Av. Alfonso Ugarte 873, Lima 1 Perú
Central Telefónica (51-1) 3150400
Jefatura de Informaciones Telefax: 424-0763
sociedad
17 MIL de estas casonas y solares estÁn a punto de colapsar Existen 121 mil viviendas tugurizadas en Lima El Cidap revela que 622 mil pobladores habitan estos
inmuebles casi ruinosos
Los años no pasan en vano, ni siquiera para aquellas casonas que por mucho tiempo conservaron su esplendor, pero que debido al hacinamiento y a la falta de un mantenimiento adecuado hoy forman parte de una fea realidad: las viviendas tugurizadas que en las últimas dos décadas se incrementaron notoriamente en las principales ciudades del país, y que en el caso de Lima Metropolitana llegan a 121 mil, muchas en estado ruinoso y deplorable. El adobe, la quincha o la madera, que como debilitada estructura aún sostienen a precarias viviendas con más de 60 años, se niegan a ceder, conviviendo con el deterioro, el abandono, sus usos no apropiados y la agresión propia de agentes externos como sismos, clima.
La tugurización se ha convertido en un problema que no decrece, sino que está en aumento y que en el caso de los 621 mil 899 pobladores que habitan esos inmuebles, es una pesadilla con la que tienen que lidiar a diario, con el riesgo que esto implica, refiere con voz grave y consciente de la envergadura de la situación Silvia de los Ríos, del Centro de Investigación, Documentación y Asesoría Poblacional (Cidap).
Vulnerabilidad En su estudio de vulnerabilidad y determinación de riesgo realizado por el Instituto Nacional de Defensa Civil se desprende que solamente las casas antiguas están siendo ocupadas por el 2% de sus propietarios, el resto son inquilinos, que no realizan ninguna refacción. Eso explica porqué aquellos inmuebles evidencian una severa acción de la humedad en sus paredes y pisos, siendo una buena parte responsable el clima limeño, pero también las malas conexiones de agua y desagüe que han sido adaptadas en sus habitaciones, ya que antaño eran de "un solo caño". Esta situación ha debilitado la estructura de muchas de ellas que, siendo de adobe, las convierte en candidatas a sucumbir ante la inercia y el abandono.
El estudio del Cidap sobre 13 distritos de Lima revela un alto índice de inmuebles tugurizados en el Cercado, La Victoria, Rímac, Breña y El Agustino. El Cercado en 1981 tenía 15 mil 660 viviendas tugurizadas, en 1993 pasó a 18 mil 87, en 1999 se incrementó a 23 mil y en 2004 se calculaba que existían 27 mil 94, con tendencia al crecimiento. La Victoria, que en 1981 tenía 7,055 viviendas, en 2004 llegó a 19,370. El Rímac, de 5,890 viviendas tugurizadas en 1981 subió en 2004 a más de 19,000.
Breña es otro de los distritos con un alto índice de casas en mal estado, ya que de 4,766 que tenía en 1981, en 2004 sumó 15,722.
Los mismos distritos con viviendas tugurizadas son los que presentan altos índices de población que vive en esas condiciones. Es así que el Cercado, que en 1981 tenía 67,571 personas, en 2004 superó los 126 mil.
En La Victoria suman actualmente 105,635 personas que viven en esta situación, cifra que se triplicó, en comparación con 1981. El Rímac es donde más se incrementó este grupo poblacional: en 1981 tenía 25,486 mientras que en 2004 llegó a 103,132.
Acción concertada La especialista del Cidap demanda una acción concertada entre las instituciones públicas y la sociedad civil, que incluiría a propietarios, posesionarios e inquilinos.
De las propuestas referidas a una renovación urbana existen varias, refiere, al mencionar incluso un proyecto de ley que está a la espera de ser aprobado por el Congreso. Sin embargo, sostiene que algunos atribuyen como un cuello de botella que limitaría su ejecución, la falta de recursos y la legalidad del suelo, aunque esto último estaría a la espera de una reglamentación.
En el tema financiero, el proyecto de Ley General de Renovación Urbana plantea la existencia de un fondo nacional porque –según el Cidap– las iniciativas financieras que hoy existen en la banca privada y otros sistemas aún son exiguas y los requisitos de calificación todavía no se ajustan a la realidad social de las familias que viven en esos predios.