|
.
|
|
Muchas
veces los pueblos ancestrales se han visto
retaceados o interrumpidos por falsas líneas
de división fronteriza. Así, la
ilusión del desarrollo estableció un
hito demarcatorio en el corazón de la
comunidad. Al final, terminaron enfrentados entre
hermanos, cada uno portando una bandera distinta.
Es hora de que los Estados los integren a sus
países, respetando sus propias
autonomías.
|
|
.
|
Sus
rostros son parecidos, casi idénticos. Las
vestimentas difieren en algunos detalles, pero la
moda (si es que podríamos llamarla
así) es la misma. Muchos tienen apellidos comunes, y
el parentesco de su sangre los convierte en primos,
tíos o hermanos que habitan espacios distintos, pero
cercanos.
Pero si damos una mirada más exigente, encontramos
que se diferencian en el plumaje de sus sombreros y algunos
atavíos que llevan en el uso diario. Se trata de los
pueblos shuar, achuar, wampis y awajun que habitan la zona
de frontera entre el Perú y Ecuador, cuya
demarcación fronteriza no significa una diferencia ni
en el lenguaje, ni en su ritmo de vida.
Es más, mientras el conflicto peruano-ecuatoriano de
1995 atravesaba por el momento más crítico,
estos pueblos indígenas organizaron un encuentro de
integración en París (Francia).
Allí surgió la idea de organizar encuentros
binacionales en busca de consolidar sus derechos comunes y
encontrar el camino que los condujera a una paz definitiva.
Resulta que se trata de pueblos hermanos, de una misma
raíz cultural y lingüística, separados
accidentalmente por una débil línea
fronteriza, que estaba en disputa y que intentaba ser
trazada, sin considerar su opinión ni su sistema de
vida.
Respetuosos de sus propias decisiones, el Primer Encuentro
Binacional se realizó en diciembre de 1998 en San
Juan de Morona, en el departamento de Amazonas
(Perú).
Luego de intensas reuniones, en que se logró la
presencia de una importante y representativa cantidad de
dirigentes, el certamen alcanzó varias conclusiones:
el reconocimiento de un origen lingüístico y
cultural común a los cuatro pueblos y libertad de
tránsito y comercio entre ambos países.
También acordaron la legalización de tierras
comunales y del territorio ancestral, una ley para el uso y
manejo apropiado de los recursos naturales con
participación indígena y declaración de
la zona de protección ecológica como
patrimonio ecológico de los cuatro pueblos.
Finalmente, para no quedarse rezagados en la historia,
también acordaron retomar y combinar prácticas
tradicionales con modernas, gestionar proyectos de
desarrollo sustentable, uso y conservación de los
recursos naturales en forma racional; así como la
protección de los conocimientos, prácticas
tradicionales y derechos de propiedad intelectual sobre
éstos.
El Segundo Encuentro se llevó a cabo en Sucúa,
provincia de Morona Santiago (Ecuador). A la luz de la
experiencia del camino avanzado, se decidió tomar
acuerdos en diversos asuntos, como educación, salud,
desarrollo económico e integración de las
comunidades.
Este encuentro resultó particularmente
fructífero, pues acordaron crear un sistema de
intercambio de experiencias de educación
intercultural bilingüe, firmar convenios para conseguir
becas de estudios e incluir proyectos educativos en el fondo
binacional.
En cuanto al desarrollo de sus comunidades, proyectaron
impulsar el ecoturismo y establecer programas de
reforestación, implementar el sistema de salud y el
libre tránsito entre todas las provincias
amazónicas ecuatorianas y los departamentos peruanos
de Amazonas y Loreto, con el fin de que para el
desplazamiento libre de los ciudadanos sólo se
requieran los documentos de identidad nacional, entre otros
acuerdos.

El Tercer Encuentro Binacional se realizó el 31 de
octubre del año pasado, en la comunidad de Shapiza,
provincia de Condorcanqui, departamento de Amazonas
(Perú). El certamen fue presidido por la Primera Dama
de la República del Perú y presidenta de la
Comisión Nacional de Pueblos Andinos,
Amazónicos y Afroperuanos (Conapa), Eliane Karp de
Toledo.
En esta cita, la Primera Dama invocó a las
autoridades de ambos países para que financien
proyectos binacionales y que adopten medidas urgentes para
que la presencia estatal acuda en beneficio de estas
comunidades tan olvidadas.
