todo parece que queda suspendido en el aire y sobre tu hombro escuchas
tres silbidos lúgubres, no hagas movimiento alguno, quédate
totalmente quieto
¡es el tunche que está pasando!
Si te atreves a cruzar las aguas, sin amuleto o visto bueno de un brujo
autorizado, ten cuidado con el yacuruna (hombre de las aguas), que anda
suelto y al acecho de incautos navegantes. Se trata del responsable de
los oleajes fuertes o de provocar tan absorbentes remolinos. Sin duda,
quien cae en su desgracia, irremisiblemente perece.
Lo mejor es que no huyas y que te sobrepongas al espanto. Al final, el
misterio de la Selva camina o renguea con los extraños
pies del chullachaqui, cuya suerte tiene dos versiones. La primera dice
que es una especie de duende, muy pequeño, cojo, que camina al
revés, es decir, con el talón hacia delante, para que la
gente, al ver la dirección que toma su huella, quiera huir en sentido
contrario y caiga terrible y lamentablemente en sus brazos.
La otra versión discrepa en la dirección de sus pies. Señala
que tiene uno inmenso, también con el talón hacia delante,
y otro pequeño en posición normal. De esta manera, la gente
huye confiada siguiendo las huellas del pie pequeño, para terminar
en sus manos, hasta morir en una macabra y selvática agonía.
Estos
son sólo algunos relatos que recoge la impresionante obra Así
es la Selva, del misionero jesuita Avencio Villarejo, que fue publicada
en su sexta edición por el Centro de Estudios Teológicos
de la Amazonía (CETA), con el auspicio de la Empresa de Generación
Eléctrica de Lima (Edegel).
Así es la Selva es la misma, completa, redonda, sin fisuras,
casi acabado en su estructura, aunque renovada y viviente como un ser
que se transforma en el andar, se adapta al momento y mantiene su singularidad
por arte y magia del tiempo que hace que, siendo otros, seamos los mismos.
La sobria mirada castellana que quedó cautiva de este dédalo
de ríos y bosques, de tahuampas y restingas, de cuerpos de agua
fluida y tersa como los espejos de las cochas que reflejan el cielo, le
han llevado a titularla así de sencillamente, ni más ni
menos, despojada de fosforescencias y alucinaciones, manifiesta
el prólogo del director del CETA, padre Joaquín García.
El libro forma parte de la colección Monumenta Amazónica,
esfuerzo editorial del CETA, creado en 1984 con la intención de
recuperar las fuentes históricas amazónicas entre 1542 y
1922. Para ello, cuenta con la colaboración de científicos
sociales e historiadores, tanto nacionales como extranjeros.
Esta variopinta selección de obras fue clasificada en cinco grandes
series temáticas: conquistadores, misioneros, agentes gubernamentales,
científicos, y viajeros, extractores y testimonios indígenas.
Así es la Selva consta de cuatro partes: geografía, biología,
etnografía e historia. En su interior, además, contiene
un mapa satelital de la Amazonía norperuana. En sus 200 páginas
de impecable impresión, el libro está ilustrado con fotografías
de muy buena calidad y con las notas vividas por el padre Avencio Villarejo
desde su llegada a tierras amazónicas en 1934.
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Fauna
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El
Buduco relojero se alimenta de insectos y pequeños vertebrados.
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Viviendas
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Las
viviendas se levantan en la orilla del río.
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