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El
puma aparece tallado en varias piedras, siempre de mayor tamaño
y con la cola larga, ofreciendo una imagen de respeto y de veneración
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Tenían ganas de contar
historias, pero no contaban con la escritura. La única forma de
hacer imperecederos sus recuerdos fue tallar las ideas en piedras. Estamos
hablando de mil 500 años antes de Cristo.
En los petroglifos de San Francisco de Miculla se encuentran representadas
todas las actividades del hombre del pasado, es decir, la forma como cazaban
y sobrevivían. Se trata de una cápsula del tiempo para todo
aquel que visite este lugar.
A sólo 22 kilómetros de la ciudad de Tacna, media hora en
auto, se puede encontrar parte del pasado de esta región, considerada
dentro de la zona centro sur andina y asentada, además, bajo la
influencia de la cultura Tiahuanaco.
Situada a mil 200 metros sobre el nivel del mar, hallamos un área
aproximada de 20 kilómetros cuadrados de una impresionante concentración
de arte rupestre.
Un desierto que en su extensión y su olvido guardan recuerdos de
aquel lugareño que no encontró mejor forma de dejar su huella,
además de ser muy cuidadoso de mostrar los detalles de su vida
día a día.
Grabados hechos por el hombre en la superficie de rocas calcáreas
o de sílice rojiza de diversos tamaños, utilizando para
ello percutores de piedra para tallar figuras mediante las técnicas
del raspado.
En muchos de estos petroglifos podemos encontrar representaciones de figuras
humanas, fauna y una clara expresión del culto a la fertilidad.
Iconografía
La iconografía en las culturas prehispánicas es muy difundida,
ya que no se pudo lograr el desarrollo de una escritura formal.

Por ello, los estudios históricos han demostrado que a través
de las imágenes que dibujaban en piedras y cuevas se ilustraba
la vida cotidiana, las actividades religiosas, y los conceptos de la vida
y de la muerte.
Asimismo, se mostraba la relación hombre-medio ambiente, la creación
de dioses (su transformación y jerarquía), la posición
del hombre en el universo, y las formas y contenidos de la ideología.
No obstante, la religiosidad se convirtió en el principal generador
de la creación de símbolos e imágenes, en torno a
los cuales giraba el destino y estado de ánimo de estas poblaciones.
Una de las más importantes imágenes talladas en los petroglifos
de Miculla es, sin lugar a dudas, el Señor de las Serpientes o
Señor de las Aguas.
En ella se puede ver a una figura humanoide con los brazos extendidos
y sosteniendo en las manos algo parecido a unas serpientes, pero los estudios
dejan entrever que esta representación se relaciona con el agua
que hacía fértiles sus campos agrícolas.
Otra representación es la del puma, animal que representaba la
fuerza, el dominio, el poder y la fertilidad en las culturas de los Andes
del centro y centro-sur.
El puma aparece tallado en varias piedras, siempre de mayor tamaño
y con la cola larga, ofreciendo una imagen de respeto y de veneración.
Este dato corrobora lo que los historiadores han indicado: que los dioses
que aterraron y dominaron la ideología de las sociedades del período
formativo (2 mil a.C.200 d.C.), al que pertenecen los petroglifos
de Miculla, tuvieron rasgos acentuados de origen felino.
Armonía
El arqueólogo Jesús Gordillo Begazo menciona en su libro
de ensayos Patrimonio cultural, pensamiento andino y medio ambiente que
los petroglifos de Miculla parecen representar el equilibrio armonioso
entre el hombre y la naturaleza.
Sostiene que el hombre andino desde siempre se sintió parte del
mundo que lo rodeaba hasta lograr convivir armoniosamente con él
para satisfacer sus necesidades.
Por ello modeló actitudes, conductas y formas de ser,
tras un largo período de adaptación y experimentación,
cuando luego convive armoniosamente con su medio natural.
Esta relación (hombre y naturaleza) propició la construcción
paulatina de su cosmovisión, que más adelante definiría
el perfil de la religiosidad del mundo andino.
Los Bofedales de Ite
Si de diversidad se habla, el departamento de Tacna cuenta con una de
las zonas ecológicas de mayor envergadura en el Perú.
Se trata de los Bofedales o Pantanos de Ite, situados en la desembocadura
del río Locumba, a 96 kilómetros de la ciudad.

A esta zona se le considera como los pantanos más grandes de nuestro
país; supera en diez veces los existentes en Villa, Chorrillos.
De diez kilómetros de extensión, los Bofedales de Ite se
forman gracias a filtraciones de agua y por un proceso en el que la brisa
marina resulta fundamental.
Esta brisa no puede llegar a la Costa debido al farallón de 700
metros de altura que la distancia también del pueblo de Ite.
La brisa húmeda se queda en el ambiente y crea con ello un microclima
en el valle situado cerca del mar.
Su extensión alberga la mayor población de aves acuáticas,
entre residentes y migratorias, del extremo sur del Perú. Entre
ellas destacan los flamencos, patillos, garzas, gallinetas de agua, patos
zambullidores y parihuanas.
La flora se caracteriza por la totora, junquillo y la grama salada. En
esta zona todos los días pastan algunos animales que bajan de las
alturas.
Hace cinco años se produjo un atentado ecológico, como manifestaron
algunos ambientalistas, debido a los relaves de las minas de cobre en
Cuajone y Toquepala.
Hasta el momento se han recuperado tres kilómetros de los que se
dañaron con la contaminación, pero aún queda una
amplia zona de aproximadamente dos kilómetros por resanar.
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POR LA RUTA DEL
SOL Y DE LA BUENA VID
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Para quien piense
que sólo el norte del país, con la emblemática
playa de Máncora, era de lo mejor, tiene que darse una vuelta
por el balneario Boca del Río.
Alejada de la ciudad por 50 kilómetros, ésta puede
considerarse como una de las playas más acogedoras del sur
del Perú, con un sinnúmero de facilidades para quien
quiera pasar un tiempo allí.
En el verano, Boca del Río se convierte en uno de los lugares
más visitados y se encuentra a sólo 45 minutos de
la ciudad de Tacna.
Si quiere
saborear y adquirir los vinos y piscos de los diferentes productores
de la región, sólo tiene que seguir una ruta no muy
larga ni tan aburrida.
Representan la cosecha tan apetecida del valle Caplina, que luego
de una elaboración, ya sea industrial o tradicional, se convierte
en estos apetecidos productos.
La nueva ruta del pisco cuenta con la visita de once bodegas en
la ciudad de Tacna, nueve en el distrito de Pocollay, siete en Pachia-Calana
y el mismo número en Magollo.
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VIAS DE ACCESO
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Si
quiere visitar el departamento de Tacna, existen dos posibilidades:
una por carretera y otra por avión.
Terrestre: Lima-Tacna (mil 293 kilómetros), utilizando
la carretera Panamericana Sur, con una duración aproximada
de 18 horas en auto y cerca de 23 en ómnibus.
Aérea: Actualmente existen vuelos diarios desde Lima
hacia la Ciudad Heroica, desde donde se puede partir rumbo a los
diferentes lugares turísticos. La duración del viaje
es de una hora con 35 minutos aproximadamente.
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