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editorial
Transoceánica: primeros frutos El crecimiento del flujo vehicular en la Interoceánica constituye
una clara muestra de que los sacrificios del pasado empiezan
a rendir frutos.
A inicios de esta semana informamos que el flujo vehicular creció en un 30 por ciento en la vía, aún afirmada, que une los puertos ubicados en la costa del océano Pacífico con Puerto Maldonado e Iñapari, lo cual supone el contacto con el territorio brasileño. De este modo, apreciamos cómo las actuales autoridades actuaron con responsabilidad al plantearse la construcción de esta importante vía de comunicación, no obstante las quejas, denuncias, protestas, marchas y bloqueos que se efectuaron como consecuencia de la desconfianza y la impaciencia.
Se trabajó con seriedad y, antes de que concluya el actual gobierno, empezamos a recoger frutos del esfuerzo realizado durante los años precedentes. Tal como lo manifestamos desde esta columna en anteriores ocasiones, esta carretera se concibió para servir a los intereses de ambos pueblos y tiene, en primer lugar, la gravitante función de aproximarnos al gigante sudamericano, lo cual constituye un hecho que es a todas luces conveniente para nuestro desarrollo.
Por un lado, nuestra comunicación directa con Brasil implica un incremento de la actividad comercial bilateral que posee un mercado potencial de más de 150 millones de habitantes. Por otro lado, su flujo comercial, dirigido hacia el océano Pacífico, se convierte en el principal usuario de esta vía de comunicación, lo cual tiene indiscutibles efectos positivos para la economía peruana, debido al incremento de la actividad comercial y al consumo de los agentes económicos en ruta por el territorio nacional. Estos hechos objetivos nos permiten una reflexión de corte general: el Gobierno actual comienza a cosechar los primeros frutos de los sacrificios exigidos al pueblo peruano durante los primeros años de su gestión. Como es fácil comprender, ésta no era la única alternativa, las autoridades pudieron gastar las reservas, imponer un endeudamiento irresponsable e iniciar obras públicas y generar empleo mediante políticas financieras carentes de solidez. Ésta hubiera sido la opción de los políticos obsesionados con las encuestas.
Decidirse por la seriedad significó que las grandes mayorías no sentirían en sus bolsillos los efectos benéficos de las mejoras económicas y ello motivó que los enemigos de la democracia impulsaran campañas orientadas a quebrantar el orden constitucional; sin embargo, en la actualidad –dentro y fuera del Perú– hay entre los expertos en asuntos económicos un criterio predominante en el sentido de que, por primera vez en largas décadas, un Gobierno peruano entregará a su sucesor un país en mejores condiciones que las existentes a inicios de su período.