El Cuarto Encuentro Binacional se organizó en
Sucúa, provincia de Morona Santiago (Ecuador), desde
el miércoles hasta el sábado de la semana
pasada. El encuentro canalizó la declaración
firmada por los mandatarios de Ecuador y del Perú,
durante la Segunda Reunión de Presidentes realizada
en Guayaquil los días 26 y 27 de julio del presente
año.
En esta reunión, Gustavo Noboa Bejarano y Alejandro
Toledo Manrique suscribieron una declaración en la
que manifestaron su decisión de promover la
creación de un centro binacional, con sede en ambos
países, dedicado a la capacitación y
formación de líderes indígenas sobre
gobernabilidad, políticas públicas y
gestión de recursos en los ámbitos local,
nacional y regional.
La declaración señala que los organismos
encargados de llevar adelante esta iniciativa son el
Instituto para el Ecodesarrollo de la Región
Amazónica Ecuatoriana (Ecorae), por la parte del
país norteño; y por la Comisión
Nacional de Pueblos Andinos, Amazónicos y
Afroperuanos (Conapa) y el Instituto Nacional de Desarrollo
(Inade), por la parte peruana.
La idea de estas escuelas de gobernabilidad es que los
pobladores de las comunidades shuar, achuar, wampis y awajun
se capaciten en la práctica de las políticas
públicas de ambos países y puedan administrar
sus propios recursos.
En poco tiempo esperamos contar con maestros
bilingües formados en temas de constitucionalidad y
reforma de la Carta Magna en cuanto a los derechos
indígenas. Se ha comprometido, además, el
apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para que
se pueda financiar una gran campaña de
vacunación, que se iniciará en la provincia de
Condorcanqui, Amazonas, destacó Eliane
Karp.
Precisó también que la campaña tiene
carácter de urgencia, en tanto que los índices
de mortandad en la niñez por la hepatitis B y la
parasitosis y diversas fiebres son alarmantes.
La escuela en la parte peruana estaría ubicada en la
localidad de Sungarococha, próxima a la ciudad de
Iquitos, e instruirá, además, en temas de
desarrollo sostenible para los centros turísticos de
la zona de influencia de las comunidades fronterizas.
Para ello se tendrá que capacitar a un número
determinado de profesores, que a su vez podrán
instruir al resto de los pobladores en los temas centrales
que han trazado las escuelas de gobernabilidad.
|
.
|
|
Eliane
Karp cumplió un papel importante en el
certamen.
|
|

Ancestralmente, la llamada Cordillera del
Cóndor y su área de influencia
estuvieron habitadas por la gran nación
shuar, formada por los tsumu shuar, que viven en
las planicies; achu shuar, cerca de los moretales;
murania shuar, habitantes de las montañas; y
kanusia shuar, asentados en las riberas de los
ríos.
Los pueblos shuar, achuar, awajun y wampis
pertenecen a la gran familia
lingüística de los jíbaros. Los
achuar de la zona peruana viven en las
inmediaciones de los ríos Morona, Pastaza,
Tigre, Corrientes y Macusari, cuya población
se considera que fluctúa entre las 10 mil y
13 mil personas.
La parte ecuatoriana de los achuar vive en las
provincias Morona Santiago y Pastaza y su
población se calcula entre cuatro mil y
cinco mil habitantes. El territorio ocupado por
esta comunidad es de cuatro mil 500 metros
cuadrados y su economía está basada
en la cacería, pesca y horticultura. Desde
1996, los achuar organizaron la Federación
Interprovincial de Nacionalidad Achuar del Ecuador
(FINAE).
Por otro lado, los shuar viven en territorio
ecuatoriano y se calcula que llegan a los 40 mil
habitantes en las provincias de Zamora-Chinchipe,
Morona Santiago y en la zona sur de la provincia de
Pastaza.
Mientras que los awajun y wampis viven en los
departamentos peruanos de Amazonas, Loreto y San
Martín. La historia señala que
siempre se han asentado en zonas interfluviales y
se presume que su nombre deriva de las palabras
quechuas que quieren decir hombre
tejedor.
Su indomable espíritu belicoso los ha
mantenido siempre en guerras interétnicas
con sus vecinos, pero precisamente ese sistema de
vida les sirvió para repeler cualquier
invasión externa, para la cual formaron
alianzas coyunturales entre comunidades de la misma
zona.
|
|
.
